jueves, 22 de junio de 2017

Los votantes del PP son burros.

Los votantes delo PP son unos burros. Y no es que lo diga yo. Lo dice el ministro Montoro, pero no es una de sus clásicas gracietas, sino seguramente una traición del subconsciente. Y para verlo claro hagamos un pequeño repaso histórico.
El actual sistema fiscal, en lo que respeta al IRPF es un sistema más o menos progresivo (ya lo fue más). Es decir, a medida que aumentan los ingresos del individuo se le aplica un porcentaje mayor.
Ahora bien. Si el salario de una persona crece anualmente el IPC, realmente no es que le suban el sueldo, sino que mantiene su mismo poder adquisitivo. Pero al aumentar nominalmente los ingresos, en teoría le aumenta el porcentaje del impuesto.
Desde Suárez a Felipe González, los gobiernos corregían esto mediante lo que se llamaba la deflación del impuesto en un porcentaje similar al incremento del IPC. Así que el mismo contribuyente seguía pagando siempre el mismo porcentaje aunque pagase más cantidad por los mayores ingresos.
En esto llegó Aznar y nos hizo trampas. Durante los tres primeros años de gobierno de su primer mandato, no deflactó el impuesto, con lo que realmente nos lo subió. El cuarto año, víspera de elecciones lo bajó en lo equivalente a lo que había subido, (para las rentas altas, más) y nos vendió la moto de la rebaja de impuestos. Los votantes se la compraron y ganó las elecciones con mayoría absoluta.
En su segundo mandato, a la vista del éxito, hizo lo mismo. No deflactar el impuesto y luego vendernos como una rebaja volverlo a dejar como estaba. Y le hubiese dado resultado si no fuesen las mentiras del 11-M.
Con Zapatero se recuperó la lógica práctica de deflactar el IRPF. Pero tras la crisis llegó Rajoy. Comenzó directamente subiendo los impuestos y por tanto recaudando más durante su mandato. Y nuevamente, en vísperas electorales nos hizo una pequeña rebaja. Y su rebaño, tan contento y orgulloso.
Estos días le preguntaron a Montoro si ahora que la economía crece bajará los impuestos. La respuesta fue clara. Estamos a principio de la legislatura y hay que dejar algunas zanahorias para el final. Burros, más que burros.
Rafa Castillo.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Intervención en la inauguración de la exposición de la vieja cárcel de Lugo.

