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miércoles, 23 de diciembre de 2015
Y ahora, qué?
Hasta el día 20, los ciudadanos reflexionamos sobre el destino de nuestro voto. Desde el día 20, corresponde a sus destinatarios reflexionar sobre el sentido de nuestro voto. Y eso es lo que tenemos que exigir que hagan.
Ni espero, ni me importa que lo hagan, los del pensamiento único y simple ni los de sus nuevas generaciones modernizadas. Me dirijo a los míos, al PSOE y a todos los demás que desde posiciones más próximas o más alejadas comparten la necesidad de una política más social y más de izquierda. Y los primero que les digo que es la hora de la grandeza y que sobran todos aquellos cuyo interés es el tactismo, desde fuera para comer espacio a otros partidos y desde dentro para cargarse a algún líder.
Hay en el PSOE barones y baronesas que creen que lo mejor es no pactar un gobierno de izquierda y liderar la oposición a Rajoy en espera de rentabilizar en las próximas elecciones el fracaso de un gobierno en minoría. Y se equivocan y actúan mal. Se equivocan porque su oposición pasará desapercibida en la opinión pública donde tenemos perdida la batalla ante podemos. Y porque el mínimo pacto de estado que haya que hacer, y puede que alguno haya que hacer objetivamente, dará pie a la resurrección del mensaje, simple pero efectivo, de que de nuevo gobierna el PPSOE. Y actúan mal porque si el gobierno fracasa le irá mal a España. Y, en mi opinión, si lo hacen bien conforme a sus criterios también.
Y en sentido contrario. También en Podemos están usando la calculadora de votos. A ellos si les vendría bien una repetición de elecciones. Saben que en este caso se comerían al PSOE hasta convertirlo en un partido marginal, y con sus votos se convertirían en una auténtica alternativa de gobierno. Curiosamente este mismo argumento lo utiliza al PP para presionar al PSOE para que le deje gobernar. Si se repiten las elecciones, desaparecéis.
Esta táctica de los de Pablo Iglesias se debe en gran parte a la concepción mesiánica de algunos de sus dirigentes. Solo ellos representan auténticamente a la gente y por tanto solo ellos son la solución. Así pues, mejor no pactar con los socialistas y que se repitan las elecciones. Y la prueba de que en Podemos no quieren un pacto de izquierda es donde han situado las líneas rojas. ¿En la política social o el establecimiento de impuestos progresivos? ¿En el salario mínimo, en las pensiones o en la renta social? ¿En la nacionalización de la banca o el freno a las privatizaciones? ¿En la dación en pago o el fin de los desahucios? ¿En la reforma electoral o el mandato revocable? ¿En la supresión de altos cargos o el fin de las puertas giratorias? ¿En la lucha decidida contra la corrupción o el fraude? ¿En el fin de la Monarquía y la supresión del Senado?
No. La línea roja de Podemos está ahora en el referéndum vinculante para la autodeterminación de Catalunya. Como ilustra bien la tira de Peridis en El País, “antes éramos bolivarianos, después fuimos socialdemócratas y ahora somos soberanistas”. Y se establece esta línea roja porque se sabe que es la única que no se puede aceptar. En casi todas las otras se podría negociar o podrían ser aplicadas parcial o gradualmente. Pero esta no. Porque el PSOE no está de acuerdo, porque es ilegal y porque no se podría aplicar porque el PP la recurriría.
Que no se equivoque Iglesias. Sus votantes, en la euforia de unas elecciones que les resultaron emocionantes y esperanzadoras, descontaron el tema del referéndum. Le sirvió para ganar votos en Catalunya, Euskadi e incluso en Galicia. Pero nadie en Murcia, Cáceres o Málaga le votó por el referéndum. Le votaron a pesar de él. Pero no le perdonarán que pierda una oportunidad de cambiar la política de este país por mostrarse más soberanista que Oriol Junqueras. Y el importante capital de votos que atesora puede desvanecerse si deja pasar, por cálculo estratégico esta oportunidad.
Pero, volviendo a los míos. Lo primero es decir que los míos deberían pensar en los nuestros. Digan lo que digan los barones, baronesas y algunos otros que dan la Vara, los votantes no nos dieron el mandato de estar en la oposición. Nuestros votantes nos votaron para que gobernemos, para que transformemos la sociedad, para que revirtamos este austericidio y para recuperar el estado de bienestar y la justicia social.
