En 1962 el IV Congreso del Movimiento Europeo (para los franquistas el Contubernio de Múnich) estableció que la integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas. Y desde entonces todos los españoles, y griegos y portugueses, soñábamos con integrarnos en Europa como culminación de la instauración de la democracia en nuestros países.
Esa era la Europa que queríamos y la que avanzó durante más de 30 años en una senda de integración, de progreso y de solidaridad hasta mediados de los 90 con personajes como Mitterrand, Kohl, Felipe y Delors. Pero desde entonces iniciamos una senda recesiva que demuestra, una vez más, que no aprendemos de la historia.
Alemania debería ser la primera que recordase lo que significó al final de la primera guerra mundial el Tratado de Versalles en 1918. Se dice que los alemanes tienen un miedo atávico a la inflación por el efecto que esta tuvo en la caída de la República de Weimar. Pero olvidan que el principal origen del nacismo fue la humillación alemana impuesta en aquel tratado.
En el 321 AC, los samnitas derrotaron a los romanos haciéndoles pasar bajo las Horcas Caudinas. El general samnita desoyó así el sabio consejo de su padre. “desátalos y libéralos, o mátalos a todos”. El anciano explicaba que si dejaban libres a los romanos tras desarmarlos, podrían obtener el respeto y aun la amistad de Roma; aunque si ejecutaban a todos los romanos, entonces Roma sería tan débil que no constituiría una amenaza durante muchos años. Su hijo le preguntó si no existía una alternativa intermedia, a lo que Herenio respondió que sería una completa locura, ya que dejaría a los romanos deseosos de venganza sin haber sido debilitados.
El pasado día 11 los vecinos de A Pobra do Brollón conmemoramos la revuelta Guímara. Efectivamente nuestros antepasados celebraron bajo el árbol de Brollón un referéndum sobre el nuevo impuesto que la Condesa de Lemos, Ángela Merkel, quería imponerles. Los vecinos decidieron, por amplia mayoría, oponerse al nuevo tributo. Pero la superioridad militar del condado se impuso. Y hubo que pagar. Pero, como siempre, los ciudadanos libres se resisten a la humillación. Y obligaron a los recaudadores a agacharse a recoger el tributo bajo las puertas.
¿Cuánto tiempo aguantaremos la humillación los ciudadanos europeos?
Rafa Castillo.
Encuéntranos en Google+. Si quieres recibir por e-mail las nuevas entradas, introduce tu dirección el la línea siguiente.
martes, 14 de julio de 2015
jueves, 9 de julio de 2015
Objeción de conciencia.
El Tribunal Constitucional acaba de reconocer la objeción de conciencia de un farmacéutico para no dispensar la conocida como píldora del día después por considerarla abortiva y estar, por tanto, en contra de sus convicciones.
La primera consideración es si la condición de abortiva está al albur de cualquiera o la definen las instituciones sanitarias pertinentes o la Organización Mundial de la Salud. Reduciendo al absurdo, un ferretero podría objetar la venta de cuchillos de cocina por considerarlas armas blancas, o incluso alguien podría denunciar por tráfico de armas a un banco que por abrir una cuenta regala un lote de cuchillos.
Constitucionalizar que la consideración personal de cada uno pueda definir que lo que la OMS considera anticonceptivo es abortivo, nos llevaría a cientos de situaciones imprevisibles que crearían inseguridad entre los usuarios de los servicios.
Por otra parte, el derecho a la objeción de conciencia no puede ser nunca absoluto y prevalecer siempre sobre los derechos de los demás. Se dice que la usuaria a quien se le denegó la dispensación tuvo la opción de acudir a otra farmacia. Y puede que en este caso fuese así. Pero, ¿Qué pasaría si habitase una zona aislada (pongamos una isla pequeña escasamente habitada) donde no hubiese fácil acceso a otra farmacia? ¿O si todas las farmacias de una amplia zona geográfica objetaran? ¿Limita la geografía el derecho de objeción?
Una de las situaciones típicas de la objeción de conciencia fue, en su día, la objeción al servicio militar obligatorio. Pero este derecho tenía una contrapartida que no ponía a quien lo ejercía en una posición mejor que a quien no. Había que hacer una prestación social substitutoria. Pero imaginemos ahora que en el ejército profesional, una persona accede a un puesto de trabajo en él, pero objeta al uso de armas o participar en operaciones militares. Volvemos al absurdo.
