viernes, 21 de abril de 2017

Nada por aquí, nada por allá.

Los que llamamos magos, que recorren con sus espectáculos teatros y platós de televisión, no son tales, sino personas con habilidad, en sus manos y sus mentes, que desvían nuestra atención con sus palabras y una mano mientras con la otra hacen el verdadero truco. Y por lo visto, Mariano es un auténtico mago.
Baste recordar aquellos temidos viernes de 2012 y 2013 en los que el Consejo de Ministros del presidente manos-tijeras adoptaba medidas duras que se presentaban edulcoradas por la Vice y el inefable Montoro con sus consabidos eufemismos mientras esperábamos temerosos a la lectura del BOE del sábado.
Y ahora sigue siendo lo mismo.
Hace unos meses realizaron numerosos cambios en la fiscalía. Cambiaron los fiscales jefes de varias provincias y en paquete también al fiscal jefe anticorrupción. De este nombramiento llamó la atención que no tenía experiencia en esa área, pero el tema no pasó de ahí.
Pero mientras el respetable miraba ensimismado lo que hacía la mano visible. ¡Cambian al fiscal jefe de Murcia cuando se está investigando a Pedro Antonio Sánchez, presidente de la comunidad! Y todos nos rasgábamos las vestiduras por tal escándalo mientras ¡oh magia! Con la otra mano nos colaban como jefe de la fiscalía anticorrupción al candidato propuesto por Ignacio González… ¡genial!
¡Pasen y vean!!!
Rafa Castillo.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Jarrones chinos.

Empecemos puntualizando que yo no tengo un Jarrón Chino. En todo caso tendría un “jarrón de los chinos”, que suena parecido pero no es lo mismo. Tener un Jarrón Chino está al alcance solo de los de IBEX-35, que son los que entienden de esas cosas, pero yo no llego a ese nivel. En todo caso, si lo tuviese, tampoco pretendería que se rompiese, pero lo metería en una vitrina o en el desván.
Y eso es lo que tiene que hacer hoy el PSOE con todos sus exdirigentes, expresidentes, exministros y la mayoría de sus barones y baronesas, antiguos y actuales. Aprender de su experiencia, valorar su peso histórico, recordar sus logros y aportaciones positivas de su pasado, olvidar sus incoherencias actuales y empezar a escribir la nueva historia del partido.
Hace unos días Lambón, perdón, Lambán, dirigente socialista de Aragón decía de Pedro Sánchez que “debería seguir la estela de sus antecesores, retirarse con dignidad, estar a disposición de lo que el partido le reclame y desde luego no estorbar ni interferir en la marcha de la nueva etapa del partido”. No sé si Lambán piensa que no estorbar ni interferir se parece a lo que hace Felipe González, pero en todo caso Pedro Sánchez, guste más o menos, tiene todo el derecho a no retirarse y continuar aspirando a dirigir el partido. Derecho que también tiene Felipe González, por supuesto, quien si lo estima oportuno debería aspirar a estar en primera fila en lugar de molestar como lleva años haciendo.
Y como hemos llegado a donde hemos llegado, lo que el partido necesita es realizar con calma un congreso urgente. Y no es una contradicción. Porque de momento ya empezamos mal pues todos, tirios y troyanos ya están diseñando el escenario a su medida metidos de pleno en el tactismo en lugar de pensar en primer lugar en el partido. Sánchez quiere un congreso urgente que valore su postura del no, que yo apoyo, antes de caer en el olvido. La baronesa y los suyos pretenden dilatarlo para que los militantes olviden su vergonzosa abstención y poder presentarse más adelante como la salvación del PSOE.
Yo quiero que se convoque ya el Congreso, pero con un margen de tiempo amplio para su preparación y realización. Un tiempo que permita un proceso de maduración y reflexión de los militantes para reconstruir el partido y sus objetivos a medio y largo plazo.
Así los candidatos a primarias no deberían presentarse simplemente y buscar ser elegidos por su encanto personal o por los apoyos territoriales de que dispongan. Eso solo nos conduce a más de lo mismo y encamina al partido a su marginalización y a medio plazo a su desaparición.
El candidato debería presentarse con un documento en sus manos, de uno, diez o cien folios, abierto al debate, pero que fije su visión de la situación actual, analice las causas del retroceso del socialismo en toda Europa y en España en particular, que estudie las causas del crecimiento de los diversos populismos en la mayoría de los países y que ofrezca, con mayor o menor detalle, las líneas maestras de su visión sobre la política a impulsar y sus propuestas de solución a los principales problemas del país. Desde su integración territorial a su integración social con la reducción de las desigualdades que se han ido incrementando en las últimas décadas.
Y si el candidato es un desconocido, mejor.
Rafa Castillo.

