El esperpento de sobreactuaciones a que nos están habituando los ultranacionalistas Artur Mas y Mariano Rajoy los lleva a adoptar medidas innecesarias o con intenciones ocultas.
Hacía un año que estaban anunciadas las elecciones “plebiscitarias”, pero Rajoy esperó a la inmediatez de la campaña electoral (la de las Generales, por supuesto) para hacer, cara a la galería, una innecesaria reforma de la Ley del Tribunal Constitucional. Innecesaria como demuestra la imputación de Mas y sus consejeras.
No hizo en cambio una reforma que hubiese tenido más calado. Modificar el Código Civil estableciendo, en los términos legales oportunos, que la adquisición de la nacionalidad de un nuevo Estado implica la renuncia a la española. Pero Rajoy, y sus asesores, non dan para más.
El debate de estos días es si el acompañamiento a los imputados que van a declarar es o no una presión a los tribunales. Y yo creo que sí. Pero no, como es opinión mayoritaria, para que no les condenen, sino todo lo contrario. Para que los jueces “resistiendo la presión” condenen al President. Al fin Artur Mas sabe que el proceso no tiene más recorrido, y esto le permite una salida como héroe patrio. Y además, el día del asesinato de Companys. Quien puso la fecha se lució.
El propio Artur Mas colabora a la presión yendo a declarar a la Audiencia en lugar de hacer la declaración desde su despacho, como haría en otras circunstancias. ¿Irá a la Audiencia si tiene que declarar en el caso Pujol o algún otro de corrupción de su partido? Apuesto que no. En esos casos no hará el paseíllo. Pero ahora conviene.
Porque si no hubiese esa presión está claro que el President y sus consellers no serían procesados. Realizado el trámite de declaración el caso se hubiese cerrado. Ni los propios fiscales veían en esto un caso. Fue solo la impresentable presión del gobierno de Rajoy sobre el Fiscal General del Estado la que hizo posible que este caso existiese.
Y es que, cuando hablamos de presionar a la justicia, hay que fijarse bien en todos los que presionan.
Rafa Castillo.
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jueves, 15 de octubre de 2015
martes, 13 de octubre de 2015
El testamento de Rajoy
Ya desde el año 1996 hasta por lo menos el 2000, José María Aznar y su superministro del milagro económico Rodrigo Rato aludían constantemente a la herencia recibida de Felipe González para justificar los recortes que entonces establecieron.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
Toda esta legislatura y aún después de 4 años, Rajoy, Montoro y De Guindos remiten constantemente a la herencia de los gobiernos de Zapatero como causa de la crisis y los recortes. Olvidan, eso sí, que las burbujas inmobiliaria y bancaria fueron originadas en la época de Aznar cuando Álvarez Cascos convirtió todo el país en un solar.
Pero ayer hemos visto al menos una parte de cuál será la herencia que Mariano Rajoy deje a su sucesor. El reiterado incumplimiento del déficit público comprometido que exigirá un nuevo ajuste de unos 10.000 millones de euros. Y a diferencia de los otros legados este ya va incluido en el testamento.
Repasemos. El gobierno prolonga la legislatura para dejar atado al nuevo gobierno con SU presupuesto. Y al final no solo atado sino también con un cabo suelto de la soga para apretar más. Deja hecho el presupuesto, no por interés del país, sino para incluir en él su programa (perdón, no programa, publicidad electoral) con rebajas de impuestos y mejoras para los funcionarios. Y lo deja a sabiendas de que no se puede cumplir. ¿Para qué se hace entonces? Muy fácil. Para que la gente crea que la economía va tan bien que se pueden hacer estos regalos.
Y este gobierno y su partido, que siempre apelan a su responsabilidad, no adoptan la medida que hoy tendrían que adoptar. O modificar el presupuesto en el Senado aplicando las indicaciones de la Comisión Europea, o retirarlo dejando las manos libres al nuevo gobierno para realizar el presupuesto, y en su caso los ajustes, de acuerdo con el mandato electoral que reciba.
¿Por qué no lo hace? Porque este gobierno y su partido sigue considerando (y llamando) estúpidos a los ciudadanos. Aún esta noche desde USA Rajoy decía que no había problema porque su gobierno cumplió siempre los objetivos. Una auténtica mentira. Debería crearse un tipo delictivo para cuando un gobernante miente con tanto descaro.