Buenas tardes, amigos y amigas.
Casi no parece una cárcel! Muchas gracias al ayuntamiento de Lugo por hacer agradable este espacio que hoy nos acoge y que permite tener esta exposición y este acto. Pero no olvidemos (llamemos a las cosas por su nombre) que hace 80 años este edificio fue el zulo en el que aquellos terroristas tuvieron secuestrados a nuestros abuelos.
Hoy entramos aquí, por esa puerta, con emoción, como hombres y mujeres libres que viven en un Estado democrático, y en una sociedad tolerante. Con problemas, pero tolerante. Y saldremos como entramos, saludándonos y mismo abrazándonos, emocionados, libres, con la misma o más tolerancia, y en el mismo Estado democrático. Con sus carencias, pero democrático.
Pero hace 80 años nuestros abuelos entraron por esta misma puerta. No con emoción, sino con miedo. No libres, sino presos. No en un Estado democrático, sino en una tiranía. No en el seno de una sociedad tolerante, sino en el seno de una sociedad crispada y cainita.
Y también salieron. Unos en una seudolibertad controlada en el mismo Estado totalitario, para vivir en el miedo los años de la represión. Algunos, quizás, hacia el destierro. Muchos salieron como salió Antonio Reboiro, mi abuelo. Porque Antonio Reboiro también salió de este edificio. Pero salió por la puerta de atrás. No salió libre, sino esposado. No hacia su casa, sino camino del muro junto a lo que fue asesinado.
Desde que supe su historia he hablado muchas veces de Antonio Reboiro. Incluso en otros actos como este a los que fui invitado. Y seguiré hablando de él, con legítimo orgullo, toda mi vida. Seguramente esperéis que hoy también lo haga. Pero no. La diferencia de algún importante líder que nos gobierna, yo no soy previsible. Lo siento, pero son de izquierdas. Además, mejor que lo haría yo, ya lo hizo mi madre en el vídeo que hay en el museo.
Por eso hoy quiero hablaros de una gran mujer. De una mujer de cuerpo menudo pero con un gran corazón, con un gran espíritu. Hoy quiero hablar de la Bernarda. De mi abuela. De todas las Bernardas, de todas las abuelas, porque seguro que cada uno de vosotros tuvo una Bernarda en su familia.
La Bernarda vivió viuda 60 años hasta morir a punto de cumplir los 104. Porque la Bernarda fue viuda antes de que hubiese muerto su marido. Enviudó el mismo día que su marido entró por esa puerta. Y esta gran mujer tuvo que levantar su casa. Sacar adelante, en un ambiente hostil, su pequeña explotación agraria de subsistencia. Cuidar a su suegra anciana y enferma. Y criar ella sola, en una sociedad machista, cuatro hijos, dos de ellas muy pequeñas.
La Bernarda venía a Lugo a ver a Antonio. Caminaba a pié más de diez kilómetros para coger en Bóveda el tren que la traía la esta ciudad. Venía siempre con el miedo de encontrarlo ya muerto. Y regresaba a su casa con una moderada esperanza al verlo vivo. Imagino la emoción con la que apuraba el paso en el regreso para abrazar y besar a sus hijos y darles la buena noticia.
Excepto una vez. Hubo un día que vino a Lugo, no con miedo, sino llena de esperanza, de alegría. Era un día perfecto, de alegría y felicidad. Era el día 7 de marzo de 1938, y la Bernarda llevaba en el bolso a carta del indulto. Por fin acababa la pesadilla!
Pero cuando llegó ya lo habían linchado esa misma noche. No quiero imaginar ese regreso. La lenta marcha del tren de vapor. El largo recurrido a pié pensando en cómo contarles a Isaac y a Milín que habían matado a su padre. Pensando en cómo ocultar las lágrimas a sus hijas de 3 y 5 años. No puedo imaginar ese nuevo encuentro en casa con sus hijos.
Y la madre Bernarda, como le gustaba que la llamáramos los nietos, vivió un largo luto de 58 años. Pero desde su dolor nos dio fuerza y alegría a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Gracias, Bernarda. Muchas gracias a todas las Bernardas.
Y para finalizar, hoy quiero aprovechar que estoy aquí para pedirle a Lara, la alcaldesa de Lugo, y a todo el ayuntamiento un nuevo favor.
Yo no visito los cementerios el día de difuntos. Ni guardo luto. Yo llevo a diario, como todos, a mis difuntos en la mente y en el corazón. Pero mucha gente sí necesita visualizar su dolor. Necesitan una tumba sobre la que cerrar el duelo, junto a la que rezar, en su caso.
Nuestra sociedad tiene una deuda con toda la gente que murió injustamente asesinada y sus familias. Pero también sé que identificar los restos es un gasto muy grande que este país en crisis no puede permitirse, y por mi parte renuncio a reclamar a la gente joven, a la gente de hoy que no tiene culpa del pasado, ese esfuerzo. No quiero darle pretexto a alguno miserable para decir, desde su chulería insufrible, que sólo nos acordamos de nuestros muertos cuando hay subvenciones.
Tampoco queremos una chapuza como se hizo con los muertos del Yack-42 y que se repartan los restos a peso. Os pido, que busquéis una alternativa digna. Y propongo una posible solución, si legalmente es factible.
Que se incineren todos los restos juntos. Al fin llevan ya juntos 80 años. Mantener la mayoría de los restos en la actual fosa, tal vez otra parte en este museo, y repartir una pequeña cantidad la cada una de las familias que lo soliciten. Y si no, darnos una porción de la tierra que los cubre. La tierra puede reponerse. Esta entrega podría hacerse en un acto de homenaje a todos desde el ayuntamiento de Lugo.
Luego cada familia podría darle la esos restos el destino que decida. Y podrían hacer en su ámbito a homenaje que quieran. Nos, seguramente, los llevaríamos a la tumba de mi abuela. Al fin, 80 años después, Bernarda y Antonio podrían descansar juntos. Y Luz y Paz, mi madre y mi tía, podrían llorar y rezar ante los dos juntos.
Muchas gracias.
Rafa Castillo.

viernes, 21 de abril de 2017

Nada por aquí, nada por allá.

