domingo, 8 de abril de 2018

Del IRPF y otros impuestos.

Es interesante leer este artículo publicado en Cincodias y El País, y muy especialmente la tabla del final, pues en ello está la clave de lo que está pasando.
https://cincodias.elpais.com/cincodias/2018/04/06/midinero/1523009082_029212.html
el IRPF se estableció en 1978, hace 40 años, consecuencia de los llamados pactos de la Moncloa. Y en este tiempo ha sufrido varias modificaciones que de alguna manera lo han desnaturalizado.
Con el tiempo el impuesto ha visto reducida su inicial progresividad. En el año 1978 el tipo más bajo (el que se aplica a las rentas menores) era el 15%, y ahora es el 19%. Evolucionó igual el tipo que se aplica a las rentas más altas? Pues no. Al contrario, este tipo bajó. Del 65,51% que pagaban en 1978 al 45% que se aplica en la actualidad. Es decir. En 1978 las rentas más altas pagaban más de 4 veces más que las más bajas. Hoy, a penas 2,3 veces más. Es decir. Las rentas más bajas pagan un 4% más que antes y las más altas un 20,51% menos.
Y a ello hay que añadir la reducción de 28 a 5 tramos, lo que hace aún más injusta la distribución del impuesto.
Por eso, lejos de ocurrencias de impuestos especiales, que también, lo que tenemos que hacer es una nueva e integral reforma fiscal. Y el punto de partida debería ser recuperar la progresividad que en su origen tenía el impuesto. Y en su caso, aumentarla. Bajando los tipos mínimos y aumentando los más altos.
Otro tanto podría decirse del IVA. Los gurús de la economía recomiendan hacer desaparecer el tipo superreducido o en todo caso sacar de él muchos productos. Y otra vez la propuesta incide negativamente en las rentas más bajas. Los productos afectados por este tipo (y algunos otros que ya se cambiaron a tipos mayores) son los de primera necesidad, los que todos, ricos y pobres, necesitamos consumir. Alimentos, medicamentos, etc. Y si se sube este tipo, el impacto será mínimo para las rentas altas, pero muy elevado para las más bajas.
Como empezó el impuesto? Inicialmente había un tipo elevado del 33% (cuando el normal era el 16%) para determinados productos, digamos de lujo. Efectivamente. Vestirse es una necesidad. Un abrigo de visón o de diseño, no. Tener coche, para muchos, es una necesidad. Tener un Ferrari, no. Ir de vacaciones a un hotel, es un derecho. Ir a uno de 5 estrellas, también, pero menos. Y así con otros productos como joyas o yates.
Y por añadidura, el engaño a la población con las sucesivas reducciones de impuestos. Porque, además de que la reducción afecta mucho más a las rentas más altas, la pérdida de recaudación se compensa con la subida de tasas y copagos. Y otra vez con el mismo efecto pernicioso para los mismos.
Si a un mileurista le rebajan el IRPF en el 1%, su renta aumenta en 10€. Es decir, deja de contribuir con 10€ al gasto del Estado. Pero si la misma reducción (o mayor) se aplica a quien percibe 100.000€, su ahorro (su menos contribución) será de 1.000€.
Pero si ambos gastaban, por ejemplo, 80€ en medicación, con la reforma que se hizo, ambos pagan 20€ más. Al final, el mileurista pierde 10€ y el de los 100.000€ gana 980€. Genial! Y ello porque ser más rico no implica necesitar más medicación.
Tal vez, teniendo en cuenta lo expuesto se podría disminuir la brecha social que esta crisis aumentó.
Alguien encontrará en lo anterior una solución a la financiación de la Seguridad Social?
Rafa Castillo.

martes, 13 de marzo de 2018

toda la justicia. Ninguna venganza.

