lunes, 27 de abril de 2020

El gobierno, se equivoca cuando rectifica?


Suele ser un lugar común, en los más de 40 años de democracia que llevamos, que la oposición, sea cual sea, diga que el gobierno, sea el que sea, solo acierta cuando rectifica. Pero esta vez parece ser diferente.
Hace unos días el gobierno propuso permitir a partir del 26 de abril la salida a la calle de menores acompañados de uno de sus progenitores. Limitaba estas salidas al acompañamiento a donde los adultos podían ir, básicamente de comprar.
Qué ocurre cuando alguien contagiado con covid-19 tose en un ...En seguida surgieron voces que pusieron el grito en el cielo. Oposición política, medios de comunicación de tendencia editorial generalmente conservadora o ultra, y algunos presidentes autonómicos teorizaron sobre que la medida propuesta era la peor del mundo mundial ya que se llevaba a los niños a puntos de alto riesgo de contagio por el Covid-19.
El propio Pablo Casado hizo manifestaciones que recuerdan el glorioso “viva el vino” de su antecesor en la presidencia del PP, M. Rajoy, o el famoso “quien te dijo a ti que quiero que conduzcas por mi” de su mentor Aznar, visiblemente afectado por la bebida señalada por Mariano.
Las tiendas, farmacias, estancos o hipermercados son zonas de riesgo por contagio? Sin duda si, como todo lugar en que se acerquen dos personas. Pero por mi experiencia como consumidor en estos 40 días, esos locales suelen tener medidas preventivas muy estrictas. Los locales pequeños solo admiten la entrada de clientes de uno en uno, y las grandes superficies limitan el número de compradores que entran y les dotan de guantes esterilizados. Y eso, sin duda también, reduce, sin eliminarlos, los riesgos de contagios.
Esa salida propuesta sería muy escalonada como lo es también la de los adultos a la hora de ir a comprar que se extiende a lo largo del día evitando, si pueden, las horas punta. Otra circunstancia que reducía un poco el riesgo.
Pero no hubo más remedio que rectificar. Y seguro que en la mayoría de ciudades y pueblos no pasó nada y no se produjeron grandes aglomeraciones. Pero en otros ocurrió lo que era previsible. Muchos salieron a las mismas horas (de mejor temperatura, soleadas) y a los lugares habituales de paseo o esparcimiento, sin duda pensando que nadie más tendría tan original idea.
Y así se ven imágenes como las que todos pudimos ver ayer en las redes, con grupos de gente próxima conversando entre ellas y además apartando la mascarilla para conversar. Ni distancia social, ni medidas de protección. Al final la irresponsabilidad de unos pocos nos regalará otro mes de confinamiento a todos.
Rectificar es de sabios, menos cuando se hace atendiendo a los que más gritan.
Rafa Castillo.

sábado, 7 de marzo de 2020

Menos mercado y más Estado.


