Lo propuso la derecha de ciudadanos para hacerse un sitio en la política española después de su fiasco electoral y lo desea la derecha del PP como única opción de formar gobierno. El pacto “constitucional” entre PP, PSOE y Ciudadanos para gobernar España frente a las veleidades de “los partidos que quieren romper el país”. Y para que no nos acusen de un nuevo “pacto del Tinell”, voy a mostrarme favorable a ese pacto. Lo explico.
Lo primero es ver lo que nos une en acción política con ambas derechas.
Naturalmente, la defensa de la Constitución, por supuesto. Pero hecho el enunciado, ¿coincidimos realmente? Nuestras derechas hacen una defensa estática de la Constitución, que nada cambie. La Constitución es sagrada, como las tablas de la ley, y no debe tocarse. Nosotros hacemos una defensa dinámica de la Constitución. Nuestra Carta Magna es la mejor de nuestra historia y fue la mejor que pudo lograrse en aquellos tiempos en que, recordemos, veníamos de una dictadura y aún no estábamos libres de un golpe de estado. Fue buena y nos sirvió para llegar hasta aquí. Pero la sociedad ha evolucionado y exige que el marco de convivencia se adapte a ella. Lo malo es que su renovación es difícil si el PP se opone. La blindamos en su día para impedir su marcha atrás y ahora ese blindaje hace imposible su avance. Sobre esto habrá también que reflexionar.
Nos una también la defensa de la unidad de España, por supuesto. Pero, ¿de la misma manera? PP y Ciudadanos quieren una defensa de la unidad manu militari, unilateralmente impuesta. Quieren un matrimonio entre los pueblos de España como los de antes, indisoluble hasta que la muerte nos separe. Y por eso quieren un ejecutivo fuerte basado en este principio. Para tomar medidas ejecutivas contra los intentos secesionistas. ¿Incluso militares?
Nosotros somos más partidarios del matrimonio moderno. Tu pareja no es tuya para siempre por el hecho de casarte. Has de ganártela día a día superando los problemas de convivencia. Tienes que hacer atractivo para tu conyugue seguir viviendo contigo. Tienes que lograr que te siga deseando. Hay que mejorar el encaje de todos los pueblos en el país.
Pero habría que empezar por aclarar que es un gobierno y para que se forma. Porque los temas anteriores no son temas de gobierno, sino de Parlamento. Y para coincidir en el Parlamente no hace falta gobernar juntos. Para eso están los pactos de estado.
Gobernar es buscar la solución a los problemas del país, de los ciudadanos. Y ahí es donde debemos poner las condiciones para ese pretendido pacto de gobierno del PSOE con las derechas españolas.
¿Están dispuestos a derogar la Ley Wert? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a la gratuidad de la justicia? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a hacer la sanidad universal? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la religión del currículum escolar y reponer la educación para la ciudadanía u otra asignatura que contemple el respeto, la convivencia y la integración social? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la reforma de la ley del aborto y el recurso de inconstitucionalidad contra la ley Zapatero? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a cambiar sus políticas económicas buscando la competitividad por la calidad y la inversión en vez de por la devaluación salarial? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a una política fiscal más redistributiva aumentando los impuestos progresivos y reduciendo las tasas y copagos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a reducir el IVA de los bienes de máxima necesidad y aumentar el que grave los productos de lujo o suntuarios? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a que la deuda surgida de la crisis y la inversión necesaria para la recuperación la paguen en mayor medida los que más tienen? Se puede pactar. ¿Están dispuestos realmente a mantener, recuperar y ampliar el Estado de bienestar? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la integración social europea? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a mejorar las políticas de cooperación internacional y buscar una solución digna a los problemas de la migración? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a impulsar un orden internacional más justo? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la desaparición de los paraísos fiscales? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a frenar la deriva del capitalismo salvaje, controlar la especulación financiera y regular la globalización? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a establecer sanciones disuasorias contra los especuladores? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a formar un gobierno sin corruptos y libre de sospechosos de recibir sobres u otros sobresueldos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a abrir una amplia investigación parlamentaria sobre la corrupción y las comisiones en contratos públicos y autorizaciones? Se puede pactar.