Y hay que denunciar también aquí la indisimulada injerencia de la Comisión Europea en las elecciones generales. No obligan a hacer nada al gobierno para no interferir, según dicen, pero esto en realidad lo que hace es facilitarle las cosas a su alumno preferido, Mariano Rajoy, para que gane las elecciones. Baste recordar la premura con la que forzaron a Zapatero a adoptar medidas o su actuación en Grecia. ¡Que me cambien esta Europa!
Hagamos ahora un poco de pedagogía electoral. El gobierno vende una rebaja de impuestos (el IRPF). Bien es cierto. Pero, ¿Cómo se aplica? Quien gane de media 1.000€ al mes, tendrá una rebaja de 0,00. Quien gane 2.000, la tendrá de 20€. Quien gane 4.000, ¿la tendrá entonces de 40? No. De 80. El doble del doble. Muy justo.
Y entonces, ¿Qué hacemos? Pues tenemos elecciones y habrá que votar. Y que nadie se engañe. Con diferentes siglas hay dos opciones. Las de siempre, las clásicas, derecha o izquierda.
Optar por la derecha, llámese PP, Ciudadanos, Convergencia… significará más recortes en sanidad, educación o servicios sociales y una subida del IVA de los productos básicos (medicamentos, alimentación…). Optar por la izquierda, PSOE, IU, BNG, ANOVA… debería suponer una reforma fiscal con subida del IRPF a las rentas altas o del IVA a los productos de lujo.
Toca escoger.
Rafa Castillo.
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miércoles, 23 de septiembre de 2015
Hay que repetir las elecciones catalanas.
Ya sé que aún no se celebraron las elecciones, y no escribo este artículo pensando en publicarlo después del 27. Tampoco me he vuelto loco. Pero desde ya estoy convencido de que hay que repetir las elecciones catalanas.
Y baso esa opinión en que, estando seguro de que el 99% de los catalanes saben lo que quieren votar, idéntico porcentaje no sabe lo que vota. Es decir, votarán con el corazón pero totalmente aislados de la razón.
Así como el que no quiere, pero queriendo, Artur Mas convoca unas elecciones autonómicas que no son autonómicas. Que no son oficialmente plebiscitarias pero las considera como tales, pero al mismo tiempo un plebiscito en el que no se cuentan votos sino escaños y en el que una mayoría de un escaño, que no podría cambiar una coma del Estatut, puede derogarlo.
Y, como aquí se trata de que piensen las vísceras, anima a los catalanes a votar la independencia de una Catalunya, que por el hecho de serlo se convertirá en la Arcadia feliz, la nueva jauja del siglo XXI, donde desaparecerá el paro, aumentarán sueldos y pensiones y hasta se acabará, así porque sí, la violencia de género. No nos extrañe que en lo que queda de campaña acabe emulando a Moisés y nos diga que el Ter será de leche y el Llobregat de miel. Pero ni una sombra de problemas para el nuevo estado y sus ciudadanos.
Y por el otro lado tenemos al PP que también convierte en plebiscitarias las elecciones y se oferta como única alternativa para preservar la unidad de España. Pero la costumbre de Rajoy de ponerse de perfil ante los problemas lo llevó a ignorar la situación hasta el último momento y no abrir un debate sosegado sobre las consecuencias de la situación. De modo, que ahora, cuando se hacen análisis serios sobre los problemas, suenan a simples amenazas por llegar tarde y mal. Claro que puede que los populares lo que busquen sea suplir el recurso a ETA de pasadas elecciones por el de la independencia para así garantizarse las elecciones generales en las que ya no se hablará de crisis, paro y pérdida de derechos, sino de la unidad de España.
Y además, todas las razonables advertencias que se hacen acaban de ser echadas por tierra por el ínclito Mariano. El número uno en la carrera de derecho y las oposiciones a registrador se presenta a una entrevista (cuanto mejor le hubiera ido en el plasma) sin saberse la lección, y toda su carrera y su “defensa” de la Constitución no le sirven para saber que nadie puede ser privado de su nacionalidad española de origen. Al final Marianico no tiene plan B. Ni plan A.
Y claro, como a río revuelto ganancia de pescadores, esta metedura de pata garrafal del presidente la aprovechan los independentistas para descalificar toda la argumentación sobre las consecuencias no deseadas de la declaración unilateral de independencia. Y mienten de nuevo.