martes, 1 de noviembre de 2016

Las cosas por su nombre.

Ayer tuve el honor de participar en el homenaje al alcalde de San Tirso de Abres. D. Clemente Amago. Y el privilegio de compartir atril con, entre otros, tres poetas, Belén Rico Prieto, Claudio Rodríguez Fer y Xosé Miguel Suárez “Tapia”.
Y de camino a casa, escuchar a esos artistas de la palabra, me hizo reflexionar sobre la importancia de la palabra en estos actos. Porque finalizada, y perdida, la guerra hace ya 77 años, es la batalla de las palabras la que tenemos que ganar. Al fin las palabras escriben la historia y en esta tiene que quedar claro quien y que fue cada uno.
Para comenzar por el principio habría que analizar los nombres con los que los historiadores del franquismo bautizaron a los bandos contendientes. Y me niego a aceptar que los golpistas sean los Nacionales. Nacionales eran los auténticos representantes de la Nación. Los otros fueron el grupo terrorista que se enfrentaron a ella.
Muchos legítimos representantes del pueblo fueron acusados, juzgados y condenados por rebelión y por traición. La palabra rebelión, que tiene una acepción noble cuando se ejerce contra la injusticia y la opresión, no puede aplicarse en su aspecto negativo a quienes defendían la legalidad vigente frente al ataque de los facciosos.
Más grave e injusto es aplicar a los demócratas la palabra traición. No puede llamarse traidor a la patria a quienes la defendían, pues la patria no es un concepto que pueda ser definido por la voluntad de una parte. La patria la define la voluntad del pueblo, de la Nación, y esta la concretan quien gana democráticamente las elecciones. Y quienes se alzaron contra esta legalidad fueron los traidores a la patria.
Tampoco lo del 36 fue un golpe de Estado. Este concepto, en si mismo, es neutro. Un golpe de Estado contra una democracia es negativo, pero contra una dictadura, como fue el 25 de abril en Portugal, no es lo mismo. Lo que hubo aquí fue simplemente un acto terrorista que triunfó. Al fin el terrorismo puede definirse como “forma violenta de lucha política, mediante la cual se persigue la destrucción del orden establecido o la creación de un clima de terror e inseguridad susceptible de intimidar a los adversarios o a la población en general”. Pues eso.
Finalmente, al general superlativo le llamaron caudillo. Y esto suena como a líder. Y tampoco lo fue. Liderar es “encabezar y dirigir un grupo o movimiento social” y supone que ese grupo y sociedad está detrás y conforme con el líder. Y no. El régimen franquista fue directamente una tiranía.
Rafa Castillo.

domingo, 2 de octubre de 2016

Que alguien arregle esto.