Y si además el PP se disuelve, adelante con el pacto.
Rafa Castillo.
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miércoles, 6 de enero de 2016
sábado, 26 de diciembre de 2015
Gobernar con los marcianos.
Desde que los antiguos griegos intentaron la cuadratura del círculo y tropezaron indefectiblemente con el número transcendente π, no había habido otro intento de tal magnitud como el realizado ayer por la baronesa socialista Susana Díaz.
Su propuesta consiste en oponerse a la reelección de Rajoy, no gobernar con el apoyo de Podemos y que no se repitan las elecciones. Descartado que el PSOE gobierne con el apoyo del PP o dé su apoyo a Podemos, solo quedan dos opciones: esperar cuatro años con un gobierno en funciones hasta que se repitan las elecciones o gobernar en coalición con los marcianos.
El domingo, al parecer, se reúnen los señores y señoras feudales con Pedro Sánchez para imponerle la propuesta que este habrá de llevar, le guste o no, al Comité Federal si no quiere salir escaldado del cónclave socialista. Y es hora ya de decir basta.
Desde la renuncia de Felipe González nuestro partido se ha convertido en un reino de taifas que ha pretendido controlar desde los poderes locales la actuación de los líderes que mediante congresos o primarias elegíamos los militantes. Y así, con actuaciones cainitas de mayor o menor pelaje nos los fuimos cargando uno a uno si no se plegaban (y plegaban la decisión de los militantes) a los intereses interesados de los barones territoriales.
Y si Felipe fue la excepción y pudo liderar el partido libre de ataduras, lo logró con un golpe de fuerza. Dimitió como secretario general y puso en marcha un congreso extraordinario en el que tuvo el respaldo claro y mayoritario de la militancia. Y desde ahí, con aciertos y algún error, dirigió claramente el partido de congreso en congreso. Porque solo un congreso puede contradecir lo que determinó el anterior.
He leído que Pedro Sánchez pretendía aplazar el Congreso hasta que se solucione la gobernabilidad de España. Si es cierto, sería un error. Si la situación del Comité Federal se hace insostenible. Lo que procede es un nuevo congreso incluso adelantado. Convocarlo, si estatutariamente puede, o forzarlo con su dimisión y la de su ejecutiva.
Solo así podría la militancia expresar su opinión sin intermediarios y establecer, creo que por mayoría aplastante, su apoyo a que Pedro Sánchez, sin atravesar por supuesto las líneas rojas que sabemos que no debe atravesar, intente la formación de un gobierno de progreso para que no sea el PSOE el obstáculo a esta alternativa y, en línea con lo explicado en mi artículo anterior, no pague electoralmente el fracaso de las negociaciones.
Para ello hay tiempo. Hasta el día 13 no se constituye el Congreso de los Diputados. Luego, sin plazo predeterminado, el Rey tendrá que consultar a los líderes de los grupos parlamentarios y proponer un candidato al Presidente del Congreso. Luego, desde el primer intento de investidura del candidato propuesto, quedarán todavía dos meses hasta que se proceda a la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Tiempo, por tanto, más que suficiente para la celebración de un Congreso extraordinario del PSOE.
Desde la legitimidad moral de no haber apoyado a Pedro Sánchez en las primarias, ¡Ánimo, Pedro! Y a por todas.
Rafa Castillo.
Su propuesta consiste en oponerse a la reelección de Rajoy, no gobernar con el apoyo de Podemos y que no se repitan las elecciones. Descartado que el PSOE gobierne con el apoyo del PP o dé su apoyo a Podemos, solo quedan dos opciones: esperar cuatro años con un gobierno en funciones hasta que se repitan las elecciones o gobernar en coalición con los marcianos.
El domingo, al parecer, se reúnen los señores y señoras feudales con Pedro Sánchez para imponerle la propuesta que este habrá de llevar, le guste o no, al Comité Federal si no quiere salir escaldado del cónclave socialista. Y es hora ya de decir basta.