Y si no tuvimos más votos (en las dos últimas elecciones perdimos más de cinco millones) habrá que ver hacia donde se escaparon. ¿Hacia el PP? Evidentemente no. Se han ido, guste o no, hacia Podemos. Por tanto no los recuperaremos facilitando la investidura de Rajoy o propiciando nuevas elecciones, en las que nuestro castigo será aún mayor. Volverán a nosotros si ven claro que hemos entendido el mensaje y ponemos toda la carne en el asador para hacer lo que quieren que hagamos, para hacer lo que tenemos que hacer.
Muchas encuestas y sondeos dicen que el 50% de los ciudadanos quieren un gobierno de coalición de PSOE y Podemos. ¿Son muchos o pocos? ¡Son los nuestros! La otra mitad son los que apoyan a la derecha. Y esto tenemos que verlo claro tanto los rojos como los morados.
Por eso la solución inteligente es un buen pacto, y la buena solución es un pacto inteligente. Y un pacto inteligente es enmarcarlo en el eje adecuado, que no es el soberanista, sino el de derecha izquierda. Y planteado así, será Podemos quien tenga la palabra y diga si quiere que haya o no un cambio real en este país.
Nosotros sabemos, y ellos también, que no es posible una solución a la griega. Es inviable y solo generaría frustración social. Pero como decíamos hace años, “menos mal que nos queda Portugal”. Si en 1974 buscábamos con interés si algún general español usaba monóculo, como el general Spínola de la Revolución de los claveles, hoy tenemos que mirar como línea a seguir el nuevo gobierno portugués. El gobierno de los avances posibles, de mejoras lentas, pero seguras y firmes. Y mejor que con apoyos externos, un gobierno de coalición. Un gobierno de coalición PSOE Podemos e incluso IU, y si es posible con apoyo de los nacionalistas.
Un gobierno con amplitud de objetivos en avances sociales pero que haga cambios realistas en función de los límites que permite la coyuntura. Y un acuerdo parlamentario para crear una ponencia constitucional que estudie la necesaria reforma de la Constitución.
Y no caigamos en la trampa de las derechas de este país. El interés general de España no lo definen ellos. No son los únicos intérpretes de lo que es bueno para el país. Lo decide la sociedad cuando vota y se expresa en la proporción del voto, y todas las opciones, gusten o no, son igual de legítimas. Y, digan lo que digan, se puede pactar hasta con los independentistas. Claro que no pactar la independencia. Pero si se les puede poner en la tesitura de decidir si apoyan un gobierno de progreso social y una reforma constitucional que blinde los derechos sociales y que amplíe, ¿Por qué no? Los ámbitos de autonomía. Y ellos dirán si sí o si no.
Somos náufragos en un bote salvavidas. Tenemos diferencias, pero tenemos que aplazarlas momentáneamente por legítimas que sean, y remar juntos hacia la orilla del progreso social.
Por eso, yo que en las primarias de partido voté en contra de Pedro Sánchez, le doy ahora el máximo apoyo para intentar un gobierno de progreso. Con todos los que quieran unirse. Excepto las rancias derechas del PP y Ciudadanos, por supuesto.
Rafa Castillo.
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
Españoles al 3%
Hay quien pretende renunciar a España, pero en el fondo es más español que la tortilla de patatas. Y es que si algo representa en literatura lo español, es la novela picaresca. De una de sus obras cumbres, El Lazarillo de Tormes, destaco la siguiente escena.
Al ciego a que Lázaro guiaba le regalaron un racimo de uvas. Acordaron compartirlas e ir comiéndolas cogiendo cada vez una cada uno. La escena remata como sigue:
“Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego del segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como ví que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:
-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.
-No comí- dije yo -; mas, ¿por qué sospecháis eso?... Respondió el sagacísimo ciego:
-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.”
Y ahí está el problema. No solo en que la Familia (la de don Vito Pujol) recibiese los tres por ciento de cada obra o adjudicación. El coste para los ciudadanos, catalanes y españoles, es mucho mayor. Las empresas no hacen donativos altruistas. Los hacen siempre con un fin. Tal vez si en las licitaciones ofreciesen una rebaja del precio del 3% resultarían adjudicatarias. Pero no. Dan ese 3% al pícaro de turno porque así pueden contratar sin rebajas obteniendo beneficios muy por encima de los que resultarían en condiciones normales. Y las obras se licitan caras y se encarecen después con reformados de proyectos que incrementan los costes que todos pagamos. Y si, como parece, las comisiones aumentan y llegan al 5 o 6%, que nadie dude de que el beneficio neto de la empresa crece en esa proporción.