Estos días se habla mucho del asesinato del pequeño Gabriel. Y como en todo hay dos visiones.
Una negativa, que nos desazona a todos. Porque descubre lo más turbio de la naturaleza humana. ¿Qué puede pasar por una mente para llegar a matar a un niño inocente de ocho años y que además es el hijo de la persona a quien dices amar?
Pero también es negativa la respuesta que este hecho, condenable como ninguno, genera en muchos de nosotros. Tengo una hija y un nieto y solo pensar que alguien pudiese hacerles algo así, provoca mis lágrimas. Pero un acto criminal como este no debe hacernos traicionar nuestros principios, porque entonces actuaría como pretende actuar el terrorismo. Destruyendo los avances de nuestra civilización.
Justicia, sí. Y con toda su fuerza. Pero no, nunca, venganza. Y ver como miles de personas piden la vuelta de la pena de muerte, o utilizan este triste episodio para oponerse a la derogación de la cadena permanente revisable, eufemismo de la cadena perpetua que la civilización occidental había desterrado, hace que el crimen de Ana Julia haya servido para desenterrar nuestros instintos más primitivos.
Y también los conatos de racismo que este caso ha despertado por el origen inmigrante de la presunta asesina. No. La maldad no es cosa del país de procedencia, de la raza o del color de la piel. Es algo que está en nuestros genes más primitivos y que en cualquiera pueden despertarse. Y es precisamente la civilización la que los ha enterrado. Destruir los principios de esta civilización no hará más que agravar el problema. Es una idea tan peregrina como la de Donald Trump pretendiendo armar a todos para evitar los tiroteos.
Pero en este luctuoso caso hay también una visión positiva. Se trata de los padres de Gabriel. En una pareja separada, el apoyo mutuo que se dieron es ejemplar. Juntos, con una sola voz, abrazados en la búsqueda de su hijo. Y, conocido el trágico desenlace su templanza pidiendo que la hermosa solidaridad que su caso ha concitado no se torne en sed de venganza. Y que no se extienda la rabia, que no se hable de esta mujer más y que queden las buenas personas. Chapeau!
Y más me ha conmovido oír a esa madre, destrozada como tiene que estar por el dolor, sus palabras de consuelo a su expareja por el doble sufrimiento de perder a su hijo y que la causa fuese su actual pareja. Oírle referirse a él diciendo “pobrecito mío” también me hizo llorar.
He leído a mucha gente diciendo: que se la entreguen a la madre que ella sabrá hacer justicia. Y se imaginan a la madre descuartizando con sus propias manos a la asesina de su hijo. Haciéndole sufrir una muerte horrible con grandes y lentos sufrimientos. Pues no. Esta madre si sabe hacer justicia.
Gracias, Patricia, por esta gran lección.
Rafa Castillo.

sábado, 13 de enero de 2018

Dónde está la izquierda?

Una encuesta de Metroscopia publicada ayer augura el próximo triunfo electoral de Ciudadanos, partido que aumenta fuertemente su intención de voto mientras todos los demás, de ámbito nacional, la reducen en mayor o menor medida.
Este sondeo se produce muy aislado en el tiempo respecto a la realidad, año y medio después de las últimas generales, año y medio antes de las municipales y tal vez dos años y medio antes de las próximas generales. Y además a los pocos días de las elecciones Catalanas con el peso que el monotema tiene hoy en la política española.
Por eso es más aplicable que nunca en dicho común de que las encuestas son solo sondeos y que las verdaderas encuestas son las elecciones. Pero las encuestas, si bien no marcan resultados reales, si marcan tendencias y visibilizan posibles escenarios antes inimaginables. En su día pasó con la irrupción de Podemos, y hoy con la eventualidad de un gobierno de C’s.
En efecto. Este estudio arroja datos muy llamativos. Comparados con las últimas legislativas, Ciudadanos crece fuertemente del 13,1% al 27,1% (14 puntos), el PSOE baja algo más de 1 punto (del 22,7 al 21,6), Podemos cae 6 (del 21,1 al 15,1) y el PP se desploma del 33,0 al 23,2 (casi 10 puntos).
Pero a mí me preocupa más otra lectura que se oculta tras la espesura de estos datos, tras los árboles que ocultan el bosque. Analizados los datos en conjunto, y sin tener en cuenta los votos nacionalistas de distintas tendencias, por su menor peso específico y porque se mueven por otros factores, el dato grave es que en conjunto la derecha española crece 6,2 puntos, del 44,1% al 50,3% (mayoría absoluta) y la izquierda baja del 43,8% al 36,7%, el 7,1! De un empate técnico, 0,3% de diferencia, a una derrota estrepitosa (13,6€).
Y esto pone al descubierto dos graves problemas. El primero que los ciudadanos no valoran, situados tras las banderas que los ultranacionalismos de uno y otro signo enarbolan con vigor, los problemas económicos, el injusto reparto de las cargas de la crisis y el más injusto reparto de los beneficios escasos de la débil aún recuperación, la precariedad y fragmentación del empleo, el negativo crecimiento de los salarios, el oscuro futuro de las pensiones y el indudable recorte de sus derechos y libertades.
Y hay que decirlo. Los ciudadanos tienen cierta culpa. Por dejarse engañar, por no tener un pensamiento crítico, por aceptar los mensajes simplistas, mesiánicos o adanistas. Por votar con las vísceras y no con la cabeza.
Pero no la tienen toda, ni siquiera la mayor parte. Y aquí surge el otro problema. ¿Dónde está la izquierda? ¿Qué alternativas propone? ¿Tiene un programa ilusionante? ¿Qué errores cometió para tan escandalosa caída y para ser tan irrelevante ante la opinión pública? ¿Sigue existiendo?
Si no hacemos un correcto análisis de esta situación, y no surge en la izquierda un nuevo planteamiento basado inspirado en nuestro mejor pasado pero adecuado a los nuevos tiempos, la izquierda habrá muerto. Y con ello, aunque no lo sepan, las esperanzas de los ciudadanos.
Hay por ahí alguien que piense?
Rafa Castillo.