Porque aunque los catalanes sigan siendo españoles, Catalunya no lo será, ni tampoco será europea. La cuestión es si los catalanes, para seguir siendo españoles tendrán que renunciar a ser catalanes. Si España no reconoce al Estado Catalán, no habrá convenio de doble nacionalidad. Entonces, si un ciudadano adquiere la nacionalidad catalana, ¿debe entenderse que renuncia a la española? Cito solo, sin entrar en su análisis que dejo a más entendidos, el segundo párrafo del artículo 24.1 del Código Civil: La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal no es bastante para producir, conforme a este apartado, la pérdida de la nacionalidad española de origen. Luego, a sensu contrario…
Ahora bien. Los elementos que definen un Estado (que no es lo mismo que una Nación) son el territorio, la población y el poder. Y es posible que el pretendido nuevo estado carezca de uno de sus elementos definidores, la población.
En efecto, la eventualidad de perder la ciudadanía española y el estatus de ciudadano europeo, puede llevar a la mayoría de los catalanes a no solicitar esa nacionalidad. Curiosamente, como españoles residentes en el extranjero podrían votar en las elecciones españolas, pero no en las catalanas. Mantendrían el estatus de ciudadanos europeos que no tiene ningún valor en países no comunitarios, como en este caso Catalunya. Y serían extranjeros en su propio estado.
Al final Catalunya sería un estado poblado por siete millones y medio de extranjeros y tres ciudadanos catalanes. Oriol Junqueras por convencimiento. Artur Mas porque tan desbocado ya no sabe a dónde va. Y Jordi Pujol que se apuntará a ver si con la proclamación del nuevo estado le dan una amnistía.
Rafa Castillo.
Y baso esa opinión en que, estando seguro de que el 99% de los catalanes saben lo que quieren votar, idéntico porcentaje no sabe lo que vota. Es decir, votarán con el corazón pero totalmente aislados de la razón.
Así como el que no quiere, pero queriendo, Artur Mas convoca unas elecciones autonómicas que no son autonómicas. Que no son oficialmente plebiscitarias pero las considera como tales, pero al mismo tiempo un plebiscito en el que no se cuentan votos sino escaños y en el que una mayoría de un escaño, que no podría cambiar una coma del Estatut, puede derogarlo.
Y, como aquí se trata de que piensen las vísceras, anima a los catalanes a votar la independencia de una Catalunya, que por el hecho de serlo se convertirá en la Arcadia feliz, la nueva jauja del siglo XXI, donde desaparecerá el paro, aumentarán sueldos y pensiones y hasta se acabará, así porque sí, la violencia de género. No nos extrañe que en lo que queda de campaña acabe emulando a Moisés y nos diga que el Ter será de leche y el Llobregat de miel. Pero ni una sombra de problemas para el nuevo estado y sus ciudadanos.
Y por el otro lado tenemos al PP que también convierte en plebiscitarias las elecciones y se oferta como única alternativa para preservar la unidad de España. Pero la costumbre de Rajoy de ponerse de perfil ante los problemas lo llevó a ignorar la situación hasta el último momento y no abrir un debate sosegado sobre las consecuencias de la situación. De modo, que ahora, cuando se hacen análisis serios sobre los problemas, suenan a simples amenazas por llegar tarde y mal. Claro que puede que los populares lo que busquen sea suplir el recurso a ETA de pasadas elecciones por el de la independencia para así garantizarse las elecciones generales en las que ya no se hablará de crisis, paro y pérdida de derechos, sino de la unidad de España.
Y además, todas las razonables advertencias que se hacen acaban de ser echadas por tierra por el ínclito Mariano. El número uno en la carrera de derecho y las oposiciones a registrador se presenta a una entrevista (cuanto mejor le hubiera ido en el plasma) sin saberse la lección, y toda su carrera y su “defensa” de la Constitución no le sirven para saber que nadie puede ser privado de su nacionalidad española de origen. Al final Marianico no tiene plan B. Ni plan A.
Y claro, como a río revuelto ganancia de pescadores, esta metedura de pata garrafal del presidente la aprovechan los independentistas para descalificar toda la argumentación sobre las consecuencias no deseadas de la declaración unilateral de independencia. Y mienten de nuevo.