Y ello porque esta derecha típicamente española, se llame PP o Convergencia, habla del liberalismo como el mejor de los sistemas, y de la gestión privada de los servicios públicos como el sistema más eficaz. Y si es eficaz. Eficaz para enriquecer a sus amigos y comer las migajas que caen de sus mesas.
Porque, al final, como siempre, lo peor no es ya lo que roban, sino el daño colateral que producen.
Rafa Castillo.
Al ciego a que Lázaro guiaba le regalaron un racimo de uvas. Acordaron compartirlas e ir comiéndolas cogiendo cada vez una cada uno. La escena remata como sigue:
“Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego del segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como ví que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:
-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.
-No comí- dije yo -; mas, ¿por qué sospecháis eso?... Respondió el sagacísimo ciego:
-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.”
Y ahí está el problema. No solo en que la Familia (la de don Vito Pujol) recibiese los tres por ciento de cada obra o adjudicación. El coste para los ciudadanos, catalanes y españoles, es mucho mayor. Las empresas no hacen donativos altruistas. Los hacen siempre con un fin. Tal vez si en las licitaciones ofreciesen una rebaja del precio del 3% resultarían adjudicatarias. Pero no. Dan ese 3% al pícaro de turno porque así pueden contratar sin rebajas obteniendo beneficios muy por encima de los que resultarían en condiciones normales. Y las obras se licitan caras y se encarecen después con reformados de proyectos que incrementan los costes que todos pagamos. Y si, como parece, las comisiones aumentan y llegan al 5 o 6%, que nadie dude de que el beneficio neto de la empresa crece en esa proporción.
Y ello porque esta derecha típicamente española, se llame PP o Convergencia, habla del liberalismo como el mejor de los sistemas, y de la gestión privada de los servicios públicos como el sistema más eficaz. Y si es eficaz. Eficaz para enriquecer a sus amigos y comer las migajas que caen de sus mesas.
Porque, al final, como siempre, lo peor no es ya lo que roban, sino el daño colateral que producen.
Rafa Castillo.
domingo, 8 de noviembre de 2015
El saben aquel que diu...
El saben aquel que diu…? Así empezaba los chistes aquel humorista siempre serio, siempre de negro con su cigarrillo y cubalibre con naranja. Y hoy me viene a la memoria uno de sus chistes que paso a resumir.
Se trataba de un aprendiz de barbero que afeitaba un cliente. Le hizo varios cortes, y tras cada uno el jefe le arrojaba algo (el jabón, las tijeras, un taburete…) el mozo se agachaba y los objetos impactaban en el cliente. Finalmente le cortó una oreja de cuajo y el cliente le dijo: písala nen, que no la vea aquel señor!
Viene esto a cuento da casos de actualidad como el de la Volkswagen u otros recientes como cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia descubre fraude en los precios de eléctricas o petroleras por acuerdo entre las empresas.
Todos estos fraudes tienen como primera consecuencia un rápido aumento en las ganancias de la empresa. Ganancias que se traducen en suculentos ingresos para los gestores y los grandes accionistas. Pero el problema para los demás empieza cuando se descubren. Se sanciona a las empresas. Los directivos siguen cobrando o dimiten llevando consigo una importante indemnización. Y para pagar la sanción las empresas recortan las inversiones, despiden al personal o, sin necesidad ya de ponerse de acuerdo, suben los precios para pagar la sanción sin perder dinero.
La mayor condena que se le podía hacer a un ciudadano de las polis griegas era la condena al ostracismo. Desaparecer de la sociedad y perder los derechos ciudadanos. Ser condenado al olvido. Y eso había que hacer con esa clase empresarial desalmada que no duda en multiplicar sus beneficios sin tener en cuenta las nefastas consecuencias que sus acciones causan a la sociedad que les permite desarrollarse. Sin temor a ser criticado por exagerado, lo que algunos practican es un auténtico terrorismo social. Terrorismo que destruye las escasas pertenencias de los ciudadanos y que pone en quiebra toda la estructura social. Que no mata con bombas, pero si con miseria.