martes, 9 de enero de 2018

Cuando la solución soy yo. El suyo beneficio político.

Estos chicos siempre hacen lo mismo. Se creen que son en sí mismos la solución, y por eso nunca hacen nada. Y luego claro, los coge (nos coge) el toro. Veamos algún antecedente.
En 1992 estalló una crisis económica mundial. Su solución en la mayoría del mundo fue rápida, pero en España tardó más. Eran los años de la caída de Felipe González y muchos inversores, animados por el PP (váyase señor González) retardaron su decisión de invertir de nuevo esperando un cambio de gobierno. Las circunstancias que nos llevarían a un nuevo crecimiento estaban creadas, pero faltaba el detonador que las pusiese en marcha. Y este fue, efectivamente el cambio de gobierno.
Y el país empezó a crecer de nuevo. Eran los años del España va bien. Pero no entendieron o no quisieron explicar el porqué. Cuando preguntaban a Aznar por el “milagro económico” español, el becario de Bush respondía desde su proverbial modestia: el milagro soy yo (y Rodrigo Rato, claro).
Y así superamos una crisis creando los cimientos para que la siguiente fuese peor. Y nunca mejor dicho lo de los cimientos, por cierto.
Cuando la crisis que empezó en 2008, los muy desleales antiespañoles de CiU pedían desesperadamente al PP que colaborase con el gobierno para reducir los daños. Pero el patriota Montoro respondía… dejad que la hundan que ya la levantaremos nosotros.
Y efectivamente. Estamos saliendo de la crisis (más tarde que todos y peor que ninguno) y otra vez son ellos el milagro. Genial.
Cuando en agosto de 2005 empezó el gobierno bipartito en Galicia, se produjo a los pocos meses una plaga de incendios forestales que cogieron al nuevo gobierno sin tener desarrollada una política forestal propia y con los medios escasos heredaros. El problema solo pudo solucionarse con la inestimable ayuda de la manguera de Feijoo. Pero como ello son la solución no necesitan hacer nada cuando llegan al gobierno. Solo estar ellos en él. Y claro, en el otoño de 2017 viene otra plaga de incendios y los coge en pelotas.
En 2009 hubo fuertes nevadas que originaron cierto caos circulatorio. Y todo el PP con Marianico el corto al frente exigieron la inmediata dimisión de la ministra Magdalena Álvarez. Bien. Pero, aprendieron algo? No hacía falta. Bastaba con cambiar al gobierno. Con ellos eso no volvería a pasar.
Ahora otra nevada. Mayor o menor no importa. Se anunció con contundencia el peligro o hubo mensajes contradictorios? Se extendió sal de forma preventiva? Los quitanieves estaban en el garaje o ya desplegados? Muchos conductores irresponsables circularon sin cadenas. Hobo medidas preventivas o de control que lo impidiesen?
En 2012, cuando el Prestige, en ministro de Fomento, Cascos, y el presidente de la Xunta, Fraga Iribarne, no permitieron que ese incidente les arruinara un finde de caza. Ahora el ministro del Interior estaba en el fútbol y el Director General de Tráfico de vacaciones familiares en Sevilla.
Qué más da. Si gobiernan ellos, todo saldrá bien, no?
Rafa Castillo.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Aún hay esperanza.