Los que llamamos magos, que recorren con sus espectáculos teatros y platós de televisión, no son tales, sino personas con habilidad, en sus manos y sus mentes, que desvían nuestra atención con sus palabras y una mano mientras con la otra hacen el verdadero truco. Y por lo visto, Mariano es un auténtico mago.
Baste recordar aquellos temidos viernes de 2012 y 2013 en los que el Consejo de Ministros del presidente manos-tijeras adoptaba medidas duras que se presentaban edulcoradas por la Vice y el inefable Montoro con sus consabidos eufemismos mientras esperábamos temerosos a la lectura del BOE del sábado.
Y ahora sigue siendo lo mismo.
Hace unos meses realizaron numerosos cambios en la fiscalía. Cambiaron los fiscales jefes de varias provincias y en paquete también al fiscal jefe anticorrupción. De este nombramiento llamó la atención que no tenía experiencia en esa área, pero el tema no pasó de ahí.
Pero mientras el respetable miraba ensimismado lo que hacía la mano visible. ¡Cambian al fiscal jefe de Murcia cuando se está investigando a Pedro Antonio Sánchez, presidente de la comunidad! Y todos nos rasgábamos las vestiduras por tal escándalo mientras ¡oh magia! Con la otra mano nos colaban como jefe de la fiscalía anticorrupción al candidato propuesto por Ignacio González… ¡genial!
¡Pasen y vean!!!
Rafa Castillo.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jarrones chinos.

Empecemos puntualizando que yo no tengo un Jarrón Chino. En todo caso tendría un “jarrón de los chinos”, que suena parecido pero no es lo mismo. Tener un Jarrón Chino está al alcance solo de los de IBEX-35, que son los que entienden de esas cosas, pero yo no llego a ese nivel. En todo caso, si lo tuviese, tampoco pretendería que se rompiese, pero lo metería en una vitrina o en el desván.
Y eso es lo que tiene que hacer hoy el PSOE con todos sus exdirigentes, expresidentes, exministros y la mayoría de sus barones y baronesas, antiguos y actuales. Aprender de su experiencia, valorar su peso histórico, recordar sus logros y aportaciones positivas de su pasado, olvidar sus incoherencias actuales y empezar a escribir la nueva historia del partido.
Hace unos días Lambón, perdón, Lambán, dirigente socialista de Aragón decía de Pedro Sánchez que “debería seguir la estela de sus antecesores, retirarse con dignidad, estar a disposición de lo que el partido le reclame y desde luego no estorbar ni interferir en la marcha de la nueva etapa del partido”. No sé si Lambán piensa que no estorbar ni interferir se parece a lo que hace Felipe González, pero en todo caso Pedro Sánchez, guste más o menos, tiene todo el derecho a no retirarse y continuar aspirando a dirigir el partido. Derecho que también tiene Felipe González, por supuesto, quien si lo estima oportuno debería aspirar a estar en primera fila en lugar de molestar como lleva años haciendo.
Y como hemos llegado a donde hemos llegado, lo que el partido necesita es realizar con calma un congreso urgente. Y no es una contradicción. Porque de momento ya empezamos mal pues todos, tirios y troyanos ya están diseñando el escenario a su medida metidos de pleno en el tactismo en lugar de pensar en primer lugar en el partido. Sánchez quiere un congreso urgente que valore su postura del no, que yo apoyo, antes de caer en el olvido. La baronesa y los suyos pretenden dilatarlo para que los militantes olviden su vergonzosa abstención y poder presentarse más adelante como la salvación del PSOE.
Yo quiero que se convoque ya el Congreso, pero con un margen de tiempo amplio para su preparación y realización. Un tiempo que permita un proceso de maduración y reflexión de los militantes para reconstruir el partido y sus objetivos a medio y largo plazo.
Así los candidatos a primarias no deberían presentarse simplemente y buscar ser elegidos por su encanto personal o por los apoyos territoriales de que dispongan. Eso solo nos conduce a más de lo mismo y encamina al partido a su marginalización y a medio plazo a su desaparición.
El candidato debería presentarse con un documento en sus manos, de uno, diez o cien folios, abierto al debate, pero que fije su visión de la situación actual, analice las causas del retroceso del socialismo en toda Europa y en España en particular, que estudie las causas del crecimiento de los diversos populismos en la mayoría de los países y que ofrezca, con mayor o menor detalle, las líneas maestras de su visión sobre la política a impulsar y sus propuestas de solución a los principales problemas del país. Desde su integración territorial a su integración social con la reducción de las desigualdades que se han ido incrementando en las últimas décadas.
Y si el candidato es un desconocido, mejor.
Rafa Castillo.

martes, 1 de noviembre de 2016

Las cosas por su nombre.