Ahora, tras el golpe de estado producido ayer en el PSOE, ya está solucionado el futuro. Los barones y la baronesa no tendrán que proponer la vergonzante abstención. Para eso han nombrado unos acólitos que les harán el trabajo sucio para después decir que ellos son la auténtica oposición al PP. Y con ello llevarán al partido a un nuevo ridículo.
Al día siguiente de ser investido, Mariano Rajoy empezará a tomar “medidas”. Y convencido como está de que la suya es la única política buena, seguirá avanzando en su línea anterior elaborará un presupuesto de recortes y nuevos copagos para cumplir sin rechistar, sin renegociar los objetivos impuestos por Europa. Y claro que hay que alcanzar la estabilidad presupuestaria. Pero no hay un único camino para lograrla. Pongamos un ejemplo. Si hay que aumentar la recaudación se puede hacer vía impuestos o tasas. El PP apostará por las tasas (copagos). La diferencia es que estas las pagamos todos por igual. Un buen sistema de impuestos haría que pague más quien más tiene.
Y el presupuesto que el gobierno elabore será aprobado en el parlamento con los votos a favor del PP y Ciudadanos y la abstención, si no el voto a favor, de PNV y la antigua Convergencia que verán así solucionadas, sin mojarse sus cuentas. Y mientras los socialistas burlados y con un palmo de narices.
Pero supongamos que no. Supongamos que Rajoy, agradecido por la investidura favorecida por los lacayos de Susana, se siente magnánimo y ofrece un pacto al PSOE. Y que la buena negociación del nuevo testaferro de la baronesa (quien nos lo iba a decir a quienes votamos a Madina) hace que el presupuesto tenga un cierto sesgo social. Imaginemos por ejemplo que se logra una subida de las pensiones dos puntos por encima de la inflación, algo que no se recuerda desde la primera legislatura de Zapatero. Un triunfo, pensarán algunos, que nos reconcilia con la sociedad y los votantes perdidos.
Pues no. Unidos Podemos, tontos serían si no lo hiciesen, exigirán cuatro o cinco puntos, y el “logro” obtenido tras arduas negociaciones sabrá a nada. En definitiva. Acabamos de facilitar el sorpasso. Nos encaminamos entusiasmados tras la senda del PSOC y apuesto a quien quiera que en la próxima legislatura no alcanzamos los 60 escaños. Salvo que surja alguien, socialista de verdad, y con ideas muy claras que lo remedie.
Se buscan candidatos.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gobierno en octubre.