Porque, reconociendo el derecho personal a la objeción de conciencia, este debe decaer cuando se ejerce un servicio público o públicamente regulado. Si yo soy médico y no quiero practicar abortos legales, puedo dedicarme a la medicina interna o a la hostelería, pero no copar las plazas de ginecología impidiendo un derecho de los usuarios.
¿Permitiríamos que un testigo de jehová, que objetan contra la transfusión sanguínea, impusiese su criterio moral en un quirófano?
Rafa Castillo.
La primera consideración es si la condición de abortiva está al albur de cualquiera o la definen las instituciones sanitarias pertinentes o la Organización Mundial de la Salud. Reduciendo al absurdo, un ferretero podría objetar la venta de cuchillos de cocina por considerarlas armas blancas, o incluso alguien podría denunciar por tráfico de armas a un banco que por abrir una cuenta regala un lote de cuchillos.
Constitucionalizar que la consideración personal de cada uno pueda definir que lo que la OMS considera anticonceptivo es abortivo, nos llevaría a cientos de situaciones imprevisibles que crearían inseguridad entre los usuarios de los servicios.
Por otra parte, el derecho a la objeción de conciencia no puede ser nunca absoluto y prevalecer siempre sobre los derechos de los demás. Se dice que la usuaria a quien se le denegó la dispensación tuvo la opción de acudir a otra farmacia. Y puede que en este caso fuese así. Pero, ¿Qué pasaría si habitase una zona aislada (pongamos una isla pequeña escasamente habitada) donde no hubiese fácil acceso a otra farmacia? ¿O si todas las farmacias de una amplia zona geográfica objetaran? ¿Limita la geografía el derecho de objeción?
Una de las situaciones típicas de la objeción de conciencia fue, en su día, la objeción al servicio militar obligatorio. Pero este derecho tenía una contrapartida que no ponía a quien lo ejercía en una posición mejor que a quien no. Había que hacer una prestación social substitutoria. Pero imaginemos ahora que en el ejército profesional, una persona accede a un puesto de trabajo en él, pero objeta al uso de armas o participar en operaciones militares. Volvemos al absurdo.
Porque, reconociendo el derecho personal a la objeción de conciencia, este debe decaer cuando se ejerce un servicio público o públicamente regulado. Si yo soy médico y no quiero practicar abortos legales, puedo dedicarme a la medicina interna o a la hostelería, pero no copar las plazas de ginecología impidiendo un derecho de los usuarios.
¿Permitiríamos que un testigo de jehová, que objetan contra la transfusión sanguínea, impusiese su criterio moral en un quirófano?
Rafa Castillo.
miércoles, 1 de julio de 2015
Los referéndums los carga el diablo.
Ya fue un debate cuando se restauró la democracia en España. No en vano la Ley del Referéndum Nacional era una de las seis Leyes Fundamentales (pseudoconstitución) del Movimiento Nacional. Y que recuerde Franco la utilizó dos veces, con un éxito tan sonado que en España había más franquistas que habitantes. Pero es indudable que, descontando el probable pucherazo, una amplísima mayoría de ciudadanos participaba y votaba a favor.
La institución del referéndum se dota siempre de un indudable carácter plebiscitario, y por tanto maniqueo. Buenos y malos, o conmigo o contra mí. Por eso es habitual que las dictaduras y los populismos intermedios entre dictadura y democracia los utilicen. El ciudadano vota normalmente no con la cabeza sino con el corazón, movido por emociones y no por la razón.
Ello no quiere decir que no tenga madurez para votar. Nada más lejos de mi voluntad que poner en duda la democracia y todos sus instrumentos. Pero el mundo de hoy es muy complejo y es difícil encontrar problemas cuya solución sea tan fácil como un sí o un no. E igual que me asustan los políticos predecibles como Rajoy, aquellos que ya saben la solución antes de que se plantee el problema, y prefiero a los que piensan, reflexionan, consultan y luego resuelven, tampoco me considero capacitado, y como yo la mayoría de ciudadanos, para saber siempre que es lo mejor.
Yo creo que las democracias occidentales, totalmente perfectibles y necesitadas de regeneración, nos dan, sin embargo, la mejor solución. Cuando votamos a un partido político votamos por un sentimiento que representa, pero también a una trayectoria, una historia, un ideario, un programa y unas propuestas. Y a unas personas visibles en las que depositamos nuestra confianza en que actúen en nuestro nombre siguiendo aquellos condicionantes. Puede fallar, pero es corregible. Por eso las elecciones son periódicas.