Por eso es necesario un cambio legislativo que haga que las malas prácticas empresariales las paguen no las empresas sino los gestores que las practican y quienes se benefician de ellas. Y si un ciudadano puede ser desahuciado de su casa por no poder (ojo, no por no querer) pagar la hipoteca, e incluso se le puede embargar parte del sueldo, ¿por qué no se va a poder desahuciar de sus riquezas y pingües beneficios a quien roba a la sociedad? Y de paso a los que se enriquecen con la corrupción, la otra lacra social que nos empobrece a todos.
Se dirá que no es fácil, que tendrán sus bienes a nombre de testaferros. Bien. Pues que no puedan usarlos. Que, como condenados al ostracismo, se les prive la posibilidad de que los testaferros les presten el uso de los bienes a su nombre. Si alguien les “presta” un chalet de lujo o un cochazo… expropiado. Si comen en un restaurante de alta categoría… de patitas en la calle y a comer hamburguesas. Que no puedan disfrutar en absoluto de lo robado. Que a nadie le merezca la pena volver a hacerlo.
Y mientras, mientras no se tomen medidas de este tipo, por favor, que no se investiguen los fraudes, que nos será peor.
Pisa la oreja, nen, que no la vea aquel señor.
RaFa Castillo.
Se trataba de un aprendiz de barbero que afeitaba un cliente. Le hizo varios cortes, y tras cada uno el jefe le arrojaba algo (el jabón, las tijeras, un taburete…) el mozo se agachaba y los objetos impactaban en el cliente. Finalmente le cortó una oreja de cuajo y el cliente le dijo: písala nen, que no la vea aquel señor!
Viene esto a cuento da casos de actualidad como el de la Volkswagen u otros recientes como cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia descubre fraude en los precios de eléctricas o petroleras por acuerdo entre las empresas.
Todos estos fraudes tienen como primera consecuencia un rápido aumento en las ganancias de la empresa. Ganancias que se traducen en suculentos ingresos para los gestores y los grandes accionistas. Pero el problema para los demás empieza cuando se descubren. Se sanciona a las empresas. Los directivos siguen cobrando o dimiten llevando consigo una importante indemnización. Y para pagar la sanción las empresas recortan las inversiones, despiden al personal o, sin necesidad ya de ponerse de acuerdo, suben los precios para pagar la sanción sin perder dinero.
La mayor condena que se le podía hacer a un ciudadano de las polis griegas era la condena al ostracismo. Desaparecer de la sociedad y perder los derechos ciudadanos. Ser condenado al olvido. Y eso había que hacer con esa clase empresarial desalmada que no duda en multiplicar sus beneficios sin tener en cuenta las nefastas consecuencias que sus acciones causan a la sociedad que les permite desarrollarse. Sin temor a ser criticado por exagerado, lo que algunos practican es un auténtico terrorismo social. Terrorismo que destruye las escasas pertenencias de los ciudadanos y que pone en quiebra toda la estructura social. Que no mata con bombas, pero si con miseria.
Por eso es necesario un cambio legislativo que haga que las malas prácticas empresariales las paguen no las empresas sino los gestores que las practican y quienes se benefician de ellas. Y si un ciudadano puede ser desahuciado de su casa por no poder (ojo, no por no querer) pagar la hipoteca, e incluso se le puede embargar parte del sueldo, ¿por qué no se va a poder desahuciar de sus riquezas y pingües beneficios a quien roba a la sociedad? Y de paso a los que se enriquecen con la corrupción, la otra lacra social que nos empobrece a todos.
Se dirá que no es fácil, que tendrán sus bienes a nombre de testaferros. Bien. Pues que no puedan usarlos. Que, como condenados al ostracismo, se les prive la posibilidad de que los testaferros les presten el uso de los bienes a su nombre. Si alguien les “presta” un chalet de lujo o un cochazo… expropiado. Si comen en un restaurante de alta categoría… de patitas en la calle y a comer hamburguesas. Que no puedan disfrutar en absoluto de lo robado. Que a nadie le merezca la pena volver a hacerlo.
Y mientras, mientras no se tomen medidas de este tipo, por favor, que no se investiguen los fraudes, que nos será peor.
Pisa la oreja, nen, que no la vea aquel señor.
RaFa Castillo.
jueves, 15 de octubre de 2015
Presionar a los jueces
El esperpento de sobreactuaciones a que nos están habituando los ultranacionalistas Artur Mas y Mariano Rajoy los lleva a adoptar medidas innecesarias o con intenciones ocultas.