Cuando a la gente le preguntan si piensan votar en las terceras elecciones generales muchos contestan, con ironía, que reservan su voto para las cuartas. Y es que al parecer hemos entrado en un bucle sin aparente solución. Y sin embargo hay una salida fácil. Basta poner las cosas claras y olvidar algunas líneas rojas sin sentido.
Si olvidamos las elecciones gallegas, cuya resolución es fácil, o mayoría absoluta del PP o gobierno alternativo de coalición, y que en todo caso tendrán poca influencia a nivel estatal (salvo resultados que supongan un descalabro de alguno de los partidos de la izquierda) habrá que estar al resultado de las vascas y esperar que pase la moción de confianza de Catalunya.
Primero hay que tener clara una cosa. Es necesario que haya un gobierno, por supuesto, pero depende de que gobierno. Es claro que para la derecha, muchos medios y opinadores, algunos jarrones chinos y varones y varonesas desubicados ideológicamente, el gobierno le corresponde por derecho natural al PP. Y por lo tanto el PSOE tiene la obligación teleológica de abstenerse para que eso ocurra. Y tal vez organizar un homenaje a Rita, Soria, Bárcenas, Rato y demás especímenes da la fauna corrupta del PP.
Pero no es así. No se puede exigir a un partido de izquierdas, al que votaron gentes de izquierda y para hacer políticas de izquierda, que facilite, no un gobierno, una política de derecha. Se dirá que ya empiezo con una línea roja, pero no. Ya en un artículo anterior indiqué en que condiciones sería aceptable la abstención socialista. Que el PP gobernase con una política de izquierdas.
Porque no olvidemos una cosa. Si hipotéticamente el PSOE facilitase con su abstención la investidura de Rajoy, el presidente al día siguiente llamaría, para pactar los presupuestos o cualquier otra medida restrictiva… a sus socios naturales de la derecha vasca y catalana. No haría con los socialistas unos presupuestos o reformas sociales.
Caben pues dos alternativas. Un gobierno de PSOE y Podemos con apoyo de Ciudadanos o el mismo gobierno con apoyo de los nacionalistas. El problema es que ambas alternativas cuentan con líneas rojas.
Ciudadanos tiene que decidir si su único objetivo es un gobierno de derechas, o si apuesta por la regeneración y permite un gobierno de progreso y luego lo apoya o no, con plena libertad, en cada medida concreta. Y Podemos tiene que clarificar porque dice un no tan rotundo al apoyo de la derecha de Ciudadanos y en cambio exige un gobierno con las derechas nacionalistas. De lo que debería de tratarse es de que el programa de gobierno fuese progresista.
En todo caso voy a hacer mi propuesta personal. Tenemos en realidad un puzle de problemas, España, Euskadi y Catalunya, cuya resolución con inteligencia y voluntad puede ser fácil y conjunta. Un pacto, si no de Estado, por el Estado de los principales partidos progresistas y nacionalistas.
En Euskadi, sería un gobierno del PNV, con o sin el PSE pero con su apoyo y la abstención de Podemos. En Catalunya apoyo al Gobern del PSC que lo liberara del chantaje permanente de la CUP. Y en España un gobierno de PSOE y Podemos con el apoyo para la investidura de la antigua Convergencia y ERC.
¿Y las líneas rojas? Los nacionalistas catalanes, especialmente los de la antigua Convergencia, deberían constatar que a la actual situación se llega por el empecinamiento ultranacionalista del PP, y darse la oportunidad de un nuevo encaje en el Estado mediante una amplia reforma constitucional que de cobijo a las aspiraciones de la sociedad catalana.
¿Y los varones, varonesas y jarrones chinos del PSOE? Decía el maestro de Juan Salvador Gaviota que para viajar tan rápido como el pensamiento tienes que empezar por saber que ya has llegado. Pues si queremos que los catalanes sean españoles tenemos que empezar por saber que lo son. Y que por tanto sus aspiraciones y sus Diputados son tan legítimos como los demás. Y estos forman parte, cada uno como uno más, del Parlamento de España. Y por tanto su apoyo es tan legítimo como, por ejemplo, el de Ciudadanos. No estaríamos pues pactando con los independentistas. Estaríamos facilitado su integración en España.
Así se construye la igualdad y, a un tiempo, se solucionan los problemas.
Rafa Castillo.

martes, 6 de septiembre de 2016

El mayor recorte de Mariano Rajoy.

El impase político que vivimos trae su causa en el mayor recorte que ha hecho subrepticiamente el presidente del gobierno durante la anterior legislatura. No se trata de los conocidos recortes en sanidad, en educación, en ayuda a la dependencia, en becas, en personal al servicio de la administración, en acceso a la justicia, en libertades públicas, en justicia universal, en protección social, en derechos laborales… ¡joer! ¿tantas cosas recortó?.
No. Además de todo eso y lo que se me olvida, Mariano Rajoy recortó el Parlamento. No de otro modo puede entenderse que la suma de los diputados de derecha no alcance la mayoría absoluta y los de la izquierda tampoco. Lo lógico es que si dividimos el parlamento en dos bloques, o los dos empatan en justo la mitad de los diputados, o si uno no llega a la mayoría absoluta, el otro la supere.
El recorte en el Parlamento supone la reclusión en un gueto de los diputados nacionalistas, declarados intocables y con los que nadie puede negociar (excepto el PP cuando le interesa, claro). Tradicionalmente los partidos nacionalistas, destacadamente CiU y PNV, pero también en ocasiones ERC o BNG, han servido de apoyo a gobiernos sin mayoría absoluta tanto de la antigua UCD como del PP con Aznar o del PSOE con González y Zapatero, e incluso han reforzado mayorías absolutas.
Pero la actitud prepotente, soberbia, despectiva e insultante de Rajoy desde un ultranacionalismo carpetovetónico ha establecido una brecha insalvable que hace que hoy los diputados nacionalistas no puedan sumar con ninguna de las dos opciones además de poner el grave riesgo la unidad del país.
Por eso no saldremos de este impase si no solucionamos la raíz del problema. La cuestión no está en no pactar con los que “quieren romper España”. La cuestión es dialogar con ellos, dejarles claro que los votos ampliamente mayoritarios del Congreso no permitirán la ruptura, e invitarlos a construir, todos juntos, un nuevo consenso constitucional, al que tanto aportaron en 1978, para definir un Estado en el que todos nos sintamos razonablemente a gusto. Y luego negociar con ellos la formación de un gobierno.
Y si es de centroizquierda, mejor.
Rafa Castillo.