En la Primera Guerra Mundial, entre imperios de diverso pelaje, durante la Navidad de 1914, en pleno combate en Francia entre Gran Bretaña y Alemania, algunos soldados adornaron las trincheras de forma espontánea y comenzaron, cada uno en su idioma, a cantar villancicos. Precisamente el primero fue el conocido, y muy adecuado para el momento, Noche de Paz.
Luego se juntaron en tierra de nadie, se abrazaron, se intercambiaron regalos (wiski y tabaco), enterraron y honraron juntos a sus muertos recientes e incluso jugaron algún partido de fútbol que obviamente ganó Alemania.
Ni que decir tiene que este hecho no gustó a sus mandos que prohibieron que se repitiesen este tipo de treguas e incluso en los años siguientes ordenaron bombardeos preventivos en vísperas de las navidades para evitar nuevas explosiones de buen rollo.
Luego, la humillación que se impuso a Alemania en el tratado de Versalles dio lugar a una nueva guerra. Pero finalizada esta, y adquirida plena democracia a ambos lados de la línea Maginot, los países implicados pasaron a ser aliados y hoy no hay ni un ciudadano inglés, francés o alemán que recele de los otros, franceses y alemanes constituyen el núcleo vertebrador de la Unión (Y la integración) Europea, y ya no importa a nadie a quien pertenecen la Alsacia y la Lorena, porque realmente son de Europa.
También en nuestra guerra civil, el 1 de junio de 1937, junto al Puente de los Franceses, se reunieron unos 400 soldados de uno y otro bando, para cólera de sus mandos, a abrazarse mutuamente e intercambiarse prensa, tabaco, brandy y cervezas.
Y hoy, en democracia, salvo algunos nostálgicos de la barbarie y el fascismo, nadie recuerda con rencor aquel duro periodo, pese, incluso, a que aún muchas víctimas no han tenido el necesario y merecido reconocimiento, o no se han recuperado sus restos.
Hace 2 o 3 días, un guardia civil sufría un escrache frente a su casa por parte de un grupo de independentistas que organizaron una cacerolada. El agente salió al balcón y se puso a cantar un fandango. Los concentrados empezaron a dar palmas y lanzar “olés!” y finalmente se disolvieron pacíficamente.
Y como esto va de canciones, recordemos hoy a Joan Manuel Serrat, y no solo por su valiente actuación de estos días en la que siendo partidario de un referéndum legal se manifestó sin ambages a esta farsa de 1-O. recordemos su canción Mediterráneo, cuya letra no dice de la Costa Brava a Deltebre, si no de Algeciras a Estambul… se entiende?
Y con el Mediterráneo, y aunque no es un cantante ni una canción que me guste, recordemos también una letra de Manolo Escobar: “qué bonito es el mar Mediterráneo, la Costa Brava y la Costa del Sol. La sardana y el fandango me emocionan…”
Conclusiones:
Esperemos que Rajoy no prohíba el fandango.
Es una lástima que no haya por estas fechas un Barça – Real Madrid.
El problema son los ultranacionalistas exaltados de uno y otro lado y un puñado de políticos que ocultan sus carencias y/o corrupciones envueltos en banderas que usan armas contra sus rivales para convertirlos en rivales de todos.
La solución empezará cuando elecciones democráticas en el Estado y en Catalunya condenen al ostracismo a Rajoy y Puigdemont.
En resumen. Aún hay esperanza en el seny y el sentidiño de la sociedad civil.
Rafa Castillo.

martes, 18 de julio de 2017

Vientres alquilados.