Hacía un año que estaban anunciadas las elecciones “plebiscitarias”, pero Rajoy esperó a la inmediatez de la campaña electoral (la de las Generales, por supuesto) para hacer, cara a la galería, una innecesaria reforma de la Ley del Tribunal Constitucional. Innecesaria como demuestra la imputación de Mas y sus consejeras.
No hizo en cambio una reforma que hubiese tenido más calado. Modificar el Código Civil estableciendo, en los términos legales oportunos, que la adquisición de la nacionalidad de un nuevo Estado implica la renuncia a la española. Pero Rajoy, y sus asesores, non dan para más.
El debate de estos días es si el acompañamiento a los imputados que van a declarar es o no una presión a los tribunales. Y yo creo que sí. Pero no, como es opinión mayoritaria, para que no les condenen, sino todo lo contrario. Para que los jueces “resistiendo la presión” condenen al President. Al fin Artur Mas sabe que el proceso no tiene más recorrido, y esto le permite una salida como héroe patrio. Y además, el día del asesinato de Companys. Quien puso la fecha se lució.
El propio Artur Mas colabora a la presión yendo a declarar a la Audiencia en lugar de hacer la declaración desde su despacho, como haría en otras circunstancias. ¿Irá a la Audiencia si tiene que declarar en el caso Pujol o algún otro de corrupción de su partido? Apuesto que no. En esos casos no hará el paseíllo. Pero ahora conviene.
Porque si no hubiese esa presión está claro que el President y sus consellers no serían procesados. Realizado el trámite de declaración el caso se hubiese cerrado. Ni los propios fiscales veían en esto un caso. Fue solo la impresentable presión del gobierno de Rajoy sobre el Fiscal General del Estado la que hizo posible que este caso existiese.
Y es que, cuando hablamos de presionar a la justicia, hay que fijarse bien en todos los que presionan.
Rafa Castillo.
Hacía un año que estaban anunciadas las elecciones “plebiscitarias”, pero Rajoy esperó a la inmediatez de la campaña electoral (la de las Generales, por supuesto) para hacer, cara a la galería, una innecesaria reforma de la Ley del Tribunal Constitucional. Innecesaria como demuestra la imputación de Mas y sus consejeras.
No hizo en cambio una reforma que hubiese tenido más calado. Modificar el Código Civil estableciendo, en los términos legales oportunos, que la adquisición de la nacionalidad de un nuevo Estado implica la renuncia a la española. Pero Rajoy, y sus asesores, non dan para más.
El debate de estos días es si el acompañamiento a los imputados que van a declarar es o no una presión a los tribunales. Y yo creo que sí. Pero no, como es opinión mayoritaria, para que no les condenen, sino todo lo contrario. Para que los jueces “resistiendo la presión” condenen al President. Al fin Artur Mas sabe que el proceso no tiene más recorrido, y esto le permite una salida como héroe patrio. Y además, el día del asesinato de Companys. Quien puso la fecha se lució.
El propio Artur Mas colabora a la presión yendo a declarar a la Audiencia en lugar de hacer la declaración desde su despacho, como haría en otras circunstancias. ¿Irá a la Audiencia si tiene que declarar en el caso Pujol o algún otro de corrupción de su partido? Apuesto que no. En esos casos no hará el paseíllo. Pero ahora conviene.
Porque si no hubiese esa presión está claro que el President y sus consellers no serían procesados. Realizado el trámite de declaración el caso se hubiese cerrado. Ni los propios fiscales veían en esto un caso. Fue solo la impresentable presión del gobierno de Rajoy sobre el Fiscal General del Estado la que hizo posible que este caso existiese.
Y es que, cuando hablamos de presionar a la justicia, hay que fijarse bien en todos los que presionan.
Rafa Castillo.
martes, 13 de octubre de 2015
El testamento de Rajoy
Ya desde el año 1996 hasta por lo menos el 2000, José María Aznar y su superministro del milagro económico Rodrigo Rato aludían constantemente a la herencia recibida de Felipe González para justificar los recortes que entonces establecieron.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
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miércoles, 23 de septiembre de 2015
Hay que repetir las elecciones catalanas.
Ya sé que aún no se celebraron las elecciones, y no escribo este artículo pensando en publicarlo después del 27. Tampoco me he vuelto loco. Pero desde ya estoy convencido de que hay que repetir las elecciones catalanas.
