Dicen Mariano Rajoy y los suyos que va también la economía española que hay margen para bajar impuestos. Y yo empezaré por negarle la mayor.
Decir que la economía va bien es otra de las mentiras a las que tan acostumbrados nos tienen desde el partido popular. Mienten, y no digo se equivocan, porque saben que Bruselas aplazó el recorte de 8.000 euros en el presupuesto simplemente para favorecer descaradamente (le llaman no influir) a favor en las elecciones del súbdito favorito de la troika.
Pero en cuanto haya gobierno habrá, si nada lo impide, que aplicar ese recorte y la multa correspondiente, con el agravante de que el tiempo transcurrido implicará que se aplique todo junto. Es decir, con mayor dureza.
Pero niego también la menor. No hay margen para bajar impuestos, aun cumpliendo los objetivos de déficit, mientras se produzcan recortes en las cotas que habíamos alcanzado en el estado de bienestar. Mientras la dependencia no alcance la financiación necesaria para ser de calidad. Mientras las becas sigan siendo menos y de menor cuantía. Mientras las pensiones crezcan por debajo del IPC en lugar de alcanzar niveles mínimos. Mientras se tomen medidas como regatear a los enfermos la medicación contra la hepatitis B por problemas presupuestarios. O se atrase la edad de vacunación contra la meningitis para ahorrar.
No se pueden bajar los impuestos. Es más, y hay que decirlo claro, hay que subir los impuestos de forma muy progresiva (nada a las rentas bajas, algo a las medias altas y mucho a las altas, y a los ingresos de capital o patrimonio) hasta que se recupere el estado de bienestar tal y como lo conocíamos y previendo además mejoras como por ejemplo en equipamiento médico, nuevas medicaciones contra enfermedades como el cáncer hoy en investigación y que resultarán muy caras y otras semejantes. Y además invertir en I+D+i en estos campos y otros como las energías renovables, como se venía haciendo antes de la era de Rajoy, nuestro salvador.
Y ya puestos voy a negar también la “mediana”. Entiendo que hablar de impuestos, especialmente de subirlos, es un tema complejo e impopular y muy difícil de explicar en una campaña electoral. Por eso no está mal que quienes no nos presentamos abramos ese debate.
Las principales aportaciones de los contribuyentes a las arcas del Estado son por dos vías. Impuestos y tasas. Y está claro que lo que no se financie con impuestos, directos o indirectos, se hará con las tasas. Y esta es la trampa oculta que nos hace la derecha. Bajan los impuestos pero suben las tasas: copagos farmacéuticos y en educación, del transporte para diálisis, por ejemplo, del acceso a la justicia y otros muchos que podríamos citar.
Pero las tasas, con algunas exenciones para casos muy limitados, las pagan todos por igual, ricos y pobres. Por contra los impuestos se pueden graduar en función de la renta. Los directos, IRPF, impuestos sobre el capital o el patrimonio, de forma clara. Pero incluso los indirectos como el IVA pueden tener elementos de progresividad con tipos muy reducidos para los productos de primera necesidad, que consumimos todos, y tipos muy altos para aquellos artículos que por no se imprescindibles, o por su elevado coste, podemos considerar de lujo.
Pero quien quiera, que vote la mentira.
Rafa Castillo.
Encuéntranos en Google+. Si quieres recibir por e-mail las nuevas entradas, introduce tu dirección el la línea siguiente.
lunes, 20 de junio de 2016
domingo, 13 de marzo de 2016
Formatear ordenadores
Llevan un tiempo desde el partido popular, a cuenta de los ordenadores de Bárcenas, mareándonos con el tema de su propiedad. Y esto suena a aquello de si son galgos o podencos. Pero no nos dejemos engañar. Este no es el fondo del asunto.
El fondo es, claro, que el PP borró los ordenadores y destruyó pruebas sobre una serie de graves delitos presuntamente cometidos por algunos de sus dirigentes o “funcionarios”. Y además la destrucción no fue casual o rutinaria. Fue con total alevosía. No puede interpretarse de otra manera que los discos duros fueren formateados 35 veces de forma lógica y al menos recibiesen un “formateo” físico como los herreros daban forma a las herraduras… a martillazos.
Yo también manejo un ordenador en mi trabajo. Y no es mío, pertenece a la empresa. Si la empresa, el día que yo me jubile o me desvincule de ella por algún motivo, quiere destinar el ordenador a otro fin, lo formateará una vez con el objetivo de liberar espacio y eliminar programas, y el ordenador será usado por otra persona. Ya estará vacío. Porque para reutilizarlo basta con formatearlo una vez. Y eso sí, no lo martilleará so pena de que no pueda volver a ser utilizado.
Porque formatearlo repetidas veces, y deformarlo físicamente, no se hace para reutilizarlo. Se hace para eliminar, de forma irrecuperable los datos. Y eso se hace, naturalmente para ocultarlos a quien, la justicia, pueda interesar analizarlos.
Pero vamos más allá. No alcanzo a ver el interés que la empresa pueda tener en borrar los datos de su ordenador que yo uso. En el ordenador está todo el trabajo que a lo largo de muchos años yo he hecho para la empresa y por el que esta me pagó. Y ese trabajo, que yo “vendí” por mi sueldo, no es mío, es suyo y si me pagó por él será porque le interesa tenerlo. No es un trabajo escolar que, acabado el curso y evaluado el alumno, pierde interés y se libera el ordenador para el curso siguiente. Es un trabajo profesional que se supone que debe ser continuado, y consultado, por quien me sustituya.
Y digo yo. Entre las causas para que un juez decrete la prisión provisional de un presunto delincuente, además de la alarma social que sin duda existe, ¿no está la posibilidad de destrucción de pruebas?
Pues alguien debería de estar en prisión.
Rafa Castillo.
El fondo es, claro, que el PP borró los ordenadores y destruyó pruebas sobre una serie de graves delitos presuntamente cometidos por algunos de sus dirigentes o “funcionarios”. Y además la destrucción no fue casual o rutinaria. Fue con total alevosía. No puede interpretarse de otra manera que los discos duros fueren formateados 35 veces de forma lógica y al menos recibiesen un “formateo” físico como los herreros daban forma a las herraduras… a martillazos.