Porque aunque los catalanes sigan siendo españoles, Catalunya no lo será, ni tampoco será europea. La cuestión es si los catalanes, para seguir siendo españoles tendrán que renunciar a ser catalanes. Si España no reconoce al Estado Catalán, no habrá convenio de doble nacionalidad. Entonces, si un ciudadano adquiere la nacionalidad catalana, ¿debe entenderse que renuncia a la española? Cito solo, sin entrar en su análisis que dejo a más entendidos, el segundo párrafo del artículo 24.1 del Código Civil: La adquisición de la nacionalidad de países iberoamericanos, Andorra, Filipinas, Guinea Ecuatorial o Portugal no es bastante para producir, conforme a este apartado, la pérdida de la nacionalidad española de origen. Luego, a sensu contrario…
Ahora bien. Los elementos que definen un Estado (que no es lo mismo que una Nación) son el territorio, la población y el poder. Y es posible que el pretendido nuevo estado carezca de uno de sus elementos definidores, la población.
En efecto, la eventualidad de perder la ciudadanía española y el estatus de ciudadano europeo, puede llevar a la mayoría de los catalanes a no solicitar esa nacionalidad. Curiosamente, como españoles residentes en el extranjero podrían votar en las elecciones españolas, pero no en las catalanas. Mantendrían el estatus de ciudadanos europeos que no tiene ningún valor en países no comunitarios, como en este caso Catalunya. Y serían extranjeros en su propio estado.
Al final Catalunya sería un estado poblado por siete millones y medio de extranjeros y tres ciudadanos catalanes. Oriol Junqueras por convencimiento. Artur Mas porque tan desbocado ya no sabe a dónde va. Y Jordi Pujol que se apuntará a ver si con la proclamación del nuevo estado le dan una amnistía.
Rafa Castillo.
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domingo, 20 de septiembre de 2015
Es esta la mano invisible del mercado?
A veces una noticia te puede hacer pensar: Qué bien! Al fin se toman medidas.
Eso me pasó al ver en la edición digital esta noticia http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2015/09/20/competencia-revela-marcas-coches-amanaron-precios-durante-9-anos/0003_201509G20P41991.htm
Pero luego piensas, le das dos vueltas, analizas y ves que es algo terrible.
Claro. Piensas, estas 21 empresas que ganaron más de lo debido pactando precios durante 9 años van a llevar su merecido. Y van a pagar 171 millones de multa. Y sí, pero no.
Esa multa no devolverá ni un euro l los cinco millones de ciudadanos que compraron un coche en esos años. Pagaron un precio por encima de lo que marca el sacrosanto mercado, pero este no les devolverá nada.
(Permítaseme un inciso. No os da la impresión con estos del liberalismo y el mercado que nos pasa como con las iglesias y religiones? Nos imponen un dogma, pero al final ellos no lo respetan. Los religiosos anatemizan el sexo, pero luego, algunos, ejercen hasta la pederastia. Los gurús económicos reniegan del Estado hasta que necesitan un rescate.)
Volvamos a los coches. Está claro ya que quienes compraron un vehículo por encima del precio del mercado no recuperarán ni un “duro”. Pero al menos tendrán el consuelo moral de que las empresas los beneficiarán con una millonaria multa al erario común. Craso (nunca mejor dicho, craso=rico) error.
Cierto que las empresas pagarán la multa (o no!). Pero que implicará eso? Al final que los próximos 500.000 coches que se vendan serán 342€ más caros. La multa irá a la cuenta de resultados y se aplicará, esta vez sin necesidad de pacto, a los precios del producto.
Y es que manteniendo la cuenta de resultados, los culpables, ejecutivos de empresa y miembros de los consejos de administración, mantendrás sus beneficios, sus primas y sus cláusulas de rescisión. La empresa al final del proceso seguirá teniendo ganancias y retribuirá (no hasta la obscenidad sino hasta la pura pornografía) a los buenos gestores que dan tan buenos beneficios.
Igual que el dolo es un agravante en un robo (común) o un asesinato, ¿cúando legislaremos que el dolo en la gestión de grandes empresas, el enriquecimiento ilícito o el fraude al mercado sea un delito personal de sus causantes?
Rafa Castillo.
Eso me pasó al ver en la edición digital esta noticia http://www.lavozdegalicia.es/noticia/economia/2015/09/20/competencia-revela-marcas-coches-amanaron-precios-durante-9-anos/0003_201509G20P41991.htm
Pero luego piensas, le das dos vueltas, analizas y ves que es algo terrible.