Y baso esa opinión en que, estando seguro de que el 99% de los catalanes saben lo que quieren votar, idéntico porcentaje no sabe lo que vota. Es decir, votarán con el corazón pero totalmente aislados de la razón.
Así como el que no quiere, pero queriendo, Artur Mas convoca unas elecciones autonómicas que no son autonómicas. Que no son oficialmente plebiscitarias pero las considera como tales, pero al mismo tiempo un plebiscito en el que no se cuentan votos sino escaños y en el que una mayoría de un escaño, que no podría cambiar una coma del Estatut, puede derogarlo.
Y, como aquí se trata de que piensen las vísceras, anima a los catalanes a votar la independencia de una Catalunya, que por el hecho de serlo se convertirá en la Arcadia feliz, la nueva jauja del siglo XXI, donde desaparecerá el paro, aumentarán sueldos y pensiones y hasta se acabará, así porque sí, la violencia de género. No nos extrañe que en lo que queda de campaña acabe emulando a Moisés y nos diga que el Ter será de leche y el Llobregat de miel. Pero ni una sombra de problemas para el nuevo estado y sus ciudadanos.
Y por el otro lado tenemos al PP que también convierte en plebiscitarias las elecciones y se oferta como única alternativa para preservar la unidad de España. Pero la costumbre de Rajoy de ponerse de perfil ante los problemas lo llevó a ignorar la situación hasta el último momento y no abrir un debate sosegado sobre las consecuencias de la situación. De modo, que ahora, cuando se hacen análisis serios sobre los problemas, suenan a simples amenazas por llegar tarde y mal. Claro que puede que los populares lo que busquen sea suplir el recurso a ETA de pasadas elecciones por el de la independencia para así garantizarse las elecciones generales en las que ya no se hablará de crisis, paro y pérdida de derechos, sino de la unidad de España.
Y además, todas las razonables advertencias que se hacen acaban de ser echadas por tierra por el ínclito Mariano. El número uno en la carrera de derecho y las oposiciones a registrador se presenta a una entrevista (cuanto mejor le hubiera ido en el plasma) sin saberse la lección, y toda su carrera y su “defensa” de la Constitución no le sirven para saber que nadie puede ser privado de su nacionalidad española de origen. Al final Marianico no tiene plan B. Ni plan A.
Y claro, como a río revuelto ganancia de pescadores, esta metedura de pata garrafal del presidente la aprovechan los independentistas para descalificar toda la argumentación sobre las consecuencias no deseadas de la declaración unilateral de independencia. Y mienten de nuevo.
Porque aunque los catalanes sigan siendo españoles, Catalunya no lo será, ni tampoco será europea. La cuestión es si los catalanes, para seguir siendo españoles tendrán que renunciar a ser catalanes. Si España no reconoce al Estado Catalán, no habrá convenio de doble nacionalidad. Entonces, si un ciudadano adquiere la nacionalidad catalana, ¿debe entenderse que renuncia a la española? Cito solo, sin entrar en su análisis que dejo a más entendidos, el segundo párrafo del artículo 24.1 del Código Civil: La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal no es bastante para producir, conforme a este apartado, la pérdida de la nacionalidad española de origen. Luego, a sensu contrario…
Ahora bien. Los elementos que definen un Estado (que no es lo mismo que una Nación) son el territorio, la población y el poder. Y es posible que el pretendido nuevo estado carezca de uno de sus elementos definidores, la población.
En efecto, la eventualidad de perder la ciudadanía española y el estatus de ciudadano europeo, puede llevar a la mayoría de los catalanes a no solicitar esa nacionalidad. Curiosamente, como españoles residentes en el extranjero podrían votar en las elecciones españolas, pero no en las catalanas. Mantendrían el estatus de ciudadanos europeos que no tiene ningún valor en países no comunitarios, como en este caso Catalunya. Y serían extranjeros en su propio estado.
Al final Catalunya sería un estado poblado por siete millones y medio de extranjeros y tres ciudadanos catalanes. Oriol Junqueras por convencimiento. Artur Mas porque tan desbocado ya no sabe a dónde va. Y Jordi Pujol que se apuntará a ver si con la proclamación del nuevo estado le dan una amnistía.
Rafa Castillo.