Y es que además la política hace extraños compañeros de cama, o, dicho de otro modo, hace a extraños, compañeros de cama. La situación que vivimos trae en parte su origen en el Referéndum en Francia sobre el proyecto de Constitución Europea. Y en aquel Referéndum votaron el contra tantos los ultranacionalistas de Le Pen, que no querían Europa, como elementos de la izquierda que querían más Europa. Y al final, no hubo Europa. No cabe duda que un debate y negociación en la Asamblea Nacional Francesa hubiese propiciado un acuerdo entre los partidarios de la Constitución y los de mayor integración.
Y ahora tenemos el Referéndum griego. Y, reconociendo que los griegos tienen el mismo derecho que tuvieron los franceses a decidir su futuro, me asusta ver en el mismo bando de Syriza a los fascistas de Amanecer Dorado. Otra vez un extraño en mi cama. Y luego hay que ver como se gestiona con ellos ese resultado.
Ocurre además que Grecia, como antes Francia, no lo olvidemos, va a decidir en su Referéndum el futuro de todos. Como pretende hacerlo también Cameron en el reino Unido.
Entonces, después de ver la troica, las instituciones, los bancos, algunos gobiernos egoístas y pueblos que deciden unilateralmente el destino de todos, mi pregunta es: ¿Alguien sabe donde está el Parlamento Europeo? ¿Y por qué no un Referéndum de todos los ciudadanos europeos en circunscripción única sin territorializar los resultados sobre la Europa que queremos construir?
Y por supuesto. En el Referéndum griego votaré (si pudiese) NO.
Rafa Castillo.
La institución del referéndum se dota siempre de un indudable carácter plebiscitario, y por tanto maniqueo. Buenos y malos, o conmigo o contra mí. Por eso es habitual que las dictaduras y los populismos intermedios entre dictadura y democracia los utilicen. El ciudadano vota normalmente no con la cabeza sino con el corazón, movido por emociones y no por la razón.
Ello no quiere decir que no tenga madurez para votar. Nada más lejos de mi voluntad que poner en duda la democracia y todos sus instrumentos. Pero el mundo de hoy es muy complejo y es difícil encontrar problemas cuya solución sea tan fácil como un sí o un no. E igual que me asustan los políticos predecibles como Rajoy, aquellos que ya saben la solución antes de que se plantee el problema, y prefiero a los que piensan, reflexionan, consultan y luego resuelven, tampoco me considero capacitado, y como yo la mayoría de ciudadanos, para saber siempre que es lo mejor.
Yo creo que las democracias occidentales, totalmente perfectibles y necesitadas de regeneración, nos dan, sin embargo, la mejor solución. Cuando votamos a un partido político votamos por un sentimiento que representa, pero también a una trayectoria, una historia, un ideario, un programa y unas propuestas. Y a unas personas visibles en las que depositamos nuestra confianza en que actúen en nuestro nombre siguiendo aquellos condicionantes. Puede fallar, pero es corregible. Por eso las elecciones son periódicas.
Y es que además la política hace extraños compañeros de cama, o, dicho de otro modo, hace a extraños, compañeros de cama. La situación que vivimos trae en parte su origen en el Referéndum en Francia sobre el proyecto de Constitución Europea. Y en aquel Referéndum votaron el contra tantos los ultranacionalistas de Le Pen, que no querían Europa, como elementos de la izquierda que querían más Europa. Y al final, no hubo Europa. No cabe duda que un debate y negociación en la Asamblea Nacional Francesa hubiese propiciado un acuerdo entre los partidarios de la Constitución y los de mayor integración.
Y ahora tenemos el Referéndum griego. Y, reconociendo que los griegos tienen el mismo derecho que tuvieron los franceses a decidir su futuro, me asusta ver en el mismo bando de Syriza a los fascistas de Amanecer Dorado. Otra vez un extraño en mi cama. Y luego hay que ver como se gestiona con ellos ese resultado.
Ocurre además que Grecia, como antes Francia, no lo olvidemos, va a decidir en su Referéndum el futuro de todos. Como pretende hacerlo también Cameron en el reino Unido.
Entonces, después de ver la troica, las instituciones, los bancos, algunos gobiernos egoístas y pueblos que deciden unilateralmente el destino de todos, mi pregunta es: ¿Alguien sabe donde está el Parlamento Europeo? ¿Y por qué no un Referéndum de todos los ciudadanos europeos en circunscripción única sin territorializar los resultados sobre la Europa que queremos construir?
Y por supuesto. En el Referéndum griego votaré (si pudiese) NO.