Yo también manejo un ordenador en mi trabajo. Y no es mío, pertenece a la empresa. Si la empresa, el día que yo me jubile o me desvincule de ella por algún motivo, quiere destinar el ordenador a otro fin, lo formateará una vez con el objetivo de liberar espacio y eliminar programas, y el ordenador será usado por otra persona. Ya estará vacío. Porque para reutilizarlo basta con formatearlo una vez. Y eso sí, no lo martilleará so pena de que no pueda volver a ser utilizado.
Porque formatearlo repetidas veces, y deformarlo físicamente, no se hace para reutilizarlo. Se hace para eliminar, de forma irrecuperable los datos. Y eso se hace, naturalmente para ocultarlos a quien, la justicia, pueda interesar analizarlos.
Pero vamos más allá. No alcanzo a ver el interés que la empresa pueda tener en borrar los datos de su ordenador que yo uso. En el ordenador está todo el trabajo que a lo largo de muchos años yo he hecho para la empresa y por el que esta me pagó. Y ese trabajo, que yo “vendí” por mi sueldo, no es mío, es suyo y si me pagó por él será porque le interesa tenerlo. No es un trabajo escolar que, acabado el curso y evaluado el alumno, pierde interés y se libera el ordenador para el curso siguiente. Es un trabajo profesional que se supone que debe ser continuado, y consultado, por quien me sustituya.
Y digo yo. Entre las causas para que un juez decrete la prisión provisional de un presunto delincuente, además de la alarma social que sin duda existe, ¿no está la posibilidad de destrucción de pruebas?
Pues alguien debería de estar en prisión.
Rafa Castillo.
sábado, 27 de febrero de 2016
¿Hay alguien?
Como ya dejé claro repetidamente, no te voté en las primarias del partido. sin embargo, después del 20-D, apoyé entusiastamente la opción de negociar ampliamente la opción de formar un gobierno de progreso liderado por el PSOE y me opuse a las zancadillas de barones y baronesas en ese intento. Por eso me pareció una buena opción la consulta a las bases. Pero el pacto que lograste, y que hoy tenemos que refrendar, es cualquier cosa menos un pacto de progreso. Y es un pacto que daña gravemente a nuestro partido y a la esperanza de la izquierda en nuestro país.
No nos engañemos. El pacto con los expertos en Juego de Tronos de Podemos era imposible, y por tanto, las elecciones anticipadas eran inevitables. Pero pudiendo llegar a ellas con un gran pacto en el que perderíamos la investidura con unos importantes 93 (tal vez 97) votos, vamos a perderlas con unos vergonzantes 131. El problema no es el no haber alcanzado el pacto con Podemos. El problema es que has logrado ocultar ante la opinión pública el nulo interés de los de Iglesias por el pacto dándole el perfecto pretexto para romper las negociaciones y rasgarse las vestiduras con tu pacto con la derecha 3.0.
Podría aprobar el pacto si sumase suficiente para gobernar. No se me escapa que pactar implica ceder de los propios principios para que el acuerdo sea posible. Y el objetivo de echar a la rancia derecha podría justificar amplias cesiones ante esta especie de Nuevas Generaciones que es Ciudadanos. Pero, pactar por pactar, ¿”pa” qué?
Porque no nos engañemos. Este pacto que firmaste es todo menos de progreso. Y rompe numerosos consensos que habíamos liderado en la legislatura anterior. Los de derogar todas las leyes involucionistas del gobierno de Mariano Rajoy. Puedo admitir que todas no se pudiese. Por ejemplo la reforma laboral. Entiendo que, con o sin razón, esa derogación movilizaría contra nuestro país a la troika y a las cuadrigas del imperio. Al FMI, al BCE, a los hombres de negro y a los embajadores de Marte.
Acordasteis elaborar una nueva ley de educación por consenso en seis meses. ¿Tú te lo crees? Yo no. Es imposible poner de acuerdo en esa ley a Ciudadanos y Podemos o IU. Pero si era posible derogar (no solo paralizar) la Ley Wert y volver a la situación anterior. Y desde ella si buscar un amplio y sosegado consenso sobre una nueva ley.
Y quien habla de la Ley Wert, puede hablar de la Ley Mordaza, de lo que queda de la Reforma Gallardón de la Justicia o de la reciente reforma de la Ley del Aborto. Esas derogaciones no iban a poner en peligro la solvencia económica de España.
Te has opuesto claramente a la línea roja de Podemos sobre el referéndum catalán. Pero has caído en la red azul del unionismo a ultranza (que malos recuerdos tiene esa palabra) del ultranacionalismo españolero, en lugar de trazar la senda verde de la búsqueda de una solución, así, sin definir, sin líneas pretrazadas, de una integración armónica de todo el país.
Y has caído, Pedro, en lo que para mí es lo más incompatible con un pensamiento de izquierda. El simplismo. Recuerdo que en la época dura de los recortes oí a Esperanza Aguirre decir: se va una por la mañana al despacho y no se imaginan cuantas partidas se encuentran donde recortar.
Y en efecto. Alguien dijo que el problema económico del país se solucionaba suprimiendo las diputaciones y el senado, y ¡ala! Donde hay que firmar.
Empecemos por el Senado. Que no está cumpliendo la función que se le esperaba es indiscutible. Pero eso no implica que haya que eliminarlo o jibarizarlo. Hay que reformarlo acercándolo a su función natural. Cámara de representación territorial y foro de encuentro de las tensiones entre las comunidades. Ni es suprimirlo ni llevarlo a Barcelona. Porque no es un problema económico ni un elemento decorativo. Es una realidad necesaria que hay que potenciar y hacer funcionar correctamente.
Y luego está lo de las diputaciones que ya es de traca. En Galicia siempre tuvimos, PSOE y BNG el consenso para suprimirlas. Pero no por el simple afán de ahorrar, si no para sustituirlas por una organización territorial con más arraigo en nuestra tierra. La comarca. De hecho nuestro partido en Galicia tiene aún una potente organización comarcal aunque muy recortada últimamente.