Claro. Piensas, estas 21 empresas que ganaron más de lo debido pactando precios durante 9 años van a llevar su merecido. Y van a pagar 171 millones de multa. Y sí, pero no.
Esa multa no devolverá ni un euro l los cinco millones de ciudadanos que compraron un coche en esos años. Pagaron un precio por encima de lo que marca el sacrosanto mercado, pero este no les devolverá nada.
(Permítaseme un inciso. No os da la impresión con estos del liberalismo y el mercado que nos pasa como con las iglesias y religiones? Nos imponen un dogma, pero al final ellos no lo respetan. Los religiosos anatemizan el sexo, pero luego, algunos, ejercen hasta la pederastia. Los gurús económicos reniegan del Estado hasta que necesitan un rescate.)
Volvamos a los coches. Está claro ya que quienes compraron un vehículo por encima del precio del mercado no recuperarán ni un “duro”. Pero al menos tendrán el consuelo moral de que las empresas los beneficiarán con una millonaria multa al erario común. Craso (nunca mejor dicho, craso=rico) error.
Cierto que las empresas pagarán la multa (o no!). Pero que implicará eso? Al final que los próximos 500.000 coches que se vendan serán 342€ más caros. La multa irá a la cuenta de resultados y se aplicará, esta vez sin necesidad de pacto, a los precios del producto.
Y es que manteniendo la cuenta de resultados, los culpables, ejecutivos de empresa y miembros de los consejos de administración, mantendrás sus beneficios, sus primas y sus cláusulas de rescisión. La empresa al final del proceso seguirá teniendo ganancias y retribuirá (no hasta la obscenidad sino hasta la pura pornografía) a los buenos gestores que dan tan buenos beneficios.
Igual que el dolo es un agravante en un robo (común) o un asesinato, ¿cúando legislaremos que el dolo en la gestión de grandes empresas, el enriquecimiento ilícito o el fraude al mercado sea un delito personal de sus causantes?
Rafa Castillo.
martes, 14 de julio de 2015
Europa, sí. Pero no así.
En 1962 el IV Congreso del Movimiento Europeo (para los franquistas el Contubernio de Múnich) estableció que la integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas. Y desde entonces todos los españoles, y griegos y portugueses, soñábamos con integrarnos en Europa como culminación de la instauración de la democracia en nuestros países.
Esa era la Europa que queríamos y la que avanzó durante más de 30 años en una senda de integración, de progreso y de solidaridad hasta mediados de los 90 con personajes como Mitterrand, Kohl, Felipe y Delors. Pero desde entonces iniciamos una senda recesiva que demuestra, una vez más, que no aprendemos de la historia.
Alemania debería ser la primera que recordase lo que significó al final de la primera guerra mundial el Tratado de Versalles en 1918. Se dice que los alemanes tienen un miedo atávico a la inflación por el efecto que esta tuvo en la caída de la República de Weimar. Pero olvidan que el principal origen del nacismo fue la humillación alemana impuesta en aquel tratado.
En el 321 AC, los samnitas derrotaron a los romanos haciéndoles pasar bajo las Horcas Caudinas. El general samnita desoyó así el sabio consejo de su padre. “desátalos y libéralos, o mátalos a todos”. El anciano explicaba que si dejaban libres a los romanos tras desarmarlos, podrían obtener el respeto y aun la amistad de Roma; aunque si ejecutaban a todos los romanos, entonces Roma sería tan débil que no constituiría una amenaza durante muchos años. Su hijo le preguntó si no existía una alternativa intermedia, a lo que Herenio respondió que sería una completa locura, ya que dejaría a los romanos deseosos de venganza sin haber sido debilitados.
El pasado día 11 los vecinos de A Pobra do Brollón conmemoramos la revuelta Guímara. Efectivamente nuestros antepasados celebraron bajo el árbol de Brollón un referéndum sobre el nuevo impuesto que la Condesa de Lemos, Ángela Merkel, quería imponerles. Los vecinos decidieron, por amplia mayoría, oponerse al nuevo tributo. Pero la superioridad militar del condado se impuso. Y hubo que pagar. Pero, como siempre, los ciudadanos libres se resisten a la humillación. Y obligaron a los recaudadores a agacharse a recoger el tributo bajo las puertas.
¿Cuánto tiempo aguantaremos la humillación los ciudadanos europeos?