Rafa Castillo.
miércoles, 17 de junio de 2015
la dimisión de Zapata
Por contar unos chistes negros de mal gusto través de twitter, presentó su dimisión, antes de las 48 horas de mandato, el concejal de cultura del ayuntamiento de Madrid, Guillermo Zapata. Y está bien. E hizo bien. Si se quiere establecer un nivel alto en la ética y la estética en política, hay que empezar por la coherencia. Ojalá este sea el listón por el que se midan todos. Que no será. Y ojalá, quienes más exigentes fueron, apliquen, en si mismos y en los suyos, el mismo baremo. Que no lo harán.
Y claro, el mal gusto no es causa de dimisión, pero está bien dimitir por un chiste negro. Lástima que no se dimita por una tarjeta negra, por dinero negro o por financiación en negro. Hasta en el racismo hay tonos y matices.
Pero yo me quiero hacer una pregunta a mi mismo. Y quiero que todos se la hagan. Más que nada por aquello de quien tiene que tirar la primera piedra. No vaya a ser que entre todos estemos apedreando a Zapata, tal vez no sin motivos, pero si injustamente.
No soy racista, xenófobo, sexista, homófobo ni partidario de ningún tipo de diferenciación. Pero, ¿quién de nosotros, y yo el primero, no se rio (o contó) con chistes de negros, judíos, gitanos, maricones (o mariquitas), machistas… ¿Quién no rio con los chistes de gangosos de Arévalo? Es más, quien de niño no se rio alguna vez de un (no de un chiste) discapacitado, físico o psíquico? La ventaja que tuvimos muchos es que entonces no había twitter.
Zapata dimitió, para algunos suficiente, para otros no. Para mi, de forma elegante. Nos evitó la escena tan habitual de pido perdón, hice mal… pero tú más. Y como no lo hizo, sin compartir su militancia, lo voy a hacer yo por él.
Capón, alcalde de Baralla dijo que los condenados en el franquismo, algo harían. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo cuando el Prestige, son hilillos de plastelina. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Trillo dijo que veía las playas de Galicia, cuando el Prestige, explendorosas. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Andrea Fabra berreó en el Congreso (sobre los parados) aquel “que se jodan. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Pablo Casado dijo “Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Esperanza Aguirre dijo que había que retiran los pobres de la calle porque son mala imagen para el turismo. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo: Europa no nos pone condiciones, soy yo quien se las pongo a ellos. Y se fue al fútbol. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rafael Hernando dijo que algunos se han acordado de su padre, parece ser, cuando había subvenciones para encontrarle. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo que no sabía si las cuchillas de las vallas de Melilla podían hacer daño a los inmigrantes. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Marta Casado García dijo "¿Y tú? ¡Casada con un negro! ¡No sé qué es peor! A veces habla quien más tiene que callar”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo: Se fuerte, Luis (Bárcenas). Mañana te llamo. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Teófila Martínez dijo aquello de “piden ayudas para comer y resulta que tienen cuentas en twitter, y eso, que yo sepa, cuesta dinero”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Montoro dijo: tantas cosas… Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
El alcalde anterior de Badalona dijo que iba a limpiar la ciudad (de inmigrantes). Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo, en España ya nadie habla del paro. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Alguien dijo: Ay de vosotros, fariseos hipócritas, que veis la paja en el ojo ajeno, pero no veis la viga en el vuestro. Y nadie del PP (que se declaran sus seguidores y defensores) dimitió. Seguro que pensaron que era un chiste.
Rafa Castillo.
Y claro, el mal gusto no es causa de dimisión, pero está bien dimitir por un chiste negro. Lástima que no se dimita por una tarjeta negra, por dinero negro o por financiación en negro. Hasta en el racismo hay tonos y matices.
Pero yo me quiero hacer una pregunta a mi mismo. Y quiero que todos se la hagan. Más que nada por aquello de quien tiene que tirar la primera piedra. No vaya a ser que entre todos estemos apedreando a Zapata, tal vez no sin motivos, pero si injustamente.
No soy racista, xenófobo, sexista, homófobo ni partidario de ningún tipo de diferenciación. Pero, ¿quién de nosotros, y yo el primero, no se rio (o contó) con chistes de negros, judíos, gitanos, maricones (o mariquitas), machistas… ¿Quién no rio con los chistes de gangosos de Arévalo? Es más, quien de niño no se rio alguna vez de un (no de un chiste) discapacitado, físico o psíquico? La ventaja que tuvimos muchos es que entonces no había twitter.