Pero suprimir por suprimir, no tiene sentido. Las diputaciones, y lo sé por experiencia profesional, tienen una importante labor de apoyo a los ayuntamientos. Mejorable, sin duda. Que otra institución como la comarca podría perfeccionar? Seguro.
Cierto es que han sido nidos de corrupción, de caciquismo, de poder clientelar. Los Fabra, Cacharro o Baltar son ejemplo paradigmático de ello. Pero eso no justifica per se su eliminación. También las hay que han funcionado bien cumpliendo su función de apoyo a las pequeñas corporaciones. Y la de Lugo, desde que Besteiro y su bipartito (que funcionó) substituyó a Cacharro pardo, es un buen ejemplo.
Antes de decidir suprimir las diputaciones habría, digo yo, que pensar que se hace con su personal. Y como se reparten sus fondos su parque de maquinaria y como se distribuye su financiación actual. Quien atiende sus carreteras y otros servicios. Demasiado que pensar para una reforma exprés.
Y proponer su sustitución por un consejo de alcaldes es una ocurrencia digna del que asó la manteca. Ello implicaría que su organización administrativa seguiría existiendo salvo que se piense en una reunión de alcaldes a la que nadie lleve nada preparado y cuyas decisiones nadie se encargue de ejecutar. Luego, por ahí, poco ahorro. Eso sí, en Lugo por ejemplo, desaparecerán los plenos de 27 diputados (no todos retribuidos) y se celebrarán reuniones de 67 alcaldes (en Ourense, por ejemplo, 102) con sus correspondientes dietas e indemnizaciones. Lo dicho, el chocolate del loro.
Por cierto, ¿ha pensado alguien donde reunir los 380 alcaldes de Burgos? ¿Les prestamos el edificio del Congreso?
Y lo peor de todo, Pedro, es que este pacto será visto como el esbozo de tu, nuestro, programa electoral para el 26-J. Mal principio para un peor resultado.
Escribo esto después de haber leído un interesante artículo sobre Olof Palme en el país. Artículo cuya lectura recomendaría a todos los compañeros antes de votar esta tarde. Así, sin duda, lo haremos mejor.
Porque lo que ahora necesitamos con urgencia es un Congreso del Partido que establezca una nueva dirección, un nuevo liderazgo y una nueva línea política seria, elaborada y socialista. Y que el día del Congreso los barones y baronesas se tomen unas vacaciones.
¿Algún voluntario para proponer algo nuevo?
Rafa Castillo.
No nos engañemos. El pacto con los expertos en Juego de Tronos de Podemos era imposible, y por tanto, las elecciones anticipadas eran inevitables. Pero pudiendo llegar a ellas con un gran pacto en el que perderíamos la investidura con unos importantes 93 (tal vez 97) votos, vamos a perderlas con unos vergonzantes 131. El problema no es el no haber alcanzado el pacto con Podemos. El problema es que has logrado ocultar ante la opinión pública el nulo interés de los de Iglesias por el pacto dándole el perfecto pretexto para romper las negociaciones y rasgarse las vestiduras con tu pacto con la derecha 3.0.
Podría aprobar el pacto si sumase suficiente para gobernar. No se me escapa que pactar implica ceder de los propios principios para que el acuerdo sea posible. Y el objetivo de echar a la rancia derecha podría justificar amplias cesiones ante esta especie de Nuevas Generaciones que es Ciudadanos. Pero, pactar por pactar, ¿”pa” qué?
Porque no nos engañemos. Este pacto que firmaste es todo menos de progreso. Y rompe numerosos consensos que habíamos liderado en la legislatura anterior. Los de derogar todas las leyes involucionistas del gobierno de Mariano Rajoy. Puedo admitir que todas no se pudiese. Por ejemplo la reforma laboral. Entiendo que, con o sin razón, esa derogación movilizaría contra nuestro país a la troika y a las cuadrigas del imperio. Al FMI, al BCE, a los hombres de negro y a los embajadores de Marte.
Acordasteis elaborar una nueva ley de educación por consenso en seis meses. ¿Tú te lo crees? Yo no. Es imposible poner de acuerdo en esa ley a Ciudadanos y Podemos o IU. Pero si era posible derogar (no solo paralizar) la Ley Wert y volver a la situación anterior. Y desde ella si buscar un amplio y sosegado consenso sobre una nueva ley.
Y quien habla de la Ley Wert, puede hablar de la Ley Mordaza, de lo que queda de la Reforma Gallardón de la Justicia o de la reciente reforma de la Ley del Aborto. Esas derogaciones no iban a poner en peligro la solvencia económica de España.
Te has opuesto claramente a la línea roja de Podemos sobre el referéndum catalán. Pero has caído en la red azul del unionismo a ultranza (que malos recuerdos tiene esa palabra) del ultranacionalismo españolero, en lugar de trazar la senda verde de la búsqueda de una solución, así, sin definir, sin líneas pretrazadas, de una integración armónica de todo el país.
Y has caído, Pedro, en lo que para mí es lo más incompatible con un pensamiento de izquierda. El simplismo. Recuerdo que en la época dura de los recortes oí a Esperanza Aguirre decir: se va una por la mañana al despacho y no se imaginan cuantas partidas se encuentran donde recortar.
Y en efecto. Alguien dijo que el problema económico del país se solucionaba suprimiendo las diputaciones y el senado, y ¡ala! Donde hay que firmar.
Empecemos por el Senado. Que no está cumpliendo la función que se le esperaba es indiscutible. Pero eso no implica que haya que eliminarlo o jibarizarlo. Hay que reformarlo acercándolo a su función natural. Cámara de representación territorial y foro de encuentro de las tensiones entre las comunidades. Ni es suprimirlo ni llevarlo a Barcelona. Porque no es un problema económico ni un elemento decorativo. Es una realidad necesaria que hay que potenciar y hacer funcionar correctamente.
