domingo, 31 de mayo de 2026

El Papa desde el agnosticismo. (2/4) (Francisco y la reforma de la Iglesia: del aparato al Evangelio)

Por recientes, los cambios impulsados por Francisco en la doctrina, la organización y la práctica institucional de la Iglesia son sobradamente conocidos. Su pontificado puede leerse como un intento de desplazar el centro de gravedad del catolicismo: de una Iglesia burocrática y defensiva hacia otra más pastoral, descentralizada y cercana a las periferias humanas.

Uno de sus primeros grandes movimientos fue la reforma de la Curia Romana. En 2022 promulgó la constitución apostólica *Praedicate Evangelium*, con la intención de hacer una Iglesia más misionera y menos burocrática, permitiendo además que laicos —incluidas mujeres— pudieran dirigir dicasterios. La reforma no era simplemente administrativa: cuestionaba una cultura de poder excesivamente clericalizada.

En paralelo, Francisco impulsó una descentralización del poder eclesiástico, promoviendo una mayor autonomía de las conferencias episcopales nacionales y relativizando el tradicional centralismo vaticano. La apuesta por la sinodalidad —palabra clave de su pontificado— buscó transformar la Iglesia en un espacio más deliberativo, menos vertical y más próximo a las comunidades marginadas.

Otra de sus prioridades fue enfrentar el escándalo de la pederastia dentro del clero. En 2019 publicó *Vos estis lux mundi*, endureciendo normas y obligando a obispos y superiores religiosos a actuar frente a denuncias, además de reforzar la protección de denunciantes. Ese mismo proceso condujo a la eliminación del secreto pontificio en casos de abusos y a una inédita cumbre global para afrontar la crisis.

También puso el foco en las históricamente opacas finanzas vaticanas. Impulsó auditorías del Instituto para las Obras de Religión (IOR), reforzó mecanismos de control sobre inversiones y licitaciones y creó en 2014 un Secretariado para la Economía. Como parte de esta depuración, el Vaticano cerró miles de cuentas sospechosas y endureció medidas anticorrupción. La condena del cardenal Angelo Becciu por fraude financiero simbolizó que las reformas podían alcanzar incluso a las más altas esferas de la Santa Sede.

En el ámbito matrimonial, Francisco trató de simplificar los procesos de nulidad mediante los *Motu Proprio* *Mitis Iudex Dominus Iesus* y *Mitis et Misericors Iesus*, defendiendo procesos más rápidos, accesibles y gratuitos. El énfasis pastoral era claro: la Iglesia no debía añadir sufrimiento burocrático al dolor de quienes buscaban esclarecer la validez de su matrimonio.

Su diplomacia también reflejó un cambio de prioridades. Frente al eurocentrismo tradicional, puso el foco en las periferias geopolíticas, visitando regiones olvidadas y defendiendo el multilateralismo, el diálogo interreligioso y la paz. Desde Irak hasta sus esfuerzos diplomáticos entre Cuba y Estados Unidos, Francisco quiso ejercer un liderazgo moral global.

A ello se sumó una intensa defensa de los migrantes y del medio ambiente. En *Laudato Si’* llamó a una “ecología integral”, uniendo justicia social y crisis climática, mientras denunciaba el trato inhumano a refugiados y desplazados en lugares como Lampedusa o Lesbos.

El resultado fue una idea-fuerza que atravesó todo el pontificado: una Iglesia menos obsesionada con preservar estructuras y más comprometida con acompañar vidas. 

Rafa C Reboiro.



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