domingo, 11 de noviembre de 2012

Alza los ojos, Hanna!

“Lo siento, pero no quiero ser emperador. Eso no me va. No quiero gobernar o conquistar a nadie. Me gustaría ayudar a todo el mundo, si fuera posible: a judíos y gentiles; a negros y blancos. Todos queremos ayudarnos mutuamente. Los seres humanos son así. Queremos vivir para la felicidad y no para la miseria ajena. No queremos odiarnos y despreciarnos mutuamente. En este mundo hay sitio para todos. Y la buena tierra es rica y puede proveer a todos.
El camino de la vida puede ser libre y bello; pero hemos perdido ese camino. La avaricia ha envenenado las almas de los hombres, ha levantado en el mundo barricadas de odio, nos ha llevado al paso de la oca a la miseria y a la matanza. Hemos aumentado la velocidad. Pero nos hemos encerrado nosotros mismos dentro de ella. La maquinaria, que proporciona abundancia, nos ha dejado en la indigencia. Nuestra ciencia nos ha hecho cínicos; nuestra inteligencia, duros y faltos de sentimientos. Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, necesitamos amabilidad y cortesía. Sin estas cualidades, la vida será violenta y todo se perderá.
El avión y la radio nos han aproximado más. La verdadera naturaleza de estos adelantos clama por la bondad en el hombre, clama por la fraternidad universal, por la unidad de todos nosotros. Incluso ahora, mi voz está llegando a millones de seres de todo el mundo, a millones de hombres, mujeres y niños desesperados, víctimas de un sistema que tortura a los hombres y encarcela a personas inocentes. A aquellos que puedan oírme, les digo: “No desesperéis”.
La desgracia que nos ha caído encima no es más que el paso de la avaricia, la amargura de los hombres, que temen el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará, y los dictadores morirán, y el poder que arrebataron al pueblo volverá al pueblo. Y mientras los hombres mueren, la libertad no perecerá jamás.
¡Soldados! ¡No os entreguéis a esos bestias, que os desprecian, que os esclavizan, que gobiernan vuestras vidas; diciéndoos qué hacer, qué pensar o qué sentir! Que os obligan a hacer la instrucción, que os mal alimentan, que os tratan como a ganado y os utilizan como carne de cañón. ¡No os entreguéis a esos hombres desnaturalizados, a esos hombres-máquina con inteligencia y corazones de máquina! ¡Vosotros no sois máquinas! ¡Sois hombres! ¡Con el amor de la humanidad en vuestros corazones! ¡No odiéis! ¡Sólo aquellos que no son amados odian, los que no son amados y los desnaturalizados!
¡Soldados! ¡No luchéis por la esclavitud! ¡Luchad por la libertad!
En el capítulo diecisiete de san Lucas está escrito que el reino de Dios se halla dentro del hombre, ¡no de un hombre o de un grupo de hombres, sino de todos los hombres! ¡En vosotros! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder, el poder de crear máquinas. ¡El poder de crear felicidad! Vosotros, el pueblo, tenéis el poder de hacer que esta vida sea libre y bella, de hacer de esta vida una maravillosa aventura. Por tanto, en nombre de la democracia, empleemos ese poder, unámonos todos. Lucharemos por un mundo nuevo, por un mundo digno, que dará a los hombres la posibilidad de trabajar, que dará a la juventud un futuro y a los ancianos seguridad.
Prometiéndoos todo esto, las bestias han subido al poder. Pero mienten No han cumplido esa promesa. ¡Ni la cumplirán! Los dictadores se dan libertad a sí mismos, pero esclavizan al pueblo. Ahora, unámonos para liberar el mundo, para terminar con las barreras nacionales, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia. Luchemos por un mundo de la razón, un mundo en el que la ciencia y el progreso lleven la felicidad a todos nosotros. ¡Soldados, en nombre de la democracia, unámonos!
Hannah, ¿puedes oírme? Dondequiera que estés, alza los ojos. ¡Mira, Hannah! ¡Las nubes están desapareciendo! El sol se está abriendo paso a través de ellas. Estamos saliendo de la oscuridad y penetrando en la luz.¡Estamos entrando en un mundo nuevo, un mundo más amable, donde los hombres se elevarán sobre su avaricia, su odio y su brutalidad! ¡Mira, Hannah! ¡Han dado alas al alma del hombre y, por fin, empieza a volar! ¡Vuela hacia el arco iris, hacia la luz de la esperanza! ¡Alza los ojos, Hannah! ¡Alza los ojos!”