Desde la renuncia de Felipe González nuestro partido se ha convertido en un reino de taifas que ha pretendido controlar desde los poderes locales la actuación de los líderes que mediante congresos o primarias elegíamos los militantes. Y así, con actuaciones cainitas de mayor o menor pelaje nos los fuimos cargando uno a uno si no se plegaban (y plegaban la decisión de los militantes) a los intereses interesados de los barones territoriales.
Y si Felipe fue la excepción y pudo liderar el partido libre de ataduras, lo logró con un golpe de fuerza. Dimitió como secretario general y puso en marcha un congreso extraordinario en el que tuvo el respaldo claro y mayoritario de la militancia. Y desde ahí, con aciertos y algún error, dirigió claramente el partido de congreso en congreso. Porque solo un congreso puede contradecir lo que determinó el anterior.
He leído que Pedro Sánchez pretendía aplazar el Congreso hasta que se solucione la gobernabilidad de España. Si es cierto, sería un error. Si la situación del Comité Federal se hace insostenible. Lo que procede es un nuevo congreso incluso adelantado. Convocarlo, si estatutariamente puede, o forzarlo con su dimisión y la de su ejecutiva.
Solo así podría la militancia expresar su opinión sin intermediarios y establecer, creo que por mayoría aplastante, su apoyo a que Pedro Sánchez, sin atravesar por supuesto las líneas rojas que sabemos que no debe atravesar, intente la formación de un gobierno de progreso para que no sea el PSOE el obstáculo a esta alternativa y, en línea con lo explicado en mi artículo anterior, no pague electoralmente el fracaso de las negociaciones.
Para ello hay tiempo. Hasta el día 13 no se constituye el Congreso de los Diputados. Luego, sin plazo predeterminado, el Rey tendrá que consultar a los líderes de los grupos parlamentarios y proponer un candidato al Presidente del Congreso. Luego, desde el primer intento de investidura del candidato propuesto, quedarán todavía dos meses hasta que se proceda a la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Tiempo, por tanto, más que suficiente para la celebración de un Congreso extraordinario del PSOE.
Desde la legitimidad moral de no haber apoyado a Pedro Sánchez en las primarias, ¡Ánimo, Pedro! Y a por todas.
Rafa Castillo.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Y ahora, qué?
Hasta el día 20, los ciudadanos reflexionamos sobre el destino de nuestro voto. Desde el día 20, corresponde a sus destinatarios reflexionar sobre el sentido de nuestro voto. Y eso es lo que tenemos que exigir que hagan.
Ni espero, ni me importa que lo hagan, los del pensamiento único y simple ni los de sus nuevas generaciones modernizadas. Me dirijo a los míos, al PSOE y a todos los demás que desde posiciones más próximas o más alejadas comparten la necesidad de una política más social y más de izquierda. Y los primero que les digo que es la hora de la grandeza y que sobran todos aquellos cuyo interés es el tactismo, desde fuera para comer espacio a otros partidos y desde dentro para cargarse a algún líder.
Hay en el PSOE barones y baronesas que creen que lo mejor es no pactar un gobierno de izquierda y liderar la oposición a Rajoy en espera de rentabilizar en las próximas elecciones el fracaso de un gobierno en minoría. Y se equivocan y actúan mal. Se equivocan porque su oposición pasará desapercibida en la opinión pública donde tenemos perdida la batalla ante podemos. Y porque el mínimo pacto de estado que haya que hacer, y puede que alguno haya que hacer objetivamente, dará pie a la resurrección del mensaje, simple pero efectivo, de que de nuevo gobierna el PPSOE. Y actúan mal porque si el gobierno fracasa le irá mal a España. Y, en mi opinión, si lo hacen bien conforme a sus criterios también.
Y en sentido contrario. También en Podemos están usando la calculadora de votos. A ellos si les vendría bien una repetición de elecciones. Saben que en este caso se comerían al PSOE hasta convertirlo en un partido marginal, y con sus votos se convertirían en una auténtica alternativa de gobierno. Curiosamente este mismo argumento lo utiliza al PP para presionar al PSOE para que le deje gobernar. Si se repiten las elecciones, desaparecéis.