Rafa Castillo.
Esa era la Europa que queríamos y la que avanzó durante más de 30 años en una senda de integración, de progreso y de solidaridad hasta mediados de los 90 con personajes como Mitterrand, Kohl, Felipe y Delors. Pero desde entonces iniciamos una senda recesiva que demuestra, una vez más, que no aprendemos de la historia.
Alemania debería ser la primera que recordase lo que significó al final de la primera guerra mundial el Tratado de Versalles en 1918. Se dice que los alemanes tienen un miedo atávico a la inflación por el efecto que esta tuvo en la caída de la República de Weimar. Pero olvidan que el principal origen del nacismo fue la humillación alemana impuesta en aquel tratado.
En el 321 AC, los samnitas derrotaron a los romanos haciéndoles pasar bajo las Horcas Caudinas. El general samnita desoyó así el sabio consejo de su padre. “desátalos y libéralos, o mátalos a todos”. El anciano explicaba que si dejaban libres a los romanos tras desarmarlos, podrían obtener el respeto y aun la amistad de Roma; aunque si ejecutaban a todos los romanos, entonces Roma sería tan débil que no constituiría una amenaza durante muchos años. Su hijo le preguntó si no existía una alternativa intermedia, a lo que Herenio respondió que sería una completa locura, ya que dejaría a los romanos deseosos de venganza sin haber sido debilitados.
El pasado día 11 los vecinos de A Pobra do Brollón conmemoramos la revuelta Guímara. Efectivamente nuestros antepasados celebraron bajo el árbol de Brollón un referéndum sobre el nuevo impuesto que la Condesa de Lemos, Ángela Merkel, quería imponerles. Los vecinos decidieron, por amplia mayoría, oponerse al nuevo tributo. Pero la superioridad militar del condado se impuso. Y hubo que pagar. Pero, como siempre, los ciudadanos libres se resisten a la humillación. Y obligaron a los recaudadores a agacharse a recoger el tributo bajo las puertas.
¿Cuánto tiempo aguantaremos la humillación los ciudadanos europeos?
Rafa Castillo.
jueves, 9 de julio de 2015
Objeción de conciencia.
El Tribunal Constitucional acaba de reconocer la objeción de conciencia de un farmacéutico para no dispensar la conocida como píldora del día después por considerarla abortiva y estar, por tanto, en contra de sus convicciones.
La primera consideración es si la condición de abortiva está al albur de cualquiera o la definen las instituciones sanitarias pertinentes o la Organización Mundial de la Salud. Reduciendo al absurdo, un ferretero podría objetar la venta de cuchillos de cocina por considerarlas armas blancas, o incluso alguien podría denunciar por tráfico de armas a un banco que por abrir una cuenta regala un lote de cuchillos.
Constitucionalizar que la consideración personal de cada uno pueda definir que lo que la OMS considera anticonceptivo es abortivo, nos llevaría a cientos de situaciones imprevisibles que crearían inseguridad entre los usuarios de los servicios.
Por otra parte, el derecho a la objeción de conciencia no puede ser nunca absoluto y prevalecer siempre sobre los derechos de los demás. Se dice que la usuaria a quien se le denegó la dispensación tuvo la opción de acudir a otra farmacia. Y puede que en este caso fuese así. Pero, ¿Qué pasaría si habitase una zona aislada (pongamos una isla pequeña escasamente habitada) donde no hubiese fácil acceso a otra farmacia? ¿O si todas las farmacias de una amplia zona geográfica objetaran? ¿Limita la geografía el derecho de objeción?
Una de las situaciones típicas de la objeción de conciencia fue, en su día, la objeción al servicio militar obligatorio. Pero este derecho tenía una contrapartida que no ponía a quien lo ejercía en una posición mejor que a quien no. Había que hacer una prestación social substitutoria. Pero imaginemos ahora que en el ejército profesional, una persona accede a un puesto de trabajo en él, pero objeta al uso de armas o participar en operaciones militares. Volvemos al absurdo.
Porque, reconociendo el derecho personal a la objeción de conciencia, este debe decaer cuando se ejerce un servicio público o públicamente regulado. Si yo soy médico y no quiero practicar abortos legales, puedo dedicarme a la medicina interna o a la hostelería, pero no copar las plazas de ginecología impidiendo un derecho de los usuarios.