Rafa Castillo.

viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Cuándo tomaremos la Bastilla?

Hace unos días me quemaba el suicidio de un hombre la noche anterior al desahucio de su vivienda, en la que se encontraron el equipo judicial que iba a desalojarlo con el que levantaba su cadáver.
Hoy ha muerto una heroína. Una mujer ex-concejal, casada con otro ex-concejal y madre de un joven de 21 años. Podría citar por que partido fueron concejales, pero es igual. Solo lo digo para que se vea que no era una indocumentada. Que, para mí, aunque lo fuese sería igual.
Creo que ha sido una heroína porque su acto de arrojarse cuando estaban ya allí los del juzgado, pretendía seguramente, llamar la atención sobre su caso de forma que los bancos y sus hipócritas dirigentes no se atrevieran ya a ejecutar el desahucio. Con su gesto sacrificado salvó a su pareja y seguramente los estudios de su hijo.
Pero lo que esa admirable mujer dejó de manifiesto es lo intolerable de esta situación. Salvamos los bancos como si fuesen nuestros hijos. Por ellos sacrificamos nuestro bienestar y felicidad, nuestra sanidad y la investigación, la educación y el futuro de nuestros hijos, el cuidado y tranquilidad de nuestros viejos, nuestro trabajo, nuestro horario y los derechos sociales logrados con tanto esfuerzo. Nuestra casa que ellos valoraron a nuestra costa y que ahora vale la mitad pero pagamos doble.
Y ahora, si tenemos unas preferentes que vencen en el 3000, nos quedan 988 años para cobrarlas. Ellos nos lo dijeron, ellos nos mintieron y nosotros nos jodemos. Pero si compramos un piso al precio que ellos valoraron y con la hipoteca que ellos señalaron, ahí lo firmado por ellos no vale. No podemos decirles: si Vd. firmó que valía 200.000€... pues ahora se queda con ella y nos devuelve lo ya pagado.
No. Estamos salvando el monstruo que después nos devora. Nos jugamos todo por ellos y ellos nos dejan sin casa y debiéndoles. Y se llenan de propiedades que nunca podrán liquidar para justificar sus balances. Y cuando esos cientos de miles de viviendas vacías bajen de precio porque ninguno podremos comprarlas, quienes provocaron todo esto las comprarán para si mismos para volver a especular.
De verdad. Las manifestaciones y huelgas están bien. Y voy a ellas. Pero, ¿cuándo tomamos la bastilla?

Rafa Castillo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

¿Déficit de liderazgo o de programa?

Está estos días, tanto en el PsdeG como en el PSOE, produciéndose un debate sobre si tenemos un déficit de liderazgo o lo tenemos de programa. Es cierto que la mayoría de los que votan no lo hacen por el programa. Pero esos votos ya están repartidos. La cuestión es saber que esperan los que dejan de votarnos. Y yo creo que esperan un programa.
Y no me refiero a un tocho preparado para las elecciones, que nadie lee y que solo sirve para decir que lo tenemos. Me refiero a un compromiso direccional claro que seamos capaces de hacer creíble porque empecemos por creérnoslo nosotros.
Cuando ganamos hace 30 años, posiblemente nadie había leído el programa pero había una palabra clave, “cambio” que todos los ciudadanos sabían perfectamente lo que significaba viniendo del PSOE y lo que podían esperar. Igual que cuando el PP dice que quiere cambiar algo, todos los progresistas nos echamos a temblar. La pregunta es, ¿si hoy decimos cambio, los ciudadanos saben exactamente y de manera indubidable a que nos referimos?
Por eso creo que es necesario un urgente y reposado proceso congresual que empiece ya pero tarde en terminar. Un proceso en el que analicemos nuestros errores, no para flagelarnos, pero sí para superarlos. En el que nos abramos a las aportaciones de la gente, y en el que los militantes se sientan protagonistas escuchados.
Un proceso en el que elaboremos un contrato del partido con la sociedad. Un compromiso inequívoco de que nueva y definitivamente las personas estarán por encima de los bancos. De que recuperaremos el estado de bienestar que teníamos y lo seguiremos ampliando. De que a ese bienestar aportarán más los que más tienen para garantizar su financiación.
Un compromiso de que buscaremos una solución que haga a todos los pueblos de España sentirse cómodos y a gusto en nuestro país. De que impulsaremos con todos los socialistas de Europa, las reformas necesarias para que nuestra Europa retome el camino que llevaba, de ser la patria común de los ciudadanos europeos, y no un instrumento de dominio de los bancos.
Un compromiso de que impulsaremos, con todos los progresistas del mundo, unas nuevas reglas de juego en los mercados mundiales y en la globalización que permita que en el planeta propiedad de todos los hombres y mujeres del mundo, las personas y la solidaridad tengan más movilidad que los capitales.
Un compromiso de que lucharemos para que la competitividad en el comercio mundial se logre aumentando los derechos de los trabajadores, tendiendo a una nivelación por arriba y no por abajo como se hace ahora. Un compromiso de que la explotación de los recursos de todos se hará sin olvidar la protección del medio ambiente.
Un compromiso de que el comportamiento de nuestro partido, sus cargos y dirigentes será absolutamente incompatible con el nepotismo y la corrupción. De que los cargos, institucionales y del partido, no serán un medio de vida, sino un lugar desde el que trabajar para lograr la justicia social... Y podríamos seguir una amplia enumeración.
Por supuesto, tenemos que empezar por creernos nosotros mismos estos compromisos para hacérselos creíbles a los demás. Por eso debemos empezar por aumentar la democracia interna y como remate del proceso, dotarnos de una nueva dirección que pueda mostrar a los ciudadanos ese partido renovado y con savia nueva.
Un nuevo liderazgo del que estemos seguros que nunca podrá nadie encontrar un cadáver del pasado en su armario.