Esta táctica de los de Pablo Iglesias se debe en gran parte a la concepción mesiánica de algunos de sus dirigentes. Solo ellos representan auténticamente a la gente y por tanto solo ellos son la solución. Así pues, mejor no pactar con los socialistas y que se repitan las elecciones. Y la prueba de que en Podemos no quieren un pacto de izquierda es donde han situado las líneas rojas. ¿En la política social o el establecimiento de impuestos progresivos? ¿En el salario mínimo, en las pensiones o en la renta social? ¿En la nacionalización de la banca o el freno a las privatizaciones? ¿En la dación en pago o el fin de los desahucios? ¿En la reforma electoral o el mandato revocable? ¿En la supresión de altos cargos o el fin de las puertas giratorias? ¿En la lucha decidida contra la corrupción o el fraude? ¿En el fin de la Monarquía y la supresión del Senado?
No. La línea roja de Podemos está ahora en el referéndum vinculante para la autodeterminación de Catalunya. Como ilustra bien la tira de Peridis en El País, “antes éramos bolivarianos, después fuimos socialdemócratas y ahora somos soberanistas”. Y se establece esta línea roja porque se sabe que es la única que no se puede aceptar. En casi todas las otras se podría negociar o podrían ser aplicadas parcial o gradualmente. Pero esta no. Porque el PSOE no está de acuerdo, porque es ilegal y porque no se podría aplicar porque el PP la recurriría.
Que no se equivoque Iglesias. Sus votantes, en la euforia de unas elecciones que les resultaron emocionantes y esperanzadoras, descontaron el tema del referéndum. Le sirvió para ganar votos en Catalunya, Euskadi e incluso en Galicia. Pero nadie en Murcia, Cáceres o Málaga le votó por el referéndum. Le votaron a pesar de él. Pero no le perdonarán que pierda una oportunidad de cambiar la política de este país por mostrarse más soberanista que Oriol Junqueras. Y el importante capital de votos que atesora puede desvanecerse si deja pasar, por cálculo estratégico esta oportunidad.
Pero, volviendo a los míos. Lo primero es decir que los míos deberían pensar en los nuestros. Digan lo que digan los barones, baronesas y algunos otros que dan la Vara, los votantes no nos dieron el mandato de estar en la oposición. Nuestros votantes nos votaron para que gobernemos, para que transformemos la sociedad, para que revirtamos este austericidio y para recuperar el estado de bienestar y la justicia social.
Y si no tuvimos más votos (en las dos últimas elecciones perdimos más de cinco millones) habrá que ver hacia donde se escaparon. ¿Hacia el PP? Evidentemente no. Se han ido, guste o no, hacia Podemos. Por tanto no los recuperaremos facilitando la investidura de Rajoy o propiciando nuevas elecciones, en las que nuestro castigo será aún mayor. Volverán a nosotros si ven claro que hemos entendido el mensaje y ponemos toda la carne en el asador para hacer lo que quieren que hagamos, para hacer lo que tenemos que hacer.
Muchas encuestas y sondeos dicen que el 50% de los ciudadanos quieren un gobierno de coalición de PSOE y Podemos. ¿Son muchos o pocos? ¡Son los nuestros! La otra mitad son los que apoyan a la derecha. Y esto tenemos que verlo claro tanto los rojos como los morados.
Por eso la solución inteligente es un buen pacto, y la buena solución es un pacto inteligente. Y un pacto inteligente es enmarcarlo en el eje adecuado, que no es el soberanista, sino el de derecha izquierda. Y planteado así, será Podemos quien tenga la palabra y diga si quiere que haya o no un cambio real en este país.
Nosotros sabemos, y ellos también, que no es posible una solución a la griega. Es inviable y solo generaría frustración social. Pero como decíamos hace años, “menos mal que nos queda Portugal”. Si en 1974 buscábamos con interés si algún general español usaba monóculo, como el general Spínola de la Revolución de los claveles, hoy tenemos que mirar como línea a seguir el nuevo gobierno portugués. El gobierno de los avances posibles, de mejoras lentas, pero seguras y firmes. Y mejor que con apoyos externos, un gobierno de coalición. Un gobierno de coalición PSOE Podemos e incluso IU, y si es posible con apoyo de los nacionalistas.