Y luego está lo de las diputaciones que ya es de traca. En Galicia siempre tuvimos, PSOE y BNG el consenso para suprimirlas. Pero no por el simple afán de ahorrar, si no para sustituirlas por una organización territorial con más arraigo en nuestra tierra. La comarca. De hecho nuestro partido en Galicia tiene aún una potente organización comarcal aunque muy recortada últimamente.
Pero suprimir por suprimir, no tiene sentido. Las diputaciones, y lo sé por experiencia profesional, tienen una importante labor de apoyo a los ayuntamientos. Mejorable, sin duda. Que otra institución como la comarca podría perfeccionar? Seguro.
Cierto es que han sido nidos de corrupción, de caciquismo, de poder clientelar. Los Fabra, Cacharro o Baltar son ejemplo paradigmático de ello. Pero eso no justifica per se su eliminación. También las hay que han funcionado bien cumpliendo su función de apoyo a las pequeñas corporaciones. Y la de Lugo, desde que Besteiro y su bipartito (que funcionó) substituyó a Cacharro pardo, es un buen ejemplo.
Antes de decidir suprimir las diputaciones habría, digo yo, que pensar que se hace con su personal. Y como se reparten sus fondos su parque de maquinaria y como se distribuye su financiación actual. Quien atiende sus carreteras y otros servicios. Demasiado que pensar para una reforma exprés.
Y proponer su sustitución por un consejo de alcaldes es una ocurrencia digna del que asó la manteca. Ello implicaría que su organización administrativa seguiría existiendo salvo que se piense en una reunión de alcaldes a la que nadie lleve nada preparado y cuyas decisiones nadie se encargue de ejecutar. Luego, por ahí, poco ahorro. Eso sí, en Lugo por ejemplo, desaparecerán los plenos de 27 diputados (no todos retribuidos) y se celebrarán reuniones de 67 alcaldes (en Ourense, por ejemplo, 102) con sus correspondientes dietas e indemnizaciones. Lo dicho, el chocolate del loro.
Por cierto, ¿ha pensado alguien donde reunir los 380 alcaldes de Burgos? ¿Les prestamos el edificio del Congreso?
Y lo peor de todo, Pedro, es que este pacto será visto como el esbozo de tu, nuestro, programa electoral para el 26-J. Mal principio para un peor resultado.
Escribo esto después de haber leído un interesante artículo sobre Olof Palme en el país. Artículo cuya lectura recomendaría a todos los compañeros antes de votar esta tarde. Así, sin duda, lo haremos mejor.
Porque lo que ahora necesitamos con urgencia es un Congreso del Partido que establezca una nueva dirección, un nuevo liderazgo y una nueva línea política seria, elaborada y socialista. Y que el día del Congreso los barones y baronesas se tomen unas vacaciones.
¿Algún voluntario para proponer algo nuevo?
Rafa Castillo.
jueves, 21 de enero de 2016
Matemáticas para la política
Dice el dicho popular que no se puede tocar las campanas y estar en la procesión. Y es bueno tener claro este concepto para aprender a manejarnos en la nueva situación política de nuestro país. Porque todos, políticos y ciudadanos tenemos que cambiar el chip y entender las claves del nuevo estatus.
Lo primero que hay que analizar es cuales son los objetivos del sistema electoral, el actual o cualquier otro alternativo que se proponga. Y son, al menos, dos. Uno, fundamental, tener una radiografía de la posición política de la realidad. Un reflejo, lo más evidente posible (no necesariamente proporcional) de las diversas sensibilidades de la sociedad. Y otro (tan importante) establecer una dirección política (gobierno) del país. Tan necesario como lo anterior.
Y antes de continuar, reiterar lo ya dicho hace tiempo en este mismo blog. En España no hay un sistema bipartidista. Basta ver los parlamentos autonómicos a lo largo de la democracia, o el mismo Congreso de los Diputados que en la legislatura anterior tuvo 14 partidos representados, y que en la actual es como es con la misma ley electoral. Luego el problema no está en el sistema electoral sino en la voluntad, en cada momento, del cuerpo electoral.
Y no se puede saber que se puede y se debe de hacer sin tener claros varios conceptos matemáticos. El primero es perder la visión lineal (líneas rojas) y pasar a una visión tridireccional (espacial) más adecuada para tener una clara visión del conjunto. Si tenemos una representación de múltiples partidos minoritarios, para gobernar el país, habrá de hacer coaliciones. Pero la primera consecuencia de un gobierno de coalición, o de un gobierno minoritario con apoyos externos, es el incumplimiento de los programas electorales. Habrá que hacer un programa de gobierno integrando los programas de los coaligados que implica saltar las líneas rojas.
Y además hay que saber sumar, pero sobre todo que tipo de suma hay que hacer. Obviamente para lograr un gobierno hay que hacer una suma aritmética de diputados cuyo resultado ha de ser mayor que el de votos en contra. Pero esto que es condición necesaria, no es suficiente. La condición suficiente es establecer un programa de gobierno que garantice su continuidad estable. Y este programa debe de ser la suma de los programas de los grupos implicados. Pero no una suma lineal, aritmética. Una suma vectorial cuyo resultado sea intermedio entre los de los implicados en una intensidad ponderada según la aportación, y el respaldo electoral de cada uno.
Es precisamente esta suma vectorial lo que hace imposible un pacto entre el PP y el PSOE, (o cualquier otra opción de izquierda) porque la suma de vectores de sentido contrario resulta ser una resta. Pero entre partidos del mismo signo, derecha o izquierda, producen una resultante de dirección intermedia y mayor o menor intensidad según la proximidad de las fuerzas.
Así que… a repasar los vectores.
Rafa Castillo.
Lo primero que hay que analizar es cuales son los objetivos del sistema electoral, el actual o cualquier otro alternativo que se proponga. Y son, al menos, dos. Uno, fundamental, tener una radiografía de la posición política de la realidad. Un reflejo, lo más evidente posible (no necesariamente proporcional) de las diversas sensibilidades de la sociedad. Y otro (tan importante) establecer una dirección política (gobierno) del país. Tan necesario como lo anterior.