Parece ser que los sondeos de opinión reflejan una gran disparidad entre la posición de los votantes de los partidos de izquierda (PSOE, Podemos y sus confluencias e IU) y la posición oficial de sus estructuras dirigentes sobre el asunto conocido como “gestación subrogada”.
Como en casi todos los debates sociales, en este tema hay mucha demagogia, y para combatirla hay que hacer mucha pedagogía. (Por cierto, también habría que preguntar a la RAE por qué dos palabras con la misma estructura y sufijo se acentúan distintamente).
Empecemos por el ya acostumbrado y abusado uso de eufemismos. Porque la maternidad o gestación subrogada, no suena mal, pero no es muy diferente de lo que se llama “vientre de alquiler”, aunque ese alquiler sea solo por los gastos generados, o sin precio, incluso. Y así ya suena peor, verdad?
Ocurre que en este asunto entran en colisión diversos derechos e intereses (notemos que no es lo mismo) que afectan a colectivos o sectores generalmente ligados a posiciones de izquierdas. Feministas, homosexuales, mujeres, niños…
Y la demagogia apela en casos como este a temas del derecho de quien no puede tener hijos a tenerlos. Y ese derecho no existe, no pasa de ser un legítimo anhelo. O del altruismo de quien se ofrece a subrogar la gestación, pero olvidando la “objectización” de la mujer que ese hecho supone.
Por eso, y como la reducción al absurdo es en el método científico un procedimiento admitido para descartar teorías imposibles, hagamos en este tema algo de “contrademagogia”.
Es obvio que la ley impulsada por Ciudadanos permitirá que cientos de monjas altruistas presten sus vientres para, sin perder su virginidad sexual, facilitar que parejas de gais puedan tener hijos.
Y veremos frecuentemente en la llamada prensa rosa como mujeres de la alta sociedad o del famoseo facilitan hijos a parejas sin medios económicos.
¿Y si alguien hubiese adoptado a niños como Elián? ¿Recordáis quién era?
Rafa Castillo.

jueves, 22 de junio de 2017

Los votantes del PP son burros.

Los votantes delo PP son unos burros. Y no es que lo diga yo. Lo dice el ministro Montoro, pero no es una de sus clásicas gracietas, sino seguramente una traición del subconsciente. Y para verlo claro hagamos un pequeño repaso histórico.
El actual sistema fiscal, en lo que respeta al IRPF es un sistema más o menos progresivo (ya lo fue más). Es decir, a medida que aumentan los ingresos del individuo se le aplica un porcentaje mayor.
Ahora bien. Si el salario de una persona crece anualmente el IPC, realmente no es que le suban el sueldo, sino que mantiene su mismo poder adquisitivo. Pero al aumentar nominalmente los ingresos, en teoría le aumenta el porcentaje del impuesto.
Desde Suárez a Felipe González, los gobiernos corregían esto mediante lo que se llamaba la deflación del impuesto en un porcentaje similar al incremento del IPC. Así que el mismo contribuyente seguía pagando siempre el mismo porcentaje aunque pagase más cantidad por los mayores ingresos.
En esto llegó Aznar y nos hizo trampas. Durante los tres primeros años de gobierno de su primer mandato, no deflactó el impuesto, con lo que realmente nos lo subió. El cuarto año, víspera de elecciones lo bajó en lo equivalente a lo que había subido, (para las rentas altas, más) y nos vendió la moto de la rebaja de impuestos. Los votantes se la compraron y ganó las elecciones con mayoría absoluta.
En su segundo mandato, a la vista del éxito, hizo lo mismo. No deflactar el impuesto y luego vendernos como una rebaja volverlo a dejar como estaba. Y le hubiese dado resultado si no fuesen las mentiras del 11-M.
Con Zapatero se recuperó la lógica práctica de deflactar el IRPF. Pero tras la crisis llegó Rajoy. Comenzó directamente subiendo los impuestos y por tanto recaudando más durante su mandato. Y nuevamente, en vísperas electorales nos hizo una pequeña rebaja. Y su rebaño, tan contento y orgulloso.
Estos días le preguntaron a Montoro si ahora que la economía crece bajará los impuestos. La respuesta fue clara. Estamos a principio de la legislatura y hay que dejar algunas zanahorias para el final. Burros, más que burros.
Rafa Castillo.