¿Permitiríamos que un testigo de jehová, que objetan contra la transfusión sanguínea, impusiese su criterio moral en un quirófano?
Rafa Castillo.
La primera consideración es si la condición de abortiva está al albur de cualquiera o la definen las instituciones sanitarias pertinentes o la Organización Mundial de la Salud. Reduciendo al absurdo, un ferretero podría objetar la venta de cuchillos de cocina por considerarlas armas blancas, o incluso alguien podría denunciar por tráfico de armas a un banco que por abrir una cuenta regala un lote de cuchillos.
Constitucionalizar que la consideración personal de cada uno pueda definir que lo que la OMS considera anticonceptivo es abortivo, nos llevaría a cientos de situaciones imprevisibles que crearían inseguridad entre los usuarios de los servicios.
Por otra parte, el derecho a la objeción de conciencia no puede ser nunca absoluto y prevalecer siempre sobre los derechos de los demás. Se dice que la usuaria a quien se le denegó la dispensación tuvo la opción de acudir a otra farmacia. Y puede que en este caso fuese así. Pero, ¿Qué pasaría si habitase una zona aislada (pongamos una isla pequeña escasamente habitada) donde no hubiese fácil acceso a otra farmacia? ¿O si todas las farmacias de una amplia zona geográfica objetaran? ¿Limita la geografía el derecho de objeción?
Una de las situaciones típicas de la objeción de conciencia fue, en su día, la objeción al servicio militar obligatorio. Pero este derecho tenía una contrapartida que no ponía a quien lo ejercía en una posición mejor que a quien no. Había que hacer una prestación social substitutoria. Pero imaginemos ahora que en el ejército profesional, una persona accede a un puesto de trabajo en él, pero objeta al uso de armas o participar en operaciones militares. Volvemos al absurdo.
Porque, reconociendo el derecho personal a la objeción de conciencia, este debe decaer cuando se ejerce un servicio público o públicamente regulado. Si yo soy médico y no quiero practicar abortos legales, puedo dedicarme a la medicina interna o a la hostelería, pero no copar las plazas de ginecología impidiendo un derecho de los usuarios.
¿Permitiríamos que un testigo de jehová, que objetan contra la transfusión sanguínea, impusiese su criterio moral en un quirófano?
Rafa Castillo.
miércoles, 1 de julio de 2015
Los referéndums los carga el diablo.
Ya fue un debate cuando se restauró la democracia en España. No en vano la Ley del Referéndum Nacional era una de las seis Leyes Fundamentales (pseudoconstitución) del Movimiento Nacional. Y que recuerde Franco la utilizó dos veces, con un éxito tan sonado que en España había más franquistas que habitantes. Pero es indudable que, descontando el probable pucherazo, una amplísima mayoría de ciudadanos participaba y votaba a favor.
La institución del referéndum se dota siempre de un indudable carácter plebiscitario, y por tanto maniqueo. Buenos y malos, o conmigo o contra mí. Por eso es habitual que las dictaduras y los populismos intermedios entre dictadura y democracia los utilicen. El ciudadano vota normalmente no con la cabeza sino con el corazón, movido por emociones y no por la razón.
Ello no quiere decir que no tenga madurez para votar. Nada más lejos de mi voluntad que poner en duda la democracia y todos sus instrumentos. Pero el mundo de hoy es muy complejo y es difícil encontrar problemas cuya solución sea tan fácil como un sí o un no. E igual que me asustan los políticos predecibles como Rajoy, aquellos que ya saben la solución antes de que se plantee el problema, y prefiero a los que piensan, reflexionan, consultan y luego resuelven, tampoco me considero capacitado, y como yo la mayoría de ciudadanos, para saber siempre que es lo mejor.
Yo creo que las democracias occidentales, totalmente perfectibles y necesitadas de regeneración, nos dan, sin embargo, la mejor solución. Cuando votamos a un partido político votamos por un sentimiento que representa, pero también a una trayectoria, una historia, un ideario, un programa y unas propuestas. Y a unas personas visibles en las que depositamos nuestra confianza en que actúen en nuestro nombre siguiendo aquellos condicionantes. Puede fallar, pero es corregible. Por eso las elecciones son periódicas.