Zapata dimitió, para algunos suficiente, para otros no. Para mi, de forma elegante. Nos evitó la escena tan habitual de pido perdón, hice mal… pero tú más. Y como no lo hizo, sin compartir su militancia, lo voy a hacer yo por él.
Capón, alcalde de Baralla dijo que los condenados en el franquismo, algo harían. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo cuando el Prestige, son hilillos de plastelina. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Trillo dijo que veía las playas de Galicia, cuando el Prestige, explendorosas. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Andrea Fabra berreó en el Congreso (sobre los parados) aquel “que se jodan. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Pablo Casado dijo “Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Esperanza Aguirre dijo que había que retiran los pobres de la calle porque son mala imagen para el turismo. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo: Europa no nos pone condiciones, soy yo quien se las pongo a ellos. Y se fue al fútbol. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rafael Hernando dijo que algunos se han acordado de su padre, parece ser, cuando había subvenciones para encontrarle. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo que no sabía si las cuchillas de las vallas de Melilla podían hacer daño a los inmigrantes. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Marta Casado García dijo "¿Y tú? ¡Casada con un negro! ¡No sé qué es peor! A veces habla quien más tiene que callar”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo: Se fuerte, Luis (Bárcenas). Mañana te llamo. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Teófila Martínez dijo aquello de “piden ayudas para comer y resulta que tienen cuentas en twitter, y eso, que yo sepa, cuesta dinero”. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Montoro dijo: tantas cosas… Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
El alcalde anterior de Badalona dijo que iba a limpiar la ciudad (de inmigrantes). Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Rajoy dijo, en España ya nadie habla del paro. Y no dimitió. Porque supongo que era un chiste. Si no, sería peor.
Alguien dijo: Ay de vosotros, fariseos hipócritas, que veis la paja en el ojo ajeno, pero no veis la viga en el vuestro. Y nadie del PP (que se declaran sus seguidores y defensores) dimitió. Seguro que pensaron que era un chiste.
Rafa Castillo.
viernes, 12 de junio de 2015
Fusionar ayuntamientos?
Ayer estuve en Santiago en unas jornadas sobre sostenibilidad financiera y reforma de las entidades locales. El primer ponente, catedrático de derecho administrativo en la Universidad de Valladolid, afirmó que no estaba de acuerdo con que los ayuntamientos tuviesen servicios diferentes según tramos de población, si no que todos los ciudadanos deberían de tener los mismos. Y claro. Nada que objetar.
Lo malo que esa afirmación la usaba como coartada para defender su tesis. La conveniencia de agrupar ayuntamientos para que así todos viviésemos en grandes ayuntamientos y por tanto tuviésemos todos los servicios. Y como eso es difícil de lograr voluntariamente, debe de ser impuesto por el legislador. Afirmaba que los vecinos se oponían por razones sentimentales y contestaba, entre risas, que la fusión de ayuntamientos no implicaba necesariamente el traslado de los cementerios. Concluía que no se puede perder la racionalidad por el sentimentalismo.
Me quedé con ganas de contestarle, pero no tuve ocasión. Por eso lo haré aquí. No son motivos sentimentales los que hacen que los vecinos de los pequeños ayuntamientos se opongan a su fusión o absorción. Son motivos racionales. Muy racionales.
En principio no veo grandes ventajas a la fusión. A ver. Aunque fusionasen A Pobra do Brollón con Madrid, efectivamente, en mi ayuntamiento (fusionado) tendríamos en Museo del Pardo, pero seguiría a 500Km. de mi casa. O si la unión fuese con Monforte de Lemos, tendríamos piscina municipal, pero seguiría a 15Km. Ni uno menos.
Se abaratarían los servicios? No creo. Recoger la basura exigiría los mismos recorridos y por tanto el mismo gasto. Harían falta los mismos puntos de luz, y no habría forma de reducir, ni por economías de escala, los quilómetros del servicio de agua. El único ahorro sería en sueldos de corporativos. Pongamos que unos 20€ por habitante, de media.
Pero lo que los vecinos saben es que tras el cierre del ayuntamiento vendría el cierre del colegio. Y los alumnos tendrían que hacer cada día, entre ida y vuelta, 30Km. más hasta Monforte. Y media hora más. Y el cierre del centro de salud. Otros 30km. por visita. Unas 6 de media al año? 180Km. más o menos. 36€. Ya salimos perdiendo.