Y antes de continuar, reiterar lo ya dicho hace tiempo en este mismo blog. En España no hay un sistema bipartidista. Basta ver los parlamentos autonómicos a lo largo de la democracia, o el mismo Congreso de los Diputados que en la legislatura anterior tuvo 14 partidos representados, y que en la actual es como es con la misma ley electoral. Luego el problema no está en el sistema electoral sino en la voluntad, en cada momento, del cuerpo electoral.
Y no se puede saber que se puede y se debe de hacer sin tener claros varios conceptos matemáticos. El primero es perder la visión lineal (líneas rojas) y pasar a una visión tridireccional (espacial) más adecuada para tener una clara visión del conjunto. Si tenemos una representación de múltiples partidos minoritarios, para gobernar el país, habrá de hacer coaliciones. Pero la primera consecuencia de un gobierno de coalición, o de un gobierno minoritario con apoyos externos, es el incumplimiento de los programas electorales. Habrá que hacer un programa de gobierno integrando los programas de los coaligados que implica saltar las líneas rojas.
Y además hay que saber sumar, pero sobre todo que tipo de suma hay que hacer. Obviamente para lograr un gobierno hay que hacer una suma aritmética de diputados cuyo resultado ha de ser mayor que el de votos en contra. Pero esto que es condición necesaria, no es suficiente. La condición suficiente es establecer un programa de gobierno que garantice su continuidad estable. Y este programa debe de ser la suma de los programas de los grupos implicados. Pero no una suma lineal, aritmética. Una suma vectorial cuyo resultado sea intermedio entre los de los implicados en una intensidad ponderada según la aportación, y el respaldo electoral de cada uno.
Es precisamente esta suma vectorial lo que hace imposible un pacto entre el PP y el PSOE, (o cualquier otra opción de izquierda) porque la suma de vectores de sentido contrario resulta ser una resta. Pero entre partidos del mismo signo, derecha o izquierda, producen una resultante de dirección intermedia y mayor o menor intensidad según la proximidad de las fuerzas.
Así que… a repasar los vectores.
Rafa Castillo.
miércoles, 6 de enero de 2016
A favor del pacto con el PP.
Lo propuso la derecha de ciudadanos para hacerse un sitio en la política española después de su fiasco electoral y lo desea la derecha del PP como única opción de formar gobierno. El pacto “constitucional” entre PP, PSOE y Ciudadanos para gobernar España frente a las veleidades de “los partidos que quieren romper el país”. Y para que no nos acusen de un nuevo “pacto del Tinell”, voy a mostrarme favorable a ese pacto. Lo explico.
Lo primero es ver lo que nos une en acción política con ambas derechas.
Naturalmente, la defensa de la Constitución, por supuesto. Pero hecho el enunciado, ¿coincidimos realmente? Nuestras derechas hacen una defensa estática de la Constitución, que nada cambie. La Constitución es sagrada, como las tablas de la ley, y no debe tocarse. Nosotros hacemos una defensa dinámica de la Constitución. Nuestra Carta Magna es la mejor de nuestra historia y fue la mejor que pudo lograrse en aquellos tiempos en que, recordemos, veníamos de una dictadura y aún no estábamos libres de un golpe de estado. Fue buena y nos sirvió para llegar hasta aquí. Pero la sociedad ha evolucionado y exige que el marco de convivencia se adapte a ella. Lo malo es que su renovación es difícil si el PP se opone. La blindamos en su día para impedir su marcha atrás y ahora ese blindaje hace imposible su avance. Sobre esto habrá también que reflexionar.
Nos una también la defensa de la unidad de España, por supuesto. Pero, ¿de la misma manera? PP y Ciudadanos quieren una defensa de la unidad manu militari, unilateralmente impuesta. Quieren un matrimonio entre los pueblos de España como los de antes, indisoluble hasta que la muerte nos separe. Y por eso quieren un ejecutivo fuerte basado en este principio. Para tomar medidas ejecutivas contra los intentos secesionistas. ¿Incluso militares?
Nosotros somos más partidarios del matrimonio moderno. Tu pareja no es tuya para siempre por el hecho de casarte. Has de ganártela día a día superando los problemas de convivencia. Tienes que hacer atractivo para tu conyugue seguir viviendo contigo. Tienes que lograr que te siga deseando. Hay que mejorar el encaje de todos los pueblos en el país.
Pero habría que empezar por aclarar que es un gobierno y para que se forma. Porque los temas anteriores no son temas de gobierno, sino de Parlamento. Y para coincidir en el Parlamente no hace falta gobernar juntos. Para eso están los pactos de estado.
Gobernar es buscar la solución a los problemas del país, de los ciudadanos. Y ahí es donde debemos poner las condiciones para ese pretendido pacto de gobierno del PSOE con las derechas españolas.
¿Están dispuestos a derogar la Ley Wert? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a la gratuidad de la justicia? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a hacer la sanidad universal? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la religión del currículum escolar y reponer la educación para la ciudadanía u otra asignatura que contemple el respeto, la convivencia y la integración social? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la reforma de la ley del aborto y el recurso de inconstitucionalidad contra la ley Zapatero? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a cambiar sus políticas económicas buscando la competitividad por la calidad y la inversión en vez de por la devaluación salarial? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a una política fiscal más redistributiva aumentando los impuestos progresivos y reduciendo las tasas y copagos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a reducir el IVA de los bienes de máxima necesidad y aumentar el que grave los productos de lujo o suntuarios? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a que la deuda surgida de la crisis y la inversión necesaria para la recuperación la paguen en mayor medida los que más tienen? Se puede pactar. ¿Están dispuestos realmente a mantener, recuperar y ampliar el Estado de bienestar? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la integración social europea? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a mejorar las políticas de cooperación internacional y buscar una solución digna a los problemas de la migración? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a impulsar un orden internacional más justo? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la desaparición de los paraísos fiscales? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a frenar la deriva del capitalismo salvaje, controlar la especulación financiera y regular la globalización? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a establecer sanciones disuasorias contra los especuladores? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a formar un gobierno sin corruptos y libre de sospechosos de recibir sobres u otros sobresueldos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a abrir una amplia investigación parlamentaria sobre la corrupción y las comisiones en contratos públicos y autorizaciones? Se puede pactar.