Y es que además la política hace extraños compañeros de cama, o, dicho de otro modo, hace a extraños, compañeros de cama. La situación que vivimos trae en parte su origen en el Referéndum en Francia sobre el proyecto de Constitución Europea. Y en aquel Referéndum votaron el contra tantos los ultranacionalistas de Le Pen, que no querían Europa, como elementos de la izquierda que querían más Europa. Y al final, no hubo Europa. No cabe duda que un debate y negociación en la Asamblea Nacional Francesa hubiese propiciado un acuerdo entre los partidarios de la Constitución y los de mayor integración.
Y ahora tenemos el Referéndum griego. Y, reconociendo que los griegos tienen el mismo derecho que tuvieron los franceses a decidir su futuro, me asusta ver en el mismo bando de Syriza a los fascistas de Amanecer Dorado. Otra vez un extraño en mi cama. Y luego hay que ver como se gestiona con ellos ese resultado.
Ocurre además que Grecia, como antes Francia, no lo olvidemos, va a decidir en su Referéndum el futuro de todos. Como pretende hacerlo también Cameron en el reino Unido.
Entonces, después de ver la troica, las instituciones, los bancos, algunos gobiernos egoístas y pueblos que deciden unilateralmente el destino de todos, mi pregunta es: ¿Alguien sabe donde está el Parlamento Europeo? ¿Y por qué no un Referéndum de todos los ciudadanos europeos en circunscripción única sin territorializar los resultados sobre la Europa que queremos construir?
Y por supuesto. En el Referéndum griego votaré (si pudiese) NO.
Rafa Castillo.
La institución del referéndum se dota siempre de un indudable carácter plebiscitario, y por tanto maniqueo. Buenos y malos, o conmigo o contra mí. Por eso es habitual que las dictaduras y los populismos intermedios entre dictadura y democracia los utilicen. El ciudadano vota normalmente no con la cabeza sino con el corazón, movido por emociones y no por la razón.
Ello no quiere decir que no tenga madurez para votar. Nada más lejos de mi voluntad que poner en duda la democracia y todos sus instrumentos. Pero el mundo de hoy es muy complejo y es difícil encontrar problemas cuya solución sea tan fácil como un sí o un no. E igual que me asustan los políticos predecibles como Rajoy, aquellos que ya saben la solución antes de que se plantee el problema, y prefiero a los que piensan, reflexionan, consultan y luego resuelven, tampoco me considero capacitado, y como yo la mayoría de ciudadanos, para saber siempre que es lo mejor.
Yo creo que las democracias occidentales, totalmente perfectibles y necesitadas de regeneración, nos dan, sin embargo, la mejor solución. Cuando votamos a un partido político votamos por un sentimiento que representa, pero también a una trayectoria, una historia, un ideario, un programa y unas propuestas. Y a unas personas visibles en las que depositamos nuestra confianza en que actúen en nuestro nombre siguiendo aquellos condicionantes. Puede fallar, pero es corregible. Por eso las elecciones son periódicas.
Y es que además la política hace extraños compañeros de cama, o, dicho de otro modo, hace a extraños, compañeros de cama. La situación que vivimos trae en parte su origen en el Referéndum en Francia sobre el proyecto de Constitución Europea. Y en aquel Referéndum votaron el contra tantos los ultranacionalistas de Le Pen, que no querían Europa, como elementos de la izquierda que querían más Europa. Y al final, no hubo Europa. No cabe duda que un debate y negociación en la Asamblea Nacional Francesa hubiese propiciado un acuerdo entre los partidarios de la Constitución y los de mayor integración.
Y ahora tenemos el Referéndum griego. Y, reconociendo que los griegos tienen el mismo derecho que tuvieron los franceses a decidir su futuro, me asusta ver en el mismo bando de Syriza a los fascistas de Amanecer Dorado. Otra vez un extraño en mi cama. Y luego hay que ver como se gestiona con ellos ese resultado.
Ocurre además que Grecia, como antes Francia, no lo olvidemos, va a decidir en su Referéndum el futuro de todos. Como pretende hacerlo también Cameron en el reino Unido.
Entonces, después de ver la troica, las instituciones, los bancos, algunos gobiernos egoístas y pueblos que deciden unilateralmente el destino de todos, mi pregunta es: ¿Alguien sabe donde está el Parlamento Europeo? ¿Y por qué no un Referéndum de todos los ciudadanos europeos en circunscripción única sin territorializar los resultados sobre la Europa que queremos construir?
Y por supuesto. En el Referéndum griego votaré (si pudiese) NO.
Rafa Castillo.
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