Y lo que no saben los teóricos de la eficiencia, porque desconocen la realidad social de los pueblos, pero si lo saben bien los vecinos, es que en poco tiempo cerrarían los nueve establecimientos de hostelería del municipio, las dos farmacias, los dos estancos, los tres supermercados, las dos mercerías, la comercial agrícola, el bazar de material eléctrico, las cuatro sucursales bancarias, la gestoría y la oficina de representación de orquestas.
Se puede estimar que de los 1.800 habitantes del ayuntamiento unos 200 se irían a vivir a Monforte. Para los 1.600 restantes, comprar tabaco o medicinas, hacer una gestión bancaria o tomar una cerveza con los amigos tendrá un coste adicional de seis euros cada vez. Pura economía. Porque no viven aquí porque quieren. Sus casas no son segundas viviendas de adinerados de la capital que buscan fines de semana bucólicos. Aquí tienen sus casas, sus tierras, su pequeña explotación agraria. Su vida.
Y para los que se tengan que ir, las cosas no serán más fáciles. Tendrán que alquilar un piso en Monforte (donde aumentarán los precios de alquiler ante la demanda de todos los que vayan de los ayuntamientos vecinos), pero mantendrán su casa en el pueblo por la que seguirán pagando la contribución y servicios como el de recogida de basuras. Y la energía eléctrica.
Pero es que además, en Galicia, esto tiene un “valor añadido”. En A Pobra, por ejemplo existe un pueblo que se llama Biduedo, en la parroquia de Óutara. Dos casas habitadas y cuatro habitantes en total. A mitad de camino entre A Pobra y O Incio. Es una de las 108 entidades singulares de población que componen el municipio. Seguramente el alcalde y todos los concejales saben donde está. Y lo conocen y saben sus carencias.
Cuando ocho ayuntamientos próximos se integren en Monforte, este macromunicipio podrá tener más de 1.000 entidades de población. Y, por superdotados que sean, ningún concejal de Monforte conocerá los pueblos del ayuntamiento ni sus problemas. Cuando uno de los cuatro habitantes de Biduedo vaya al ayuntamiento a interesarse por el camino de acceso a su casa, tendrá que llevar un mapa para explicar donde está. Esto también lo ven los vecinos, y tampoco es sentimentalismo.
Al final, y esto deberían de saberlo los urbanitas, los pequeños ayuntamientos no son un derroche. Son una necesidad. Y el gasto que supone solventarla se llama solidaridad.
Palabra que desconocen los teóricos de la eficiencia.
Rafa Castillo.
Lo malo que esa afirmación la usaba como coartada para defender su tesis. La conveniencia de agrupar ayuntamientos para que así todos viviésemos en grandes ayuntamientos y por tanto tuviésemos todos los servicios. Y como eso es difícil de lograr voluntariamente, debe de ser impuesto por el legislador. Afirmaba que los vecinos se oponían por razones sentimentales y contestaba, entre risas, que la fusión de ayuntamientos no implicaba necesariamente el traslado de los cementerios. Concluía que no se puede perder la racionalidad por el sentimentalismo.
Me quedé con ganas de contestarle, pero no tuve ocasión. Por eso lo haré aquí. No son motivos sentimentales los que hacen que los vecinos de los pequeños ayuntamientos se opongan a su fusión o absorción. Son motivos racionales. Muy racionales.
En principio no veo grandes ventajas a la fusión. A ver. Aunque fusionasen A Pobra do Brollón con Madrid, efectivamente, en mi ayuntamiento (fusionado) tendríamos en Museo del Pardo, pero seguiría a 500Km. de mi casa. O si la unión fuese con Monforte de Lemos, tendríamos piscina municipal, pero seguiría a 15Km. Ni uno menos.
Se abaratarían los servicios? No creo. Recoger la basura exigiría los mismos recorridos y por tanto el mismo gasto. Harían falta los mismos puntos de luz, y no habría forma de reducir, ni por economías de escala, los quilómetros del servicio de agua. El único ahorro sería en sueldos de corporativos. Pongamos que unos 20€ por habitante, de media.
Pero lo que los vecinos saben es que tras el cierre del ayuntamiento vendría el cierre del colegio. Y los alumnos tendrían que hacer cada día, entre ida y vuelta, 30Km. más hasta Monforte. Y media hora más. Y el cierre del centro de salud. Otros 30km. por visita. Unas 6 de media al año? 180Km. más o menos. 36€. Ya salimos perdiendo.
