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miércoles, 25 de julio de 2012

Los Pactos de la Moncloa.

El fallecimiento ayer de Gregorio Peces Barba, uno de los ponentes de la Constitución, nos da ocasión de reflexionar sobre si el consenso que se alcanzó en aquella época, cuando junto a la Carta Magna se firmaron los Pactos de la Moncloa en una situación económica difícil, se podría repetir ahora.
Realmente es muy difícil con un partido que fue un completo irresponsable en la oposición (frase de Montoro a una diputada de CC cuando este partido apoyó al PSOE porque sino España de hundía: déjala que caiga que ya la levantaremos nosotros) y que lo sigue siendo en el presente. Lo ocurrido ayer con la publicación de que España, Francia e Italia exigen... desmentida de inmediato por los dos países, o aquellas declaraciones de Rajoy de que había presionado a Europa, son dos ejemplos paradigmáticos.
Y encima el presidente, que se siente como pez en el agua aplicando el programa que lleva en el ADN, es incapaz de dialogar con nadie. Ningunea a Rubalcaba cuando este le ofrece un pacto de Estado, no habla con los demás partidos, no ha recibido a los sindicatos, aunque sí a la patronal, no dialoga con las Comunidades Autónomas que no son “suyas”, desprecia el Parlamento, huye de la prensa y gobierna por decreto sin molestarse ni en explicar su política a la ciudadanía excepto en actos de su partido.
Y sin embargo una solución como aquella hubiese sido buena, aunque ahora es imposible, salvo en el dudoso caso de que el PP estuviese dispuesto ,en un plazo no muy lejano, a dar marcha atrás en sus contrarreformas y renunciar al ultraliberalismo económico y el neoconservadurismo ideológico que nos está imponiendo.
Esos pactos no evitarían tener que tomar medidas duras, pero sin duda serían distintas. Y sobre todo, tendrían otro objetivo. Serían medidas más ponderadas y mejor repartidas. Y conducirían a rebajar el déficit, por supuesto, pero diseñando un futuro de bienestar sostenido en lugar del que nos espera con este gobierno que busca un crecimiento que ni llegará, pero con un injusto reparto de la riqueza, capitales más libres pero ciudadanos sin libertades y pleno empleo, pero subempleo.
Con esos pactos los ciudadanos sabríamos el límite de los sacrificios que nos corresponderían, pero veríamos que también los asumirían solidariamente las otras capas sociales. Y veríamos un horizonte esperanzador a medio plazo lo que nos haría más llevaderas y asumibles las cargas que nos correspondiesen. Y el país se mostraría ante el exterior más fuerte y unido.

Rafa Castillo.

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