De cuando estudiaba Químicas recuerdo expresiones como “en condiciones ideales de presión y temperatura…”. Esto era presión de 760mm y 14,5ºC, condiciones que nunca se cumplían exactamente. O “la densidad del agua a 4ºC en 1 (1l=1K), pero como se mantenía la temperatura para comprobarlo?
Pues esto mismo pasa en los mercados. En condiciones ideales de elasticidad de la oferta y la demanda, la mano invisible del mercado fija el precio ideal que complace a vendedor y comprador. Aquel obtiene la ganancia esperada por su inversión y trabajo y este satisface su necesidad de consumo por un precio adecuado.
Pero la realidad dista mucho de ser la descrita. Analicemos dos casos extremos.
Hace unos 65 millones de años desaparecieron los dinosaurios y sus cuerpos enterrados dieron lugar al petróleo que hoy alimenta nuestras fábricas y nuestra movilidad. Y si tantos millones de años se preservó, no es previsible que se deteriore por unas semanas. Tiene, por tanto, para el productor una elasticidad máxima. Lo que no venda hoy lo puede vender mañana o el mes que viene.
Por eso hoy, que como uno de los efectos del coronavirus se está produciendo una cierta parálisis industrial y de movilidad, el precio, en principio, cae por falta de demanda. Pero el productor puede cerrar el grifo y producir menos, con lo que hará que el precio vuelva a subir.
En cambio para el consumidor la elasticidad es baja. Si necesito el coche para trabajar o para unas vacaciones programadas con hoteles reservados, necesito llenar el depósito. Puedo hacerlo un lunes o un jueves para aprovechar las pequeñas oscilaciones de precios, pero no puedo esperar un mes o dos. Igual ocurre con el combustible de la calefacción. Por tanto tendré que comprar al precio que me marquen. Es por eso que cuando el petróleo sube de precio, los combustibles se encarecen. Pero cuando baja, esa baja no se repercute en el precio.
Veamos el caso contrario. El pequeño agricultor que produce lechugas. Olvidemos, por un momento las grandes producciones industriales en gigantescos invernaderos. Como casi todos los productos agrarios, y por la estacionalidad del tiempo, las lechugas suelen tener la mala costumbre de nacer todas en la misma época. Y como además son seres vivos, cuando se matan (al cortarlas) empiezan el proceso de putrefacción. Por eso el agricultor tiene dos días para vender las lechugas. Si no le gusta el precio de hoy puede esperar a mañana. Pero mañana tendrá que aceptar el precio que le paguen, aunque ya sea menor que el de hoy. La elasticidad en la oferta es, como vemos, mínima.
En cambio el distribuidor, tiene mayor elasticidad en la demanda. Tiene reservas en sus almacenes y sus cámaras, y si hoy no le aceptan el precio que oferta, ya le venderán dentro de unos días. Y como el maneja muchos productos diferentes, lo que no venda de uno, lo venderá de otro. Y si por un momento el mercado queda desabastecido de lechugas, tampoco pasa nada. Como decía María Antonieta en su palacio de Versalles ante las protestas del pueblo, si no tienen pan, que coman pasteles.
Estos dos casos analizados, y otros muchos que podríamos ver a un lado y al otro, nos llevan a colegir que el libre mercado solo es eficiente para garantizar beneficios crecientes a los grandes capitales, pero pernicioso para los pequeños productores y consumidores, para los ciudadanos en general.
Por ello, el Estado, igual que vigila las fronteras o nos protege contra el robo, debe intervenir en los mercados regulándolos con mínimos y máximos que eviten la especulación y logre un mayor reequilibrio social.
En resumen, más Estado y menos mercado.
Rafa Castillo.

lunes, 20 de enero de 2020

Patriarcado.


“Vuestros hijos no son vuestros hijos.
Son los hijos y las hijas de la llamada de la vida a sí misma.
Vienen a través vuestro, pero no de vosotros.
Y aunque estén con vosotros, no os pertenecen.
Podéis darles vuestro amor pero no vuestros pensamientos.
Porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Podéis abrigar sus cuerpos pero no sus almas, pues sus almas habitan en la mansión del mañana, que vosotros no podéis visitar ni siquiera en sueños.
Podéis esforzaros en ser como ellos, pero no intentéis hacerlos a ellos como a vosotros.
Ya que la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.
Sois los arcos por los que vuestros hijos, cual flechas vivas, son lanzados.
El Arquero ve el blanco en el camino del infinito y Él, con Su poder, os tensará, para que Sus flechas puedan volar rápidas y lejos.
Que la tensión que os causa la mano del Arquero sea vuestro gozo, ya que así como Él ama la flecha que vuela, ama también el arco que permanece inmóvil.”
Este texto del escritor libanés, y residente en USA, Khalil Gibran (1883-1931), recogido en su afamado libro “El Profeta” (cuya lectura recomiendo), nos demuestra que decir que “los hijos no son propiedad de los padres” no es un invento socialista, comunista, de Cuba o de la URSS, o del “nefasto gobierno rojo de Sánchez”, sino fruto de la reflexión de grandes pensadores.
Nuestros hijos, así en plural, deben de ser educados por sus padres naturalmente. Ellos tienen todo el derecho del mundo a explicarles su forma de pensar, e incluso a justificarse por ella. Pero no se la pueden imponer. Ellos tienen derecho a conocer la realidad y la pluralidad de la sociedad en que viven y de la que vivirán en su futuro. Y, como serán parte de nuestra sociedad, tienen el derecho a ser educados para vivir y convivir en ella, y la sociedad tiene derecho a que sus futuros miembros sean educados en la tolerancia y el respeto a todos.
Pero esto del mal llamado pin parental, que en realidad es un veto Neandertal, no es más que postureo. O alguien es tan ingenuo para pensar que sus hijos, criados en la ignorancia de la realidad, no buscarán suplir la enseñanza, científica e impartida o supervisada por profesionales, por lo que cuenten sus amigos o a través de internet? Es que no se van a dar cuenta de la existencia de la homosexualidad, por ejemplo, cuando vean que dos compañeros del mismo sexo se casen?
No. De lo que se trata es de imponer el pensamiento del patriarcado. Como con la homofobia, la misoginia o la violencia de género. O el temor a los inmigrantes que amenazan nuestra cultura. Débil debe de ser el armazón cultural de quien teme que su cultura puede ser amenazada por otros que, por desgracia, en muchos casos no saben leer.
Mi hijo es mío y tiene que ser educado “como dios manda”. Por eso los padres, seamos claros el padre, es el único con derecho a decidir sobre su futuro. Que sexualidad debe de tener, cual ha de ser su profesión en el futuro, y, si es hija, hasta con quien debe casarse. Faltaría más!
En el fondo tienen miedo a comparar su forma de pensar, anclada en la antigüedad, con las enseñanzas que eventualmente reciban sus hijos. Como podrían debatir con ellos? Ah, no! Yo no tengo que debatir con mi hijo. Solo adoctrinarlo en el recto camino.
Y así, una generación después, seguiremos conviviendo con la homofobia y la violencia de género.
Rafa Castillo.