Un gobierno con amplitud de objetivos en avances sociales pero que haga cambios realistas en función de los límites que permite la coyuntura. Y un acuerdo parlamentario para crear una ponencia constitucional que estudie la necesaria reforma de la Constitución.
Y no caigamos en la trampa de las derechas de este país. El interés general de España no lo definen ellos. No son los únicos intérpretes de lo que es bueno para el país. Lo decide la sociedad cuando vota y se expresa en la proporción del voto, y todas las opciones, gusten o no, son igual de legítimas. Y, digan lo que digan, se puede pactar hasta con los independentistas. Claro que no pactar la independencia. Pero si se les puede poner en la tesitura de decidir si apoyan un gobierno de progreso social y una reforma constitucional que blinde los derechos sociales y que amplíe, ¿Por qué no? Los ámbitos de autonomía. Y ellos dirán si sí o si no.
Somos náufragos en un bote salvavidas. Tenemos diferencias, pero tenemos que aplazarlas momentáneamente por legítimas que sean, y remar juntos hacia la orilla del progreso social.
Por eso, yo que en las primarias de partido voté en contra de Pedro Sánchez, le doy ahora el máximo apoyo para intentar un gobierno de progreso. Con todos los que quieran unirse. Excepto las rancias derechas del PP y Ciudadanos, por supuesto.
Rafa Castillo.
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
Españoles al 3%
Hay quien pretende renunciar a España, pero en el fondo es más español que la tortilla de patatas. Y es que si algo representa en literatura lo español, es la novela picaresca. De una de sus obras cumbres, El Lazarillo de Tormes, destaco la siguiente escena.
Al ciego a que Lázaro guiaba le regalaron un racimo de uvas. Acordaron compartirlas e ir comiéndolas cogiendo cada vez una cada uno. La escena remata como sigue:
“Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego del segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como ví que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:
-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.
-No comí- dije yo -; mas, ¿por qué sospecháis eso?... Respondió el sagacísimo ciego:
-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.”
Y ahí está el problema. No solo en que la Familia (la de don Vito Pujol) recibiese los tres por ciento de cada obra o adjudicación. El coste para los ciudadanos, catalanes y españoles, es mucho mayor. Las empresas no hacen donativos altruistas. Los hacen siempre con un fin. Tal vez si en las licitaciones ofreciesen una rebaja del precio del 3% resultarían adjudicatarias. Pero no. Dan ese 3% al pícaro de turno porque así pueden contratar sin rebajas obteniendo beneficios muy por encima de los que resultarían en condiciones normales. Y las obras se licitan caras y se encarecen después con reformados de proyectos que incrementan los costes que todos pagamos. Y si, como parece, las comisiones aumentan y llegan al 5 o 6%, que nadie dude de que el beneficio neto de la empresa crece en esa proporción.
Y ello porque esta derecha típicamente española, se llame PP o Convergencia, habla del liberalismo como el mejor de los sistemas, y de la gestión privada de los servicios públicos como el sistema más eficaz. Y si es eficaz. Eficaz para enriquecer a sus amigos y comer las migajas que caen de sus mesas.
Porque, al final, como siempre, lo peor no es ya lo que roban, sino el daño colateral que producen.
Rafa Castillo.
Al ciego a que Lázaro guiaba le regalaron un racimo de uvas. Acordaron compartirlas e ir comiéndolas cogiendo cada vez una cada uno. La escena remata como sigue:
“Hecho así el concierto, comenzamos; mas luego del segundo lance, el traidor mudó propósito, y comenzó a tomar de dos en dos, considerando que yo debía hacer lo mismo. Como ví que él quebraba la postura, no me contenté ir a la par con él; más aún pasaba yo adelante; dos a dos y tres a tres, y como podía las comía. Acabando el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano, y meneando la cabeza, dijo:
-Lázaro: engañado me has. Juraré yo a Dios que has tú comido las uvas de tres en tres.