Y si además el PP se disuelve, adelante con el pacto.
Rafa Castillo.
Lo primero es ver lo que nos une en acción política con ambas derechas.
Naturalmente, la defensa de la Constitución, por supuesto. Pero hecho el enunciado, ¿coincidimos realmente? Nuestras derechas hacen una defensa estática de la Constitución, que nada cambie. La Constitución es sagrada, como las tablas de la ley, y no debe tocarse. Nosotros hacemos una defensa dinámica de la Constitución. Nuestra Carta Magna es la mejor de nuestra historia y fue la mejor que pudo lograrse en aquellos tiempos en que, recordemos, veníamos de una dictadura y aún no estábamos libres de un golpe de estado. Fue buena y nos sirvió para llegar hasta aquí. Pero la sociedad ha evolucionado y exige que el marco de convivencia se adapte a ella. Lo malo es que su renovación es difícil si el PP se opone. La blindamos en su día para impedir su marcha atrás y ahora ese blindaje hace imposible su avance. Sobre esto habrá también que reflexionar.
Nos una también la defensa de la unidad de España, por supuesto. Pero, ¿de la misma manera? PP y Ciudadanos quieren una defensa de la unidad manu militari, unilateralmente impuesta. Quieren un matrimonio entre los pueblos de España como los de antes, indisoluble hasta que la muerte nos separe. Y por eso quieren un ejecutivo fuerte basado en este principio. Para tomar medidas ejecutivas contra los intentos secesionistas. ¿Incluso militares?
Nosotros somos más partidarios del matrimonio moderno. Tu pareja no es tuya para siempre por el hecho de casarte. Has de ganártela día a día superando los problemas de convivencia. Tienes que hacer atractivo para tu conyugue seguir viviendo contigo. Tienes que lograr que te siga deseando. Hay que mejorar el encaje de todos los pueblos en el país.
Pero habría que empezar por aclarar que es un gobierno y para que se forma. Porque los temas anteriores no son temas de gobierno, sino de Parlamento. Y para coincidir en el Parlamente no hace falta gobernar juntos. Para eso están los pactos de estado.
Gobernar es buscar la solución a los problemas del país, de los ciudadanos. Y ahí es donde debemos poner las condiciones para ese pretendido pacto de gobierno del PSOE con las derechas españolas.
¿Están dispuestos a derogar la Ley Wert? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a la gratuidad de la justicia? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a volver a hacer la sanidad universal? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la religión del currículum escolar y reponer la educación para la ciudadanía u otra asignatura que contemple el respeto, la convivencia y la integración social? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a retirar la reforma de la ley del aborto y el recurso de inconstitucionalidad contra la ley Zapatero? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a cambiar sus políticas económicas buscando la competitividad por la calidad y la inversión en vez de por la devaluación salarial? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a una política fiscal más redistributiva aumentando los impuestos progresivos y reduciendo las tasas y copagos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a reducir el IVA de los bienes de máxima necesidad y aumentar el que grave los productos de lujo o suntuarios? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a que la deuda surgida de la crisis y la inversión necesaria para la recuperación la paguen en mayor medida los que más tienen? Se puede pactar. ¿Están dispuestos realmente a mantener, recuperar y ampliar el Estado de bienestar? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la integración social europea? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a mejorar las políticas de cooperación internacional y buscar una solución digna a los problemas de la migración? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a impulsar un orden internacional más justo? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a impulsar la desaparición de los paraísos fiscales? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a frenar la deriva del capitalismo salvaje, controlar la especulación financiera y regular la globalización? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a establecer sanciones disuasorias contra los especuladores? Se puede pactar.
¿Están dispuestos a formar un gobierno sin corruptos y libre de sospechosos de recibir sobres u otros sobresueldos? Se puede pactar. ¿Están dispuestos a abrir una amplia investigación parlamentaria sobre la corrupción y las comisiones en contratos públicos y autorizaciones? Se puede pactar.
Y si además el PP se disuelve, adelante con el pacto.
Rafa Castillo.
sábado, 26 de diciembre de 2015
Gobernar con los marcianos.
Desde que los antiguos griegos intentaron la cuadratura del círculo y tropezaron indefectiblemente con el número transcendente π, no había habido otro intento de tal magnitud como el realizado ayer por la baronesa socialista Susana Díaz.
Su propuesta consiste en oponerse a la reelección de Rajoy, no gobernar con el apoyo de Podemos y que no se repitan las elecciones. Descartado que el PSOE gobierne con el apoyo del PP o dé su apoyo a Podemos, solo quedan dos opciones: esperar cuatro años con un gobierno en funciones hasta que se repitan las elecciones o gobernar en coalición con los marcianos.
El domingo, al parecer, se reúnen los señores y señoras feudales con Pedro Sánchez para imponerle la propuesta que este habrá de llevar, le guste o no, al Comité Federal si no quiere salir escaldado del cónclave socialista. Y es hora ya de decir basta.
Desde la renuncia de Felipe González nuestro partido se ha convertido en un reino de taifas que ha pretendido controlar desde los poderes locales la actuación de los líderes que mediante congresos o primarias elegíamos los militantes. Y así, con actuaciones cainitas de mayor o menor pelaje nos los fuimos cargando uno a uno si no se plegaban (y plegaban la decisión de los militantes) a los intereses interesados de los barones territoriales.
Y si Felipe fue la excepción y pudo liderar el partido libre de ataduras, lo logró con un golpe de fuerza. Dimitió como secretario general y puso en marcha un congreso extraordinario en el que tuvo el respaldo claro y mayoritario de la militancia. Y desde ahí, con aciertos y algún error, dirigió claramente el partido de congreso en congreso. Porque solo un congreso puede contradecir lo que determinó el anterior.