miércoles, 17 de julio de 2019

Referéndums y consultas.


Es curioso que el Referéndum sea el único sistema de participación ciudadana que admiten los regímenes dictatoriales o totalitarios. Y es que por su naturaleza son fácilmente manipulables y garantizan casi siempre una respuesta favorable a los deseos de quien los convoca.

En España, sin ir más lejos, el régimen franquista tenía la Ley del Referéndum Nacional como una de las Leyes Fundamentales del Estado. Y el dictador convocó dos, que por supuesto ganó.

En todo caso, nuestra Constitución lo recoge como sistema de consulta o participación, aunque no vinculante. Yo sigo considerando que es uno de los peores métodos de participación, sobre todo si no se utiliza correctamente.

Una de las primeras consideraciones a tener en cuenta es en qué momento procesal se plantea. Pongamos el caso de España en lo relativo a las reformas constitucionales. En efecto en el título correspondiente a su reforma, nuestra Constitución prevé un referéndum sobre el texto concreto ya elaborado y aprobado por las Cortes. Imaginemos que fuese previo. Si me preguntan si quiero una reforma, mi voto es sí. La Constitución es mejorable. Pero qué reforma? En qué sentido? En el que propondrían PP y VOX, o en de Podemos o el PSOE?

No, lo normal es que el Parlamento elabore un texto, con el consenso que le corresponde, y una vez aprobado se someta a aprobación ciudadana.

Y aún así hay riesgos. Recordemos el referéndum en Francia sobre la Constitución Europea. Fue rechazada por los votos unidos de quienes las parecía poco integradora y de los que le parecía excesivamente integradora. Paradoja del sistema.

Otro ejemplo europeo de un mal uso fue el referéndum en el Reino Unido sobre el llamado brexit. Se pregunta por la salida de Europa sin explicar claramente las consecuencias, incluso con mentiras, pero sin determinar el tipo de salida. Sin acuerdo, con acuerdo blando, con acuerdo duro… Y así ahora muchos británicos viven la incertidumbre sobre su futuro.

Otro tanto pasa en los partidos con lo que la política actual llama consultar a las bases. La clave está en que momento se hace la consulta y con que pregunta. Pongamos un ejemplo partiendo de la situación real de negociación para la constitución de un gobierno en España.

Antes de establecer el posible pacto, Podemos consulta a las bases sobre si quiere un gobierno de coalición u otro distinto. Seguro que ganará el gobierno de coalición. Y seguro que si el PSOE convocase una consulta similar (o un Congreso Federal, o al Comité Federal, tan democráticos como la consuta) ganará la opción contraria.

En consecuencia se hace imposible negociar. Se establecen dos líneas rojas lejanas imposibles de aproximar. Pesan más los inscritos de Podemos que los militantes del PSOE? O es que los inscritos de Podemos pueden imponerse a la voluntad socialista.

Lo normal sería negociar un acuerdo en base a un programa negociado entre ambas partes. Por cierto, cosa de la que no se habla. Y llegado al acuerdo, hablar del grado de participación en el gobierno. Y pactado esto someter el pacto a consulta de las bases o los órganos del partido para que ratifique o rechacen el acuerdo.

Por cierto. La única representante de Podemos en la Rioja dice que su voto no se vende ni se compra. El precio, 3 consejeros de entre 8. Si IU pidiese lo mismo, al PSOE (15 escaños) le quedarían 2.

Seguro que sus bases lo aprueban.
Rafa Castillo.
 

martes, 21 de mayo de 2019

Pablo Iglesias tiene razón, pero se equivoca.


Parece ser que el dueño y fundador de INDITEX, Amancio Ortega, ha donado, o quiere donar, unas 290 máquinas de última generación para luchar contra el cáncer a otros tantos hospitales públicos.