-No comí- dije yo -; mas, ¿por qué sospecháis eso?... Respondió el sagacísimo ciego:
-¿Sabes en qué veo que las comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y tú callabas.”
Y ahí está el problema. No solo en que la Familia (la de don Vito Pujol) recibiese los tres por ciento de cada obra o adjudicación. El coste para los ciudadanos, catalanes y españoles, es mucho mayor. Las empresas no hacen donativos altruistas. Los hacen siempre con un fin. Tal vez si en las licitaciones ofreciesen una rebaja del precio del 3% resultarían adjudicatarias. Pero no. Dan ese 3% al pícaro de turno porque así pueden contratar sin rebajas obteniendo beneficios muy por encima de los que resultarían en condiciones normales. Y las obras se licitan caras y se encarecen después con reformados de proyectos que incrementan los costes que todos pagamos. Y si, como parece, las comisiones aumentan y llegan al 5 o 6%, que nadie dude de que el beneficio neto de la empresa crece en esa proporción.
Y ello porque esta derecha típicamente española, se llame PP o Convergencia, habla del liberalismo como el mejor de los sistemas, y de la gestión privada de los servicios públicos como el sistema más eficaz. Y si es eficaz. Eficaz para enriquecer a sus amigos y comer las migajas que caen de sus mesas.
Porque, al final, como siempre, lo peor no es ya lo que roban, sino el daño colateral que producen.
Rafa Castillo.
domingo, 8 de noviembre de 2015
El saben aquel que diu...
El saben aquel que diu…? Así empezaba los chistes aquel humorista siempre serio, siempre de negro con su cigarrillo y cubalibre con naranja. Y hoy me viene a la memoria uno de sus chistes que paso a resumir.
Se trataba de un aprendiz de barbero que afeitaba un cliente. Le hizo varios cortes, y tras cada uno el jefe le arrojaba algo (el jabón, las tijeras, un taburete…) el mozo se agachaba y los objetos impactaban en el cliente. Finalmente le cortó una oreja de cuajo y el cliente le dijo: písala nen, que no la vea aquel señor!
Viene esto a cuento da casos de actualidad como el de la Volkswagen u otros recientes como cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia descubre fraude en los precios de eléctricas o petroleras por acuerdo entre las empresas.
Todos estos fraudes tienen como primera consecuencia un rápido aumento en las ganancias de la empresa. Ganancias que se traducen en suculentos ingresos para los gestores y los grandes accionistas. Pero el problema para los demás empieza cuando se descubren. Se sanciona a las empresas. Los directivos siguen cobrando o dimiten llevando consigo una importante indemnización. Y para pagar la sanción las empresas recortan las inversiones, despiden al personal o, sin necesidad ya de ponerse de acuerdo, suben los precios para pagar la sanción sin perder dinero.
La mayor condena que se le podía hacer a un ciudadano de las polis griegas era la condena al ostracismo. Desaparecer de la sociedad y perder los derechos ciudadanos. Ser condenado al olvido. Y eso había que hacer con esa clase empresarial desalmada que no duda en multiplicar sus beneficios sin tener en cuenta las nefastas consecuencias que sus acciones causan a la sociedad que les permite desarrollarse. Sin temor a ser criticado por exagerado, lo que algunos practican es un auténtico terrorismo social. Terrorismo que destruye las escasas pertenencias de los ciudadanos y que pone en quiebra toda la estructura social. Que no mata con bombas, pero si con miseria.
Por eso es necesario un cambio legislativo que haga que las malas prácticas empresariales las paguen no las empresas sino los gestores que las practican y quienes se benefician de ellas. Y si un ciudadano puede ser desahuciado de su casa por no poder (ojo, no por no querer) pagar la hipoteca, e incluso se le puede embargar parte del sueldo, ¿por qué no se va a poder desahuciar de sus riquezas y pingües beneficios a quien roba a la sociedad? Y de paso a los que se enriquecen con la corrupción, la otra lacra social que nos empobrece a todos.