He leído que Pedro Sánchez pretendía aplazar el Congreso hasta que se solucione la gobernabilidad de España. Si es cierto, sería un error. Si la situación del Comité Federal se hace insostenible. Lo que procede es un nuevo congreso incluso adelantado. Convocarlo, si estatutariamente puede, o forzarlo con su dimisión y la de su ejecutiva.
Solo así podría la militancia expresar su opinión sin intermediarios y establecer, creo que por mayoría aplastante, su apoyo a que Pedro Sánchez, sin atravesar por supuesto las líneas rojas que sabemos que no debe atravesar, intente la formación de un gobierno de progreso para que no sea el PSOE el obstáculo a esta alternativa y, en línea con lo explicado en mi artículo anterior, no pague electoralmente el fracaso de las negociaciones.
Para ello hay tiempo. Hasta el día 13 no se constituye el Congreso de los Diputados. Luego, sin plazo predeterminado, el Rey tendrá que consultar a los líderes de los grupos parlamentarios y proponer un candidato al Presidente del Congreso. Luego, desde el primer intento de investidura del candidato propuesto, quedarán todavía dos meses hasta que se proceda a la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Tiempo, por tanto, más que suficiente para la celebración de un Congreso extraordinario del PSOE.
Desde la legitimidad moral de no haber apoyado a Pedro Sánchez en las primarias, ¡Ánimo, Pedro! Y a por todas.
Rafa Castillo.
Su propuesta consiste en oponerse a la reelección de Rajoy, no gobernar con el apoyo de Podemos y que no se repitan las elecciones. Descartado que el PSOE gobierne con el apoyo del PP o dé su apoyo a Podemos, solo quedan dos opciones: esperar cuatro años con un gobierno en funciones hasta que se repitan las elecciones o gobernar en coalición con los marcianos.
El domingo, al parecer, se reúnen los señores y señoras feudales con Pedro Sánchez para imponerle la propuesta que este habrá de llevar, le guste o no, al Comité Federal si no quiere salir escaldado del cónclave socialista. Y es hora ya de decir basta.
Desde la renuncia de Felipe González nuestro partido se ha convertido en un reino de taifas que ha pretendido controlar desde los poderes locales la actuación de los líderes que mediante congresos o primarias elegíamos los militantes. Y así, con actuaciones cainitas de mayor o menor pelaje nos los fuimos cargando uno a uno si no se plegaban (y plegaban la decisión de los militantes) a los intereses interesados de los barones territoriales.
Y si Felipe fue la excepción y pudo liderar el partido libre de ataduras, lo logró con un golpe de fuerza. Dimitió como secretario general y puso en marcha un congreso extraordinario en el que tuvo el respaldo claro y mayoritario de la militancia. Y desde ahí, con aciertos y algún error, dirigió claramente el partido de congreso en congreso. Porque solo un congreso puede contradecir lo que determinó el anterior.
He leído que Pedro Sánchez pretendía aplazar el Congreso hasta que se solucione la gobernabilidad de España. Si es cierto, sería un error. Si la situación del Comité Federal se hace insostenible. Lo que procede es un nuevo congreso incluso adelantado. Convocarlo, si estatutariamente puede, o forzarlo con su dimisión y la de su ejecutiva.
Solo así podría la militancia expresar su opinión sin intermediarios y establecer, creo que por mayoría aplastante, su apoyo a que Pedro Sánchez, sin atravesar por supuesto las líneas rojas que sabemos que no debe atravesar, intente la formación de un gobierno de progreso para que no sea el PSOE el obstáculo a esta alternativa y, en línea con lo explicado en mi artículo anterior, no pague electoralmente el fracaso de las negociaciones.
Para ello hay tiempo. Hasta el día 13 no se constituye el Congreso de los Diputados. Luego, sin plazo predeterminado, el Rey tendrá que consultar a los líderes de los grupos parlamentarios y proponer un candidato al Presidente del Congreso. Luego, desde el primer intento de investidura del candidato propuesto, quedarán todavía dos meses hasta que se proceda a la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas elecciones. Tiempo, por tanto, más que suficiente para la celebración de un Congreso extraordinario del PSOE.
Desde la legitimidad moral de no haber apoyado a Pedro Sánchez en las primarias, ¡Ánimo, Pedro! Y a por todas.
Rafa Castillo.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Y ahora, qué?
Hasta el día 20, los ciudadanos reflexionamos sobre el destino de nuestro voto. Desde el día 20, corresponde a sus destinatarios reflexionar sobre el sentido de nuestro voto. Y eso es lo que tenemos que exigir que hagan.
Ni espero, ni me importa que lo hagan, los del pensamiento único y simple ni los de sus nuevas generaciones modernizadas. Me dirijo a los míos, al PSOE y a todos los demás que desde posiciones más próximas o más alejadas comparten la necesidad de una política más social y más de izquierda. Y los primero que les digo que es la hora de la grandeza y que sobran todos aquellos cuyo interés es el tactismo, desde fuera para comer espacio a otros partidos y desde dentro para cargarse a algún líder.
Hay en el PSOE barones y baronesas que creen que lo mejor es no pactar un gobierno de izquierda y liderar la oposición a Rajoy en espera de rentabilizar en las próximas elecciones el fracaso de un gobierno en minoría. Y se equivocan y actúan mal. Se equivocan porque su oposición pasará desapercibida en la opinión pública donde tenemos perdida la batalla ante podemos. Y porque el mínimo pacto de estado que haya que hacer, y puede que alguno haya que hacer objetivamente, dará pie a la resurrección del mensaje, simple pero efectivo, de que de nuevo gobierna el PPSOE. Y actúan mal porque si el gobierno fracasa le irá mal a España. Y, en mi opinión, si lo hacen bien conforme a sus criterios también.
Y en sentido contrario. También en Podemos están usando la calculadora de votos. A ellos si les vendría bien una repetición de elecciones. Saben que en este caso se comerían al PSOE hasta convertirlo en un partido marginal, y con sus votos se convertirían en una auténtica alternativa de gobierno. Curiosamente este mismo argumento lo utiliza al PP para presionar al PSOE para que le deje gobernar. Si se repiten las elecciones, desaparecéis.