Y lo que no saben los teóricos de la eficiencia, porque desconocen la realidad social de los pueblos, pero si lo saben bien los vecinos, es que en poco tiempo cerrarían los nueve establecimientos de hostelería del municipio, las dos farmacias, los dos estancos, los tres supermercados, las dos mercerías, la comercial agrícola, el bazar de material eléctrico, las cuatro sucursales bancarias, la gestoría y la oficina de representación de orquestas.
Se puede estimar que de los 1.800 habitantes del ayuntamiento unos 200 se irían a vivir a Monforte. Para los 1.600 restantes, comprar tabaco o medicinas, hacer una gestión bancaria o tomar una cerveza con los amigos tendrá un coste adicional de seis euros cada vez. Pura economía. Porque no viven aquí porque quieren. Sus casas no son segundas viviendas de adinerados de la capital que buscan fines de semana bucólicos. Aquí tienen sus casas, sus tierras, su pequeña explotación agraria. Su vida.
Y para los que se tengan que ir, las cosas no serán más fáciles. Tendrán que alquilar un piso en Monforte (donde aumentarán los precios de alquiler ante la demanda de todos los que vayan de los ayuntamientos vecinos), pero mantendrán su casa en el pueblo por la que seguirán pagando la contribución y servicios como el de recogida de basuras. Y la energía eléctrica.
Pero es que además, en Galicia, esto tiene un “valor añadido”. En A Pobra, por ejemplo existe un pueblo que se llama Biduedo, en la parroquia de Óutara. Dos casas habitadas y cuatro habitantes en total. A mitad de camino entre A Pobra y O Incio. Es una de las 108 entidades singulares de población que componen el municipio. Seguramente el alcalde y todos los concejales saben donde está. Y lo conocen y saben sus carencias.
Cuando ocho ayuntamientos próximos se integren en Monforte, este macromunicipio podrá tener más de 1.000 entidades de población. Y, por superdotados que sean, ningún concejal de Monforte conocerá los pueblos del ayuntamiento ni sus problemas. Cuando uno de los cuatro habitantes de Biduedo vaya al ayuntamiento a interesarse por el camino de acceso a su casa, tendrá que llevar un mapa para explicar donde está. Esto también lo ven los vecinos, y tampoco es sentimentalismo.
Al final, y esto deberían de saberlo los urbanitas, los pequeños ayuntamientos no son un derroche. Son una necesidad. Y el gasto que supone solventarla se llama solidaridad.
Palabra que desconocen los teóricos de la eficiencia.
Rafa Castillo.
jueves, 21 de mayo de 2015
Mariano Polifemo
Según la Odisea de Homero, Ulises era el hombre más astuto del mundo, capaz de engañar a los mismos dioses. Uno de sus engaños más conocidos fue el famoso Caballo de Troya que le permitió entrar clandestinamente en la ciudad y derrotarla.
En su regreso a Ítaca, Ulises y sus compañeros llegan a la isla de los cíclopes donde son capturados por Polifemo, hijo de Poseidón. Cuando este le pregunta su nombre, Ulises le dice que se llama Nadie.
Para escapar de su prisión, Odiseo emborracha al cíclope y consigue cegar su único ojo. Así logran salir de la cueva ocultos bajo las ovejas cuando Polifemo las sacó a pastorear. Al darse cuenta del engaño Polifemo pide ayuda a sus vecinos. Cuando estos le preguntan quien fue el que lo cegó y engañó, el cíclope contesta, Nadie me hirió y me engañó, por lo que los otros le responden: si nadie te hirió ni te engañó, ¿para qué pides ayuda?
Mariano Rajoy dice: En España ya Nadie habla del paro.
Rafa Castillo.
En su regreso a Ítaca, Ulises y sus compañeros llegan a la isla de los cíclopes donde son capturados por Polifemo, hijo de Poseidón. Cuando este le pregunta su nombre, Ulises le dice que se llama Nadie.
Para escapar de su prisión, Odiseo emborracha al cíclope y consigue cegar su único ojo. Así logran salir de la cueva ocultos bajo las ovejas cuando Polifemo las sacó a pastorear. Al darse cuenta del engaño Polifemo pide ayuda a sus vecinos. Cuando estos le preguntan quien fue el que lo cegó y engañó, el cíclope contesta, Nadie me hirió y me engañó, por lo que los otros le responden: si nadie te hirió ni te engañó, ¿para qué pides ayuda?
Mariano Rajoy dice: En España ya Nadie habla del paro.
Rafa Castillo.
domingo, 10 de mayo de 2015
¿Un país ingobernable?