Se dirá que no es fácil, que tendrán sus bienes a nombre de testaferros. Bien. Pues que no puedan usarlos. Que, como condenados al ostracismo, se les prive la posibilidad de que los testaferros les presten el uso de los bienes a su nombre. Si alguien les “presta” un chalet de lujo o un cochazo… expropiado. Si comen en un restaurante de alta categoría… de patitas en la calle y a comer hamburguesas. Que no puedan disfrutar en absoluto de lo robado. Que a nadie le merezca la pena volver a hacerlo.
Y mientras, mientras no se tomen medidas de este tipo, por favor, que no se investiguen los fraudes, que nos será peor.
Pisa la oreja, nen, que no la vea aquel señor.
RaFa Castillo.
Se trataba de un aprendiz de barbero que afeitaba un cliente. Le hizo varios cortes, y tras cada uno el jefe le arrojaba algo (el jabón, las tijeras, un taburete…) el mozo se agachaba y los objetos impactaban en el cliente. Finalmente le cortó una oreja de cuajo y el cliente le dijo: písala nen, que no la vea aquel señor!
Viene esto a cuento da casos de actualidad como el de la Volkswagen u otros recientes como cuando la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia descubre fraude en los precios de eléctricas o petroleras por acuerdo entre las empresas.
Todos estos fraudes tienen como primera consecuencia un rápido aumento en las ganancias de la empresa. Ganancias que se traducen en suculentos ingresos para los gestores y los grandes accionistas. Pero el problema para los demás empieza cuando se descubren. Se sanciona a las empresas. Los directivos siguen cobrando o dimiten llevando consigo una importante indemnización. Y para pagar la sanción las empresas recortan las inversiones, despiden al personal o, sin necesidad ya de ponerse de acuerdo, suben los precios para pagar la sanción sin perder dinero.
La mayor condena que se le podía hacer a un ciudadano de las polis griegas era la condena al ostracismo. Desaparecer de la sociedad y perder los derechos ciudadanos. Ser condenado al olvido. Y eso había que hacer con esa clase empresarial desalmada que no duda en multiplicar sus beneficios sin tener en cuenta las nefastas consecuencias que sus acciones causan a la sociedad que les permite desarrollarse. Sin temor a ser criticado por exagerado, lo que algunos practican es un auténtico terrorismo social. Terrorismo que destruye las escasas pertenencias de los ciudadanos y que pone en quiebra toda la estructura social. Que no mata con bombas, pero si con miseria.
Por eso es necesario un cambio legislativo que haga que las malas prácticas empresariales las paguen no las empresas sino los gestores que las practican y quienes se benefician de ellas. Y si un ciudadano puede ser desahuciado de su casa por no poder (ojo, no por no querer) pagar la hipoteca, e incluso se le puede embargar parte del sueldo, ¿por qué no se va a poder desahuciar de sus riquezas y pingües beneficios a quien roba a la sociedad? Y de paso a los que se enriquecen con la corrupción, la otra lacra social que nos empobrece a todos.
Se dirá que no es fácil, que tendrán sus bienes a nombre de testaferros. Bien. Pues que no puedan usarlos. Que, como condenados al ostracismo, se les prive la posibilidad de que los testaferros les presten el uso de los bienes a su nombre. Si alguien les “presta” un chalet de lujo o un cochazo… expropiado. Si comen en un restaurante de alta categoría… de patitas en la calle y a comer hamburguesas. Que no puedan disfrutar en absoluto de lo robado. Que a nadie le merezca la pena volver a hacerlo.
Y mientras, mientras no se tomen medidas de este tipo, por favor, que no se investiguen los fraudes, que nos será peor.
Pisa la oreja, nen, que no la vea aquel señor.
RaFa Castillo.
jueves, 15 de octubre de 2015
Presionar a los jueces
El esperpento de sobreactuaciones a que nos están habituando los ultranacionalistas Artur Mas y Mariano Rajoy los lleva a adoptar medidas innecesarias o con intenciones ocultas.