Por su parte, desde Unidas Podemos han dicho: "la sanidad pública no puede aceptar donaciones de Amancio Ortega". "Las donaciones son una decisión personal, pero la sanidad es un derecho que debe garantizarse todos los días. Que no puede depender de la caridad, del humor o la bondad con la que se levanten los multimillonarios".

Y es cierto. La sanidad es un derecho que debe garantizarse todos los días. La cuestión es si tiene medios suficientes. Y el hecho es que no. Las políticas del PP de recorte del sector público, sin hacerla desaparecer la han dejado sin medios suficientes. Y además, por muchos que haya, nunca serán suficientes. Ya la economía se define como la ciencia que estudia como distribuir los recursos escasos. Y siempre son escasos porque aunque hubiese suficientes para mantener el más alto nivel posible, siempre surgirá un nuevo invento, una nueva investigación, una nueva máquina que abra campo a una mejora de la sanidad y para la que sean necesarios nuevos recursos.

Y si hay un mecenas que lo financie, mejor que mejor. Así el sector público se ahorra meterse en campos de investigación que, de hacerlo y fracasar, nos pondrían a todos en posición de exigir responsabilidades por el posible derroche.

Tiene razón Iglesias cuando dice que lo que tienen que hacer los ricos es pagar más impuestos. Y pagar mejores salarios. Toda la razón. Yo no sé si insinúa, y tiene datos, que Ortega evade impuestos o que utiliza subterfugios para pagar de menos. De ser así, si lo hace ilegalmente, investigación fiscal, y toda la fuerza de la Ley contra él. Si lo hace legalmente, aprovechando los vericuetos que las leyes fiscales permiten, tonto sería si no lo hiciese. Quién no? Cámbiense las leyes que lo permiten, sanciónense los paraísos fiscales y establézcase un sistema fiscal más justo.

Al fin, Amancio Ortega nos da la vara de medir. No pasaría nada si a alguien como él se le suben los impuestos en 500 millones. Y a otros 400, a otros 300, 200, 100, 50, 10 o uno, y nos encontraremos con miles de millones con los que financiar el bienestar. Pero no podemos culpar a Ortega de que no se haya hecho. La culpa está en los gobernantes que hasta ahora no lo han hecho, y por el contrario se han dedicado, año tras año, a bajar la presión fiscal sobre las rentas más altas. Y prometen seguir haciéndolo.

Por eso no es malo que si, como consecuencia de un sistema fiscal injusto, Amancio Ortega tiene excedentes, haga lo que quiera con ellos. No podríamos decir nada si lo gasta en su beneficio. Por qué criticar que lo haga a favor de todos?

Hay que hacer aún una consideración más. Pudo habérselos donado a entidades médicas privadas y con ello aumentar sus ventajas competitivas sobre la pública y al final forzar a esta a hacer conciertos con la privada y pagarlos. Y ya hizo algo parecido hace dos o tres años, donando también a la pública.

Y una última pregunta. Habrá en esta donación alguna razón oculta? Muchos somos los que modestamente y en la medida que podemos colaboramos económicamente con ONGs. Unos con unas docenas de euros y otros, como Bill Gates, con docenas de millones. Y supongo que esto tampoco es criticable. Pero, por qué lo hacemos? Seguramente por sensibilidad con diversas causas o situaciones, muchas de las cuales también deberían de ser asumidas por los estados. El hambre en el mundo, la situación de la infancia, las situaciones de guerra, el medio ambiente y tantas y tantas otras.

Recordemos un caso. El tenor Carreras creó una fundación para impulsar la lucha contra la leucemia. Un tema con el que estaba sensibilizado por haberlo padecido en persona. Otros lo hacen por tener un familiar o un amigo en una situación que lo sensibiliza especialmente en determinado campo. Podemos dar a Amancio Ortega el beneficio de la duda de que pueda tener una razón oculta similar?

Conclusión: más impuestos más justos, y también, por qué no? Filantropía.

Rafa Castillo.

sábado, 27 de abril de 2019

Soluciones transversales.