Esta táctica de los de Pablo Iglesias se debe en gran parte a la concepción mesiánica de algunos de sus dirigentes. Solo ellos representan auténticamente a la gente y por tanto solo ellos son la solución. Así pues, mejor no pactar con los socialistas y que se repitan las elecciones. Y la prueba de que en Podemos no quieren un pacto de izquierda es donde han situado las líneas rojas. ¿En la política social o el establecimiento de impuestos progresivos? ¿En el salario mínimo, en las pensiones o en la renta social? ¿En la nacionalización de la banca o el freno a las privatizaciones? ¿En la dación en pago o el fin de los desahucios? ¿En la reforma electoral o el mandato revocable? ¿En la supresión de altos cargos o el fin de las puertas giratorias? ¿En la lucha decidida contra la corrupción o el fraude? ¿En el fin de la Monarquía y la supresión del Senado?
No. La línea roja de Podemos está ahora en el referéndum vinculante para la autodeterminación de Catalunya. Como ilustra bien la tira de Peridis en El País, “antes éramos bolivarianos, después fuimos socialdemócratas y ahora somos soberanistas”. Y se establece esta línea roja porque se sabe que es la única que no se puede aceptar. En casi todas las otras se podría negociar o podrían ser aplicadas parcial o gradualmente. Pero esta no. Porque el PSOE no está de acuerdo, porque es ilegal y porque no se podría aplicar porque el PP la recurriría.
Que no se equivoque Iglesias. Sus votantes, en la euforia de unas elecciones que les resultaron emocionantes y esperanzadoras, descontaron el tema del referéndum. Le sirvió para ganar votos en Catalunya, Euskadi e incluso en Galicia. Pero nadie en Murcia, Cáceres o Málaga le votó por el referéndum. Le votaron a pesar de él. Pero no le perdonarán que pierda una oportunidad de cambiar la política de este país por mostrarse más soberanista que Oriol Junqueras. Y el importante capital de votos que atesora puede desvanecerse si deja pasar, por cálculo estratégico esta oportunidad.
Pero, volviendo a los míos. Lo primero es decir que los míos deberían pensar en los nuestros. Digan lo que digan los barones, baronesas y algunos otros que dan la Vara, los votantes no nos dieron el mandato de estar en la oposición. Nuestros votantes nos votaron para que gobernemos, para que transformemos la sociedad, para que revirtamos este austericidio y para recuperar el estado de bienestar y la justicia social.
Y si no tuvimos más votos (en las dos últimas elecciones perdimos más de cinco millones) habrá que ver hacia donde se escaparon. ¿Hacia el PP? Evidentemente no. Se han ido, guste o no, hacia Podemos. Por tanto no los recuperaremos facilitando la investidura de Rajoy o propiciando nuevas elecciones, en las que nuestro castigo será aún mayor. Volverán a nosotros si ven claro que hemos entendido el mensaje y ponemos toda la carne en el asador para hacer lo que quieren que hagamos, para hacer lo que tenemos que hacer.
Muchas encuestas y sondeos dicen que el 50% de los ciudadanos quieren un gobierno de coalición de PSOE y Podemos. ¿Son muchos o pocos? ¡Son los nuestros! La otra mitad son los que apoyan a la derecha. Y esto tenemos que verlo claro tanto los rojos como los morados.
Por eso la solución inteligente es un buen pacto, y la buena solución es un pacto inteligente. Y un pacto inteligente es enmarcarlo en el eje adecuado, que no es el soberanista, sino el de derecha izquierda. Y planteado así, será Podemos quien tenga la palabra y diga si quiere que haya o no un cambio real en este país.
Nosotros sabemos, y ellos también, que no es posible una solución a la griega. Es inviable y solo generaría frustración social. Pero como decíamos hace años, “menos mal que nos queda Portugal”. Si en 1974 buscábamos con interés si algún general español usaba monóculo, como el general Spínola de la Revolución de los claveles, hoy tenemos que mirar como línea a seguir el nuevo gobierno portugués. El gobierno de los avances posibles, de mejoras lentas, pero seguras y firmes. Y mejor que con apoyos externos, un gobierno de coalición. Un gobierno de coalición PSOE Podemos e incluso IU, y si es posible con apoyo de los nacionalistas.
Un gobierno con amplitud de objetivos en avances sociales pero que haga cambios realistas en función de los límites que permite la coyuntura. Y un acuerdo parlamentario para crear una ponencia constitucional que estudie la necesaria reforma de la Constitución.
Y no caigamos en la trampa de las derechas de este país. El interés general de España no lo definen ellos. No son los únicos intérpretes de lo que es bueno para el país. Lo decide la sociedad cuando vota y se expresa en la proporción del voto, y todas las opciones, gusten o no, son igual de legítimas. Y, digan lo que digan, se puede pactar hasta con los independentistas. Claro que no pactar la independencia. Pero si se les puede poner en la tesitura de decidir si apoyan un gobierno de progreso social y una reforma constitucional que blinde los derechos sociales y que amplíe, ¿Por qué no? Los ámbitos de autonomía. Y ellos dirán si sí o si no.
Somos náufragos en un bote salvavidas. Tenemos diferencias, pero tenemos que aplazarlas momentáneamente por legítimas que sean, y remar juntos hacia la orilla del progreso social.
Por eso, yo que en las primarias de partido voté en contra de Pedro Sánchez, le doy ahora el máximo apoyo para intentar un gobierno de progreso. Con todos los que quieran unirse. Excepto las rancias derechas del PP y Ciudadanos, por supuesto.
Rafa Castillo.
Etiquetas:
Albert Rivera,
Ciudadanos,
coalición,
elecciones,
gobierno,
IU,
mandato electoral,
nacionalistas,
Pablo Iglesias,
Pedro Sánchez,
Podemos,
PP,
PSOE,
Rajoy
Suscribirse a:
Entradas (Atom)