Y baso esa opinión en que, estando seguro de que el 99% de los catalanes saben lo que quieren votar, idéntico porcentaje no sabe lo que vota. Es decir, votarán con el corazón pero totalmente aislados de la razón.
Así como el que no quiere, pero queriendo, Artur Mas convoca unas elecciones autonómicas que no son autonómicas. Que no son oficialmente plebiscitarias pero las considera como tales, pero al mismo tiempo un plebiscito en el que no se cuentan votos sino escaños y en el que una mayoría de un escaño, que no podría cambiar una coma del Estatut, puede derogarlo.
Y, como aquí se trata de que piensen las vísceras, anima a los catalanes a votar la independencia de una Catalunya, que por el hecho de serlo se convertirá en la Arcadia feliz, la nueva jauja del siglo XXI, donde desaparecerá el paro, aumentarán sueldos y pensiones y hasta se acabará, así porque sí, la violencia de género. No nos extrañe que en lo que queda de campaña acabe emulando a Moisés y nos diga que el Ter será de leche y el Llobregat de miel. Pero ni una sombra de problemas para el nuevo estado y sus ciudadanos.
Y por el otro lado tenemos al PP que también convierte en plebiscitarias las elecciones y se oferta como única alternativa para preservar la unidad de España. Pero la costumbre de Rajoy de ponerse de perfil ante los problemas lo llevó a ignorar la situación hasta el último momento y no abrir un debate sosegado sobre las consecuencias de la situación. De modo, que ahora, cuando se hacen análisis serios sobre los problemas, suenan a simples amenazas por llegar tarde y mal. Claro que puede que los populares lo que busquen sea suplir el recurso a ETA de pasadas elecciones por el de la independencia para así garantizarse las elecciones generales en las que ya no se hablará de crisis, paro y pérdida de derechos, sino de la unidad de España.
Y además, todas las razonables advertencias que se hacen acaban de ser echadas por tierra por el ínclito Mariano. El número uno en la carrera de derecho y las oposiciones a registrador se presenta a una entrevista (cuanto mejor le hubiera ido en el plasma) sin saberse la lección, y toda su carrera y su “defensa” de la Constitución no le sirven para saber que nadie puede ser privado de su nacionalidad española de origen. Al final Marianico no tiene plan B. Ni plan A.
Y claro, como a río revuelto ganancia de pescadores, esta metedura de pata garrafal del presidente la aprovechan los independentistas para descalificar toda la argumentación sobre las consecuencias no deseadas de la declaración unilateral de independencia. Y mienten de nuevo.
Porque aunque los catalanes sigan siendo españoles, Catalunya no lo será, ni tampoco será europea. La cuestión es si los catalanes, para seguir siendo españoles tendrán que renunciar a ser catalanes. Si España no reconoce al Estado Catalán, no habrá convenio de doble nacionalidad. Entonces, si un ciudadano adquiere la nacionalidad catalana, ¿debe entenderse que renuncia a la española? Cito solo, sin entrar en su análisis que dejo a más entendidos, el segundo párrafo del artículo 24.1 del Código Civil: La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal no es bastante para producir, conforme a este apartado, la pérdida de la nacionalidad española de origen. Luego, a sensu contrario…
Ahora bien. Los elementos que definen un Estado (que no es lo mismo que una Nación) son el territorio, la población y el poder. Y es posible que el pretendido nuevo estado carezca de uno de sus elementos definidores, la población.
En efecto, la eventualidad de perder la ciudadanía española y el estatus de ciudadano europeo, puede llevar a la mayoría de los catalanes a no solicitar esa nacionalidad. Curiosamente, como españoles residentes en el extranjero podrían votar en las elecciones españolas, pero no en las catalanas. Mantendrían el estatus de ciudadanos europeos que no tiene ningún valor en países no comunitarios, como en este caso Catalunya. Y serían extranjeros en su propio estado.
Al final Catalunya sería un estado poblado por siete millones y medio de extranjeros y tres ciudadanos catalanes. Oriol Junqueras por convencimiento. Artur Mas porque tan desbocado ya no sabe a dónde va. Y Jordi Pujol que se apuntará a ver si con la proclamación del nuevo estado le dan una amnistía.
Rafa Castillo.
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domingo, 20 de septiembre de 2015
Es esta la mano invisible del mercado?
A veces una noticia te puede hacer pensar: Qué bien! Al fin se toman medidas.