El tacticismo electoral que practican tanto los viejos como los nuevos partidos, que tras unas elecciones actúan en función de las siguientes, y la fragmentación del nuevo mapa político, amenazan con hacer ingobernables los ayuntamientos y comunidades del país, teniendo en cuenta el calendario electoral.
Lo que está ocurriendo en Andalucía es muy sintomático. Cuando Ciudadanos de Andalucía ya anunciaba su abstención en la segunda votación, llegó Albert Rivera y mando a parar. Decantarse antes del 24-M sería descubrir las cartas y posiblemente frenar su vertiginoso ascenso electoral. Y el pretexto fue dar una nueva vuelta de tuerca y pedir lo imposible. Imposible porque primero, nadie puede privar a Chaves o Griñán de su acta de diputado o senador porque es personal. El partido solo puede decidir no presentarlos en las próximas elecciones, pero no hacerlos dimitir.
Claro que se podría expulsarlos del partido y que pasen al grupo mixto. Pero si analizamos el tema fríamente, lejos de la actual vorágine, tendremos que concluir que, comparativa y objetivamente su nivel de imputación es aún débil. El instructor aún no se ha pronunciado después de sus declaraciones. Y sería prudente esperar ese pronunciamiento antes de tomar una medida definitiva. Y sin que esto suponga poner ni una uña en el fuego por ninguno de ellos. Claro que también podríamos fusilarlos al amanecer.
Pero, la derivada a futuros es el objeto de este análisis. ¿Mantendrá Ciudadanos su nivel de exigencia después del 24-M o la relajará? Porque, con los resultados que apuntan las encuestas electorales, la situación puede ser kafkiana. Por ejemplo, en Madrid y Valencia, capital y comunidad autónoma, se prevé una mayoría insuficiente del PP que solo se podría completar con el apoyo de Ciudadanos. La alternativa de que hubiese un gobierno alternativo se antoja inviable por su complejidad, el amplio espectro ideológico que implica y las tensas relaciones entre Ciudadanos y Podemos.
En estas circunstancias, y ante las elecciones generales de noviembre y las catalanas de septiembre, ¿permitirá Ciudadanos un gobierno del PP? ¿Exigirá, por ejemplo, la renuncia de Rita Barberá o de Esperanza Aguirre que a la sazón serán recientemente refrendadas, y, nos guste o no, políticamente legitimadas por las urnas?
¿Cuál es el punto de inflexión de la coherencia?
Rafa Castillo.
Lo que está ocurriendo en Andalucía es muy sintomático. Cuando Ciudadanos de Andalucía ya anunciaba su abstención en la segunda votación, llegó Albert Rivera y mando a parar. Decantarse antes del 24-M sería descubrir las cartas y posiblemente frenar su vertiginoso ascenso electoral. Y el pretexto fue dar una nueva vuelta de tuerca y pedir lo imposible. Imposible porque primero, nadie puede privar a Chaves o Griñán de su acta de diputado o senador porque es personal. El partido solo puede decidir no presentarlos en las próximas elecciones, pero no hacerlos dimitir.
Claro que se podría expulsarlos del partido y que pasen al grupo mixto. Pero si analizamos el tema fríamente, lejos de la actual vorágine, tendremos que concluir que, comparativa y objetivamente su nivel de imputación es aún débil. El instructor aún no se ha pronunciado después de sus declaraciones. Y sería prudente esperar ese pronunciamiento antes de tomar una medida definitiva. Y sin que esto suponga poner ni una uña en el fuego por ninguno de ellos. Claro que también podríamos fusilarlos al amanecer.
Pero, la derivada a futuros es el objeto de este análisis. ¿Mantendrá Ciudadanos su nivel de exigencia después del 24-M o la relajará? Porque, con los resultados que apuntan las encuestas electorales, la situación puede ser kafkiana. Por ejemplo, en Madrid y Valencia, capital y comunidad autónoma, se prevé una mayoría insuficiente del PP que solo se podría completar con el apoyo de Ciudadanos. La alternativa de que hubiese un gobierno alternativo se antoja inviable por su complejidad, el amplio espectro ideológico que implica y las tensas relaciones entre Ciudadanos y Podemos.
En estas circunstancias, y ante las elecciones generales de noviembre y las catalanas de septiembre, ¿permitirá Ciudadanos un gobierno del PP? ¿Exigirá, por ejemplo, la renuncia de Rita Barberá o de Esperanza Aguirre que a la sazón serán recientemente refrendadas, y, nos guste o no, políticamente legitimadas por las urnas?
¿Cuál es el punto de inflexión de la coherencia?
Rafa Castillo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)