Hacía un año que estaban anunciadas las elecciones “plebiscitarias”, pero Rajoy esperó a la inmediatez de la campaña electoral (la de las Generales, por supuesto) para hacer, cara a la galería, una innecesaria reforma de la Ley del Tribunal Constitucional. Innecesaria como demuestra la imputación de Mas y sus consejeras.
No hizo en cambio una reforma que hubiese tenido más calado. Modificar el Código Civil estableciendo, en los términos legales oportunos, que la adquisición de la nacionalidad de un nuevo Estado implica la renuncia a la española. Pero Rajoy, y sus asesores, non dan para más.
El debate de estos días es si el acompañamiento a los imputados que van a declarar es o no una presión a los tribunales. Y yo creo que sí. Pero no, como es opinión mayoritaria, para que no les condenen, sino todo lo contrario. Para que los jueces “resistiendo la presión” condenen al President. Al fin Artur Mas sabe que el proceso no tiene más recorrido, y esto le permite una salida como héroe patrio. Y además, el día del asesinato de Companys. Quien puso la fecha se lució.
El propio Artur Mas colabora a la presión yendo a declarar a la Audiencia en lugar de hacer la declaración desde su despacho, como haría en otras circunstancias. ¿Irá a la Audiencia si tiene que declarar en el caso Pujol o algún otro de corrupción de su partido? Apuesto que no. En esos casos no hará el paseíllo. Pero ahora conviene.
Porque si no hubiese esa presión está claro que el President y sus consellers no serían procesados. Realizado el trámite de declaración el caso se hubiese cerrado. Ni los propios fiscales veían en esto un caso. Fue solo la impresentable presión del gobierno de Rajoy sobre el Fiscal General del Estado la que hizo posible que este caso existiese.
Y es que, cuando hablamos de presionar a la justicia, hay que fijarse bien en todos los que presionan.
Rafa Castillo.
Hacía un año que estaban anunciadas las elecciones “plebiscitarias”, pero Rajoy esperó a la inmediatez de la campaña electoral (la de las Generales, por supuesto) para hacer, cara a la galería, una innecesaria reforma de la Ley del Tribunal Constitucional. Innecesaria como demuestra la imputación de Mas y sus consejeras.
No hizo en cambio una reforma que hubiese tenido más calado. Modificar el Código Civil estableciendo, en los términos legales oportunos, que la adquisición de la nacionalidad de un nuevo Estado implica la renuncia a la española. Pero Rajoy, y sus asesores, non dan para más.
El debate de estos días es si el acompañamiento a los imputados que van a declarar es o no una presión a los tribunales. Y yo creo que sí. Pero no, como es opinión mayoritaria, para que no les condenen, sino todo lo contrario. Para que los jueces “resistiendo la presión” condenen al President. Al fin Artur Mas sabe que el proceso no tiene más recorrido, y esto le permite una salida como héroe patrio. Y además, el día del asesinato de Companys. Quien puso la fecha se lució.
El propio Artur Mas colabora a la presión yendo a declarar a la Audiencia en lugar de hacer la declaración desde su despacho, como haría en otras circunstancias. ¿Irá a la Audiencia si tiene que declarar en el caso Pujol o algún otro de corrupción de su partido? Apuesto que no. En esos casos no hará el paseíllo. Pero ahora conviene.
Porque si no hubiese esa presión está claro que el President y sus consellers no serían procesados. Realizado el trámite de declaración el caso se hubiese cerrado. Ni los propios fiscales veían en esto un caso. Fue solo la impresentable presión del gobierno de Rajoy sobre el Fiscal General del Estado la que hizo posible que este caso existiese.
Y es que, cuando hablamos de presionar a la justicia, hay que fijarse bien en todos los que presionan.
Rafa Castillo.
martes, 13 de octubre de 2015
El testamento de Rajoy
Ya desde el año 1996 hasta por lo menos el 2000, José María Aznar y su superministro del milagro económico Rodrigo Rato aludían constantemente a la herencia recibida de Felipe González para justificar los recortes que entonces establecieron.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
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