Rafa Castillo.

viernes, 26 de octubre de 2012

¡Basta ya!

Se preguntaba Bob Dylan en los años setenta cuantos caminos tiene que recorrer un hombre para que puedas llamarlo hombre. Y esa pregunta está muy de actualidad porque hemos llegado a un mundo tan deshumanizado que ya se hace difícil que se nos pueda llamar hombres o mujeres. Somos consumidores, trabajadores, parados o jubilados, factores de producción, elementos del mercado o agentes económicos, pero nos han llevado a un punto de tanto temor que ya no somos capaces de levantar la voz y decir ¡basta! pegando un puñetazo en la ventanilla del banco, en la mesa del explotador o en el alma de la especulación.
Hoy no voy a escribir de política. No puedo. Ni resaltar las debilidades de los míos ni condenar la mala fe de los otros. Hoy solo puedo hablar de lo más importante, de lo más trascendente, de aquello que solíamos llamar ser humano. Aquel al que le preocupaban hechos que hoy solo encuentran un pequeño recuadro en las páginas interiores de los periódicos o rellenan el tiempo que va de la economía y la política a los deportes en los telediarios. Hoy hay que hablar de la muerte.
No sé cuál de los partidos de la champions league se jugaba. Aquel autónomo veía el partido en casa de unos amigos. Seguramente, aunque externamente celebraba o lamentaba los goles (que más da), su mente estaba en otro sitio. No sé siquiera si estaba casado y tenía hijos. Ni me voy a preocupar de enterarme, porque no busco el morbo. En sus hijos, en su familia o en sí mismo. Allí estaba su pensamiento. En la vida que le esperaba, no en un genérico y lejano día de mañana, sino a partir del concreto día mañana.
Seguramente comentó con sus amigos las jugadas del partido mientras tomaba la última (bien sabía él que era la última) cerveza. Al despedirse tal vez mintió un hasta mañana, o quizás su subconsciente le hizo pronunciar un adiós premonitorio. No fue a casa. Seguramente vagó largas horas por las calles de Granada acariciando su trágica decisión y esperando encontrar tras cada esquina una solución que le salvase. Pero fue inútil.
¿Cómo había llegado a aquella situación? Mientras salvábamos la banca mundial con nuestro bienestar perdido, haciéndole pagar más impuestos a cambio de menos servicios, y causando seguramente pérdidas en su tienda por la caída del consumo, mientras la sociedad tenía piedad de los bancos, su banco no se apiadó de él. No buscó facilitarle las cosas, aplazar pagos, alargar plazos, ni siquiera aceptar la donación en pago de su vivienda. Fríamente contabilizaba sus impagos sumándolos con avaricia hasta el momento de poder ejecutar su hipoteca. Y había llegado el día.
A la mañana siguiente, después de que su hermano encontrase su cuerpo aún tibio colgado en el pequeño negocio que ambos compartían, se encontraron en su casa dos comitivas judiciales. La del juez de lo civil con su orden de embargo. La del juez de lo penal levantando su cadáver.
Y a este miserable occidente, aún vienen huyendo de su miseria gentes del tercer mundo que juegan sus vidas a la ruleta rusa de la patera.
¡Por favor! ¡Paren esto que quiero apearme!

Rafa Castillo.