Ayer tuve el honor de participar en el homenaje al alcalde de San Tirso de Abres. D. Clemente Amago. Y el privilegio de compartir atril con, entre otros, tres poetas, Belén Rico Prieto, Claudio Rodríguez Fer y Xosé Miguel Suárez “Tapia”.
Y de camino a casa, escuchar a esos artistas de la palabra, me hizo reflexionar sobre la importancia de la palabra en estos actos. Porque finalizada, y perdida, la guerra hace ya 77 años, es la batalla de las palabras la que tenemos que ganar. Al fin las palabras escriben la historia y en esta tiene que quedar claro quien y que fue cada uno.
Para comenzar por el principio habría que analizar los nombres con los que los historiadores del franquismo bautizaron a los bandos contendientes. Y me niego a aceptar que los golpistas sean los Nacionales. Nacionales eran los auténticos representantes de la Nación. Los otros fueron el grupo terrorista que se enfrentaron a ella.
Muchos legítimos representantes del pueblo fueron acusados, juzgados y condenados por rebelión y por traición. La palabra rebelión, que tiene una acepción noble cuando se ejerce contra la injusticia y la opresión, no puede aplicarse en su aspecto negativo a quienes defendían la legalidad vigente frente al ataque de los facciosos.
Más grave e injusto es aplicar a los demócratas la palabra traición. No puede llamarse traidor a la patria a quienes la defendían, pues la patria no es un concepto que pueda ser definido por la voluntad de una parte. La patria la define la voluntad del pueblo, de la Nación, y esta la concretan quien gana democráticamente las elecciones. Y quienes se alzaron contra esta legalidad fueron los traidores a la patria.
Tampoco lo del 36 fue un golpe de Estado. Este concepto, en si mismo, es neutro. Un golpe de Estado contra una democracia es negativo, pero contra una dictadura, como fue el 25 de abril en Portugal, no es lo mismo. Lo que hubo aquí fue simplemente un acto terrorista que triunfó. Al fin el terrorismo puede definirse como “forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general”. Pues eso.
Finalmente, al general superlativo le llamaron caudillo. Y esto suena como a líder. Y tampoco lo fue. Liderar es “encabezar y dirigir un grupo o movimiento social” y supone que ese grupo y sociedad está detrás y conforme con el líder. Y no. El régimen franquista fue directamente una tiranía.
Rafa Castillo.

domingo, 2 de octubre de 2016

Que alguien arregle esto.

Ahora, tras el golpe de estado producido ayer en el PSOE, ya está solucionado el futuro. Los barones y la baronesa no tendrán que proponer la vergonzante abstención. Para eso han nombrado unos acólitos que les harán el trabajo sucio para después decir que ellos son la auténtica oposición al PP. Y con ello llevarán al partido a un nuevo ridículo.
Al día siguiente de ser investido, Mariano Rajoy empezará a tomar “medidas”. Y convencido como está de que la suya es la única política buena, seguirá avanzando en su línea anterior elaborará un presupuesto de recortes y nuevos copagos para cumplir sin rechistar, sin renegociar los objetivos impuestos por Europa. Y claro que hay que alcanzar la estabilidad presupuestaria. Pero no hay un único camino para lograrla. Pongamos un ejemplo. Si hay que aumentar la recaudación se puede hacer vía impuestos o tasas. El PP apostará por las tasas (copagos). La diferencia es que estas las pagamos todos por igual. Un buen sistema de impuestos haría que pague más quien más tiene.
Y el presupuesto que el gobierno elabore será aprobado en el parlamento con los votos a favor del PP y Ciudadanos y la abstención, si no el voto a favor, de PNV y la antigua Convergencia que verán así solucionadas, sin mojarse sus cuentas. Y mientras los socialistas burlados y con un palmo de narices.
Pero supongamos que no. Supongamos que Rajoy, agradecido por la investidura favorecida por los lacayos de Susana, se siente magnánimo y ofrece un pacto al PSOE. Y que la buena negociación del nuevo testaferro de la baronesa (quien nos lo iba a decir a quienes votamos a Madina) hace que el presupuesto tenga un cierto sesgo social. Imaginemos por ejemplo que se logra una subida de las pensiones dos puntos por encima de la inflación, algo que no se recuerda desde la primera legislatura de Zapatero. Un triunfo, pensarán algunos, que nos reconcilia con la sociedad y los votantes perdidos.
Pues no. Unidos Podemos, tontos serían si no lo hiciesen, exigirán cuatro o cinco puntos, y el “logro” obtenido tras arduas negociaciones sabrá a nada. En definitiva. Acabamos de facilitar el sorpasso. Nos encaminamos entusiasmados tras la senda del PSOC y apuesto a quien quiera que en la próxima legislatura no alcanzamos los 60 escaños. Salvo que surja alguien, socialista de verdad, y con ideas muy claras que lo remedie.
Se buscan candidatos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gobierno en octubre.