Eso me pasó al ver en la edición digital esta noticia http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2015/09/20/competencia-revela-marcas-coches-amanaron-precios-durante-9-anos/0003_201509G20P41991.htm
Pero luego piensas, le das dos vueltas, analizas y ves que es algo terrible.
Claro. Piensas, estas 21 empresas que ganaron más de lo debido pactando precios durante 9 años van a llevar su merecido. Y van a pagar 171 millones de multa. Y sí, pero no.
Esa multa no devolverá ni un euro l los cinco millones de ciudadanos que compraron un coche en esos años. Pagaron un precio por encima de lo que marca el sacrosanto mercado, pero este no les devolverá nada.
(Permítaseme un inciso. No os da la impresión con estos del liberalismo y el mercado que nos pasa como con las iglesias y religiones? Nos imponen un dogma, pero al final ellos no lo respetan. Los religiosos anatemizan el sexo, pero luego, algunos, ejercen hasta la pederastia. Los gurús económicos reniegan del Estado hasta que necesitan un rescate.)
Volvamos a los coches. Está claro ya que quienes compraron un vehículo por encima del precio del mercado no recuperarán ni un “duro”. Pero al menos tendrán el consuelo moral de que las empresas los beneficiarán con una millonaria multa al erario común. Craso (nunca mejor dicho, craso=rico) error.
Cierto que las empresas pagarán la multa (o no!). Pero que implicará eso? Al final que los próximos 500.000 coches que se vendan serán 342€ más caros. La multa irá a la cuenta de resultados y se aplicará, esta vez sin necesidad de pacto, a los precios del producto.
Y es que manteniendo la cuenta de resultados, los culpables, ejecutivos de empresa y miembros de los consejos de administración, mantendrás sus beneficios, sus primas y sus cláusulas de rescisión. La empresa al final del proceso seguirá teniendo ganancias y retribuirá (no hasta la obscenidad sino hasta la pura pornografía) a los buenos gestores que dan tan buenos beneficios.
Igual que el dolo es un agravante en un robo (común) o un asesinato, ¿cúando legislaremos que el dolo en la gestión de grandes empresas, el enriquecimiento ilícito o el fraude al mercado sea un delito personal de sus causantes?
Rafa Castillo.
Eso me pasó al ver en la edición digital esta noticia http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2015/09/20/competencia-revela-marcas-coches-amanaron-precios-durante-9-anos/0003_201509G20P41991.htm
Pero luego piensas, le das dos vueltas, analizas y ves que es algo terrible.
Claro. Piensas, estas 21 empresas que ganaron más de lo debido pactando precios durante 9 años van a llevar su merecido. Y van a pagar 171 millones de multa. Y sí, pero no.
Esa multa no devolverá ni un euro l los cinco millones de ciudadanos que compraron un coche en esos años. Pagaron un precio por encima de lo que marca el sacrosanto mercado, pero este no les devolverá nada.
(Permítaseme un inciso. No os da la impresión con estos del liberalismo y el mercado que nos pasa como con las iglesias y religiones? Nos imponen un dogma, pero al final ellos no lo respetan. Los religiosos anatemizan el sexo, pero luego, algunos, ejercen hasta la pederastia. Los gurús económicos reniegan del Estado hasta que necesitan un rescate.)
Volvamos a los coches. Está claro ya que quienes compraron un vehículo por encima del precio del mercado no recuperarán ni un “duro”. Pero al menos tendrán el consuelo moral de que las empresas los beneficiarán con una millonaria multa al erario común. Craso (nunca mejor dicho, craso=rico) error.
Cierto que las empresas pagarán la multa (o no!). Pero que implicará eso? Al final que los próximos 500.000 coches que se vendan serán 342€ más caros. La multa irá a la cuenta de resultados y se aplicará, esta vez sin necesidad de pacto, a los precios del producto.
Y es que manteniendo la cuenta de resultados, los culpables, ejecutivos de empresa y miembros de los consejos de administración, mantendrás sus beneficios, sus primas y sus cláusulas de rescisión. La empresa al final del proceso seguirá teniendo ganancias y retribuirá (no hasta la obscenidad sino hasta la pura pornografía) a los buenos gestores que dan tan buenos beneficios.
Igual que el dolo es un agravante en un robo (común) o un asesinato, ¿cúando legislaremos que el dolo en la gestión de grandes empresas, el enriquecimiento ilícito o el fraude al mercado sea un delito personal de sus causantes?
Rafa Castillo.
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