lunes, 18 de julio de 2016

La culpa es del Chachachá!

Al parecer, pase lo que pase, haya gobierno o no, se repitan las elecciones o no, la culpa será en todo caso del PSOE. Estamos en un juego de frivolidades y postureos donde todo el mundo echa la pelota al mismo tejado. Y el caso de Rajoy es paradigmático. No hace ninguna propuesta nueva y espera que le firmen un contrato de adhesión para gobernar como hasta ahora, validando así su nefasta política. Por eso, si yo fuese Pedro Sánchez, daría un paso adelante.
Empezaré diciendo que nunca fui partidario de permitir, por activa, por pasiva o por perifrástica, un gobierno del PP. Solo la noche electoral llegué a pensar que lo mejor era abstenerse en la investidura por la frustración de los resultados, pero pronto se me fue esa idea. Pero tal como están las cosas, y pensando que unas nuevas elecciones podrían empeorar la situación, yo hoy permitiría gobernar a Mariano con mi abstención. Pero con condiciones.
Así, yo hoy haría a Rajoy una propuesta de abstención, e incluso el compromiso de aprobar, o no rechazar, el presupuesto de 2017 con las siguientes condiciones.
La primera, y condición sine qua non, un gesto claro de higiene democrática. La destitución en sus funciones, no me vale ya la dimisión, del Ministro de Interior. Y la expulsión del PP de señalados personajes tocados por la corrupción como Rita Barberá.
Y hecho esto negociaría el compromiso del futuro gobierno con las siguientes medidas, bien sabiendo que un proceso de negociación no implica la consecución del 100%.
Derogación de la reforma laboral, de la de la justicia, de la llamada ley mordaza y de la reforma Wert, entre otras. Estas derogaciones, salvando en su caso aspectos técnicos que se acepten consensuadamente, llevarían la situación de los respectivos sectores a la posición de 2011, punto de partida para analizar las reformas necesarias con amplio consenso.
Que las medidas necesarias para reducir el déficit recaigan sobre las rentas altas y no supongan mayor carga sobre las rentas medias y bajas ni más recortes al bienestar.
Establecer una estrategia de reformas económicas que pasen por la industrialización de nuestro sistema productivo, aumentando significativamente la inversión en I+D+i, y con especial atención a la potenciación de las energías alternativas sostenibles.
Consensuar una reforma fiscal progresiva que garantice la sostenibilidad económica del estado de bienestar reduciendo el peso de tasas y copagos y elevando la contribución de las rentas más altas.
Elevación del SMI y de las pensiones mínimas del 20% en 4 años, adecuándose, su posterior incremento como mínimo a la inflación.
Y echa la propuesta le toca a Rajoy decidir si quiere gobernar o no. El PSOE habría hecho una propuesta de Estado que permitiría un gobierno pero sin traicionar a sus votantes. Luego le correspondería liderar una oposición responsable.
Rafa Castillo.