Muchos de los problemas que se plantean a nuestra sociedad no pueden encontrar soluciones individualizadas para cada uno de ellos sino soluciones que teniendo en cuenta la compleja situación, les den una respuesta transversal.
Pongamos un ejemplo. El paro juvenil. La solución no puede ser incentivar la contratación de jóvenes mediante subvenciones o beneficios fiscales. Suponen un gasto para el Estado y no incrementa ni el empleo ni la riqueza (PIB) del país. Simplemente reemplaza un trabajador mayor, que se va al paro, por uno joven. La solución es crear empleo, así, sin más, porque habiendo más empleo lo habrá para jóvenes y mayores, para varones y mujeres.
El primer paso es la educación. Una educación que sobre todo en las formaciones profesionales, técnicas y científicas, y con visión de futuro, prepare a esos jóvenes no solo para dominar la tecnología actual sino también para intuir y construir las tecnologías del futuro en esta sociedad en constantes y vertiginosos cambios tecnológicos y científicos.
Propongo suprimir las subvenciones? No, en absoluto. Propongo que cumplan su verdadero fin. Orientar e incentivar las líneas de producción que interesan a la sociedad. Reforzar los campos de inversión emergentes y por tanto deficitarios. Si subvencionamos la contratación de jóvenes, en el sector de la construcción, por ejemplo, despedirán mayores, contratarán jóvenes y aumentará el beneficio de las grandes constructoras. Lo mismo en la hostelería… y no olvidemos en este campo un aspecto transversal de discriminación. Despedirán camareras “viejas y feas” para contratar a “jóvenes y atractivas”. Entiéndase el tono irónico.
Pero interesa a nuestro país volver a la noria de fiar el crecimiento a la construcción y a la hostelería? Tengo claro que no. Es bueno que la construcción y la hostelería crezcan, pero no que sean el motor del crecimiento. Tienen que crecer a consecuencia del crecimiento y de la riqueza creada por otros sectores productivos. Y me refiero, claro está, la sector primario y al industrial. Y ahí enlazamos con otros desafíos.
La España vacía. No se va a llenar poniendo médicos y maestros en cada pueblo, sino creando un sistema productivo que haga que los pueblos recuperen población y haga que tener médicos y maestros tenga sentido. Hay pues que llenar los pueblos de polígonos industriales? Por supuesto que no. Lo que hay que hacer es volver a la agricultura, y especialmente, a la ganadería extensivas que crean empleo y contribuyen a la mejora del medio ambiente.
Obviamente España es muy diversa y no se puede dar la misma solución en la Andalucía de los latifundios que a la Galicia del minifundio extremo. Y permítaseme, porque es el que mejor conozco, un breve análisis de la situación de Galicia.
En los 70, dentro de la política del desarrollismo, se produjo un intenso cambio en el rural gallego que hoy se ve claramente que fue para peor. Se substituyeron árboles autóctonos, que alimentaban cerdos y a cuyo pie se criaban rebaños de cabras u ovejas, por pinos y eucaliptos. Y se cambiaron las vacas autóctonas, alimentadas de pasto y forraje de producción propia, por vacas productoras de leche en base a piensos.
El problema de la leche ya lo vimos en los 80. No se puede producir leche en cualquier sitio ya que el transporte encarece el producto y eso hace que se pague menos al productor. Y hubo un inmenso error por parte de la Xunta. Es cierto que las explotaciones existentes eran de supervivencia, no rentables. Pero en lugar de apostar por explotaciones de sobre 20 cabezas con base territorial y orientadas a la producción de carne de calidad, se hizo por grandes explotaciones lácteas alimentadas por pienso mientras las fértiles tierras de cultivo eran invadidas por más pinos, cuando no simplemente maleza. Primera consecuencia? Más incendios forestales.
Y así, en un pueblo en el que podía haber 4 o 5 explotaciones rentables en base al cultivo de hierba y forraje hay una sola láctea peleando por cada céntimo del precio de la leche. Y claro, cinco explotaciones mantienen más gente que una. No estará ahí el problema?
La solución no es fácil, pero queda ahí apuntada. Invertir en recuperar cultivos, promover la concentración parcelaria y hacer valer la función social de la propiedad, y mejorar las infraestructuras. Así regresará la gente al campo o vendrán otros nuevos, lo que puede ser una salida para la inmigración.
Y vamos ahora con el industrial. Y aquí nos encontramos de nuevo con la transversalidad. Ya hemos visto la importancia que en esto tiene el sistema educativo. Además, una apuesta clara en I+D+i puede transformar un problema, el medio ambiente, en un nicho de empleo, particularmente para los jóvenes, más preparados en nuevas tecnologías. La necesaria evolución del sector del automóvil hacia combustibles menos agresivos con el medio ambiente, y la substitución de las fuentes de energía contaminantes por fuentes limpias, puede ser causa de creación de empleo y poner a nuestro país en la cabeza de una nueva revolución industrial.
Y en todo caso esto exige una política activa por parte del Estado. Una política de subvenciones y/o beneficios fiscales, no indiscriminada, sino orientada a incentivar aquellos sectores, en principio deficitarios, pero estratégicos en la defensa del medio ambiente, de un crecimiento económico sostenible y de mejora de la calidad de vida de los ciudadanos. Y, además, creando empleo de calidad.
Rafa Castillo.