Cuando a la gente le preguntan si piensan votar en las terceras elecciones generales muchos contestan, con ironía, que reservan su voto para las cuartas. Y es que al parecer hemos entrado en un bucle sin aparente solución. Y sin embargo hay una salida fácil. Basta poner las cosas claras y olvidar algunas líneas rojas sin sentido.
Si olvidamos las elecciones gallegas, cuya resolución es fácil, o mayoría absoluta del PP o gobierno alternativo de coalición, y que en todo caso tendrán poca influencia a nivel estatal (salvo resultados que supongan un descalabro de alguno de los partidos de la izquierda) habrá que estar al resultado de las vascas y esperar que pase la moción de confianza de Catalunya.
Primero hay que tener clara una cosa. Es necesario que haya un gobierno, por supuesto, pero depende de que gobierno. Es claro que para la derecha, muchos medios y opinadores, algunos jarrones chinos y varones y varonesas desubicados ideológicamente, el gobierno le corresponde por derecho natural al PP. Y por lo tanto el PSOE tiene la obligación teleológica de abstenerse para que eso ocurra. Y tal vez organizar un homenaje a Rita, Soria, Bárcenas, Rato y demás especímenes da la fauna corrupta del PP.
Pero no es así. No se puede exigir a un partido de izquierdas, al que votaron gentes de izquierda y para hacer políticas de izquierda, que facilite, no un gobierno, una política de derecha. Se dirá que ya empiezo con una línea roja, pero no. Ya en un artículo anterior indiqué en que condiciones sería aceptable la abstención socialista. Que el PP gobernase con una política de izquierdas.
Porque no olvidemos una cosa. Si hipotéticamente el PSOE facilitase con su abstención la investidura de Rajoy, el presidente al día siguiente llamaría, para pactar los presupuestos o cualquier otra medida restrictiva… a sus socios naturales de la derecha vasca y catalana. No haría con los socialistas unos presupuestos o reformas sociales.
Caben pues dos alternativas. Un gobierno de PSOE y Podemos con apoyo de Ciudadanos o el mismo gobierno con apoyo de los nacionalistas. El problema es que ambas alternativas cuentan con líneas rojas.
Ciudadanos tiene que decidir si su único objetivo es un gobierno de derechas, o si apuesta por la regeneración y permite un gobierno de progreso y luego lo apoya o no, con plena libertad, en cada medida concreta. Y Podemos tiene que clarificar porque dice un no tan rotundo al apoyo de la derecha de Ciudadanos y en cambio exige un gobierno con las derechas nacionalistas. De lo que debería de tratarse es de que el programa de gobierno fuese progresista.
En todo caso voy a hacer mi propuesta personal. Tenemos en realidad un puzle de problemas, España, Euskadi y Catalunya, cuya resolución con inteligencia y voluntad puede ser fácil y conjunta. Un pacto, si no de Estado, por el Estado de los principales partidos progresistas y nacionalistas.
En Euskadi, sería un gobierno del PNV, con o sin el PSE pero con su apoyo y la abstención de Podemos. En Catalunya apoyo al Gobern del PSC que lo liberara del chantaje permanente de la CUP. Y en España un gobierno de PSOE y Podemos con el apoyo para la investidura de la antigua Convergencia y ERC.
¿Y las líneas rojas? Los nacionalistas catalanes, especialmente los de la antigua Convergencia, deberían constatar que a la actual situación se llega por el empecinamiento ultranacionalista del PP, y darse la oportunidad de un nuevo encaje en el Estado mediante una amplia reforma constitucional que de cobijo a las aspiraciones de la sociedad catalana.
¿Y los varones, varonesas y jarrones chinos del PSOE? Decía el maestro de Juan Salvador Gaviota que para viajar tan rápido como el pensamiento tienes que empezar por saber que ya has llegado. Pues si queremos que los catalanes sean españoles tenemos que empezar por saber que lo son. Y que por tanto sus aspiraciones y sus Diputados son tan legítimos como los demás. Y estos forman parte, cada uno como uno más, del Parlamento de España. Y por tanto su apoyo es tan legítimo como, por ejemplo, el de Ciudadanos. No estaríamos pues pactando con los independentistas. Estaríamos facilitado su integración en España.
Así se construye la igualdad y, a un tiempo, se solucionan los problemas.